El jaleo de Mercadal el 20 de julio.
16/08/2026 - 21:01 h.
Catedrático de economía de la UPF
4 min

En el último artículo en ARA me centré en los aspectos sociológicos del turismo. Quisiera, en este segundo, analizar algunos elementos que rodean el sector y que marcan su evolución en las Islas. Con la irrupción del turismo, en sus momentos iniciales (parcelaciones, edificaciones, venta de plazas a turoperadores), las actividades tradicionales de las Baleares perdieron fuerza. No sabemos qué hubiera pasado sin el turismo, pero sí que sabemos que, desde el punto de vista emprendedor, esta nueva actividad acabó engullendo las otras, siendo como era mucho más sencilla que la industrial tradicional. Sin duda, para quienes tenían excedentes para gastar, la alternativa empresarial en favor de promociones turísticas y actividades asociadas fue muy golosa.A partir de aquí tenemos empresarios enriquecidos en transacciones inmobiliarias (comprar para volver a vender) y otros que han hecho industria de la oferta turística (ciclo productivo, con creación de infraestructuras y empleo). Sin regulación, todos quieren, todavía hoy, más: más suelo urbanizable, más plazas hoteleras, más licencias de ba5824317res y restaurantes. Algunos piensan que la existencia de más visitantes da más posibilidades de que se llenen nuevas plazas o terrazas de restaurantes. Pero es una realidad que cada vez hacen falta más visitantes para alcanzar negocio, ya que una parte creciente se escapa de esta oferta legal y de consumos previstos (dónde duermen, dónde comen, dónde gastan). Y, claro, cuando se abre el grifo no podemos separar después por tipos de aguas. Pensar que nuestras botas están más llenas poniéndoles agua no solo sirve para autoengañarse, sino que también acaba estropeando el buen vino inicial.El empresario hostelero industrial, pulcro con su oferta y respetuoso con su entorno, ya se cuidará de integrar consumos y preservar marca. Todo lo que le hemos de pedir es que no espere que el negocio le funcione sobre la base del volumen, subvencionado por el Estado y con manga ancha de las administraciones. Tal como he comentado en otros artículos, el sector recibe ayudas múltiples y diversas (fiscalidad baja, costes incompletos, precio del agua, regulación laboral bastante laxa) porque al Estado le va bien que incrementemos estancias (queremos decir divisas) al precio que sea, si es necesario subsidiando costes para mantener demanda a precios bajos. El buen empresario sabe, sin embargo, que todo esto no puede tener futuro.Todo isleño llega a pensar que de una manera u otra vive gracias al turismo. En algunos casos directamente por el trabajo que tiene, y en otros por los servicios auxiliares que la demanda externa infla durante unos meses. Deshacer esta telaraña es hoy muy difícil. Por eso siempre conviene hacer énfasis en que la alternativa factible no es hacer más de lo mismo, sino mejorar el turismo que ya tenemos; no hacer la telaraña más extensa, más fina y con más riesgo de que un vendaval se lo lleve todo. Pero los mismos trabajadores del sector deben tener claro que, para asegurar sus puestos de trabajo, la solución no es crecer más con una ocupación que no tenemos y que debemos buscar fuera. Los empresarios hace años que se quejan de que les faltan trabajadores: carpinteros, mecánicos, fontaneros, ingenieros técnicos, mano de obra mínimamente formada. Pero a estas alturas debería ser evidente para todos que, en el pasado, todo el aumento de población recién llegada se lo ha comido la hostelería, que pide menos capacitación, con tareas de trabajadores "fijos discontinuos" que no permiten la estabilización y la integración profesional deseable. Y cada año seguimos igual. ¡Esta no es una cuestión de inmigrantes sí o no, sino de enderezar la formación profesional propia de una vez!Optar porque venga más gente es tan fácil como erróneo, y, después, complejo socialmente de gestionar. Por ejemplo, en cuanto a Menorca, como no somos "provincia", el INE no dice cuántos residentes de la isla son nacidos en la isla, pero en determinadas franjas de población quizás ya no llegamos a la mitad. No está nada claro cómo mantendremos la lengua y la cultura del país, la cohesión social y el compromiso con el patrimonio heredado.Atención, finalmente, cuando se plantean soluciones de ecosistema: como que todo acaba dependiendo de todo, suele ser una gran excusa para no hacer nada (¿quizás no se sabe por dónde empezar?). Atentos cuando la receta es la necesidad de un "cambio cultural", una reforma "institucional", la espera de "consenso político", la modificación de las "estructuras del capitalismo", o de extender y alcanzar más "conciencia social"... Todo siendo factores correctos, pensar de esta manera no resuelve qué hacemos mientras tanto. Cansa que algunos nos quieran tomar el pelo con nuevos estudios, iniciativas de futuro y ocurrencias varias. Mientras tanto, las Baleares son el lugar con más problemas de acceso a la vivienda, con costes de la vida más elevados, con síntomas claros de recursos que se están agotando... Y a 30 de junio era la comunidad autónoma que más visitantes había aumentado y más ocupación había creado. Pero con lo que está pasando, de renta familiar bruta disponible, en términos reales de capacidad de compra, ¡no dicen ni mu!

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