Un día de estos, charlando con unos astros, todos estuvieron de acuerdo en que este eclipse en Cataluña ha sido único. Ellos saben de lo que hablan: son profesionales de meterse uno en medio del otro. Siempre quieren pasar delante… Pero lo que sorprendió a la familia celestial (estrellas, planetas, asteroides, satélites, cometas) es que este eclipse solo se pudiera ver “en el territorio”. Un fenómeno más terrenal que astronómico.
Con el eclipse, Barcelona, por primera vez desde la conquista de Alaor, dejó de existir. No se vio ni la ciudad, ni eso que llaman área metropolitana de Barcelona, ni tampoco el distrito 11 de Barcelona, Gerona. Barcelona al cubo, al infinito espacial, se oscureció. El eclipse se ve que no pasó por esa Barcelona talla XXXLLL. Curioso, ¿verdad? Pero todo pasa donde se quiere que pase, cuando se quiere y porque se quiere.
El eclipse solo se vio en el Ebro, el Campo de Tarragona y Poniente. Vino todo el mundo, el universo, todo quisqui, todo Cristo, Dios y su madre… Bueno, si pudieron. Muchas criaturas descubrieron de golpe que cercanías es lejanías, o el país de nunca jamás, y Peter Pan ya hace años que come carne de Cobi a la brasa para vivir. Los que quisieron venir con ruedas también se quedaron deslumbrados, porque eso que llaman carreteras son congeladores de vidas mal jugadas que no van a ninguna parte. Los que pudieron llegar se quedaron embelesados de cómo en la naturaleza brotaban todo tipo de estructuras de PVC, plexiglás, polietileno, artificiales como vallas, asientos, carpas para que ellos pudieran ver “en el territorio” lo que no se podía ver en la Barcelona DF (Distrito Jodido). Y los amantes de la cardiología antropológica bailaron ritmos sincopados cegados al vislumbrar que allí, en aquellos lugares, caminos, colinas, lomas, sierras, motosierras…. vivían otros seres humanos. Por lo tanto el eclipse fue luz, luz, luz. Bola de cristal, tarot, lectura de manos… ¡Astrología!
El futuro está aquí y es el planeta “territorio”. Hacia aquí todo irá a parar y se desviará. El eclipse es un ensayo, un laboratorio, una pizarra. La Barcelona cabezona, la Barcelona araña, la Barcelona lavadora, ya no puede más. No se trata ya de carne de personas, esto también es una cuestión moral, de valores. No es solo físico, material, es también espiritual, energético. Demasiada mala leche y poca risa. La tripa está vacía. El cuerpo desnerido. Y la cabeza tiende a liliputiense. Ha comenzado la era de la trashumancia, el trasvase, la transmigración de cuerpos y almas. El eclipse es poner cara a cara la Cataluña Vieja y la Cataluña Nueva. Una moribunda, la otra aún se mueve.
Barcelona, como animal herido, peligrosísimo, lo dará todo para transformar Cataluña en Barcelona. Transfusión de sangre contaminada. Una Cataluña macrocefálica, arácnida, una máquina de lavar memorias, tierras, personas. Barcelona ya no recordará Cataluña; Cataluña ya no recordará Barcelona. Sin pasado, sin futuro. Sin libertad. El nacimiento de un nuevo ser orgánico al estilo Frankenstein. Un solo cuerpo hecho de trozos, pedazos, fragmentos de millones de criaturas. Amorfo, desfigurado, herido, dolorido. Una Cataluña prótesis-chip-lobotomía grande y libre. Una dictadura, una ocupación. Canibalismo. No quedará nada, pero todos seremos “territorio”. Aplanados, uniformizados, cementados… Pero antes se tendrá que ver: quién eclipsa a quién. Porque como se vio el otro día, muchos no están acostumbrados a los fenómenos de (y a) la naturaleza. Y la lucha y los bandos son estos.