Enfrentar a pequeños propietarios e inquilinos

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Pedro Sánchez, Carlos Cuerpo y Yolanda Díaz en un pleno del Congreso de los Diputados de este mes.
28/09/2026 - 19:43 h
Periodista
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Los años que viví en los Estados Unidos comprobé de primera mano el malestar vital que significa para mucha gente no disponer de una cobertura sanitaria pública como tenemos en Europa o en el mismo Canadá. Incluso contando con una póliza de salud ligada a la nómina, el miedo de muchos trabajadores es que, si viene un cáncer o un accidente grave o se mueren, se arruinen, ellos o los suyos, porque las mutuas no siempre juegan limpio con la letra pequeña. Nuestro malestar por la vivienda se parece cada vez más al malestar de los norteamericanos por la salud.

En el 15-M de 2011 había una plataforma de afectados por la hipoteca. Ahora los afectados ya no aspiran a ser propietarios y son inquilinos. Todos tenemos familia, amigos o compañeros de trabajo que han tenido que marcharse del barrio o de la ciudad porque ya no se pueden permitir vivir allí. Son personas de todas las edades y con ingresos que no habrías dicho nunca que tendrían este problema. Por no hablar de los jóvenes que ni siquiera han tenido la oportunidad de alquilar nada para ellos solos y tienen que vivir en casa de los padres.

Ante este drama, que cae en cascada sobre la salud física y mental de la sociedad o sobre el índice de natalidad, hay miles de personas que, ahorrando y jugando según las reglas, se compraron un piso con la idea de complementarse la pensión o dejárselo a los hijos. Enfrentar a estos dos colectivos es una muy mala idea. Son la misma gente. No distinguir a grandes tenedores y fondos buitre de pequeños tenedores nos aboca a un todo o nada del cual no puede salir ni un acuerdo que pare el golpe, que más no será. Porque por desgracia, a falta de políticas públicas de vivienda, todo lo que estamos teniendo en estas horas es un “sálvese quien pueda”, con la calculadora electoral a punto.

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