El peinado más triste
A la noticia de ARA sobre la empresa de las dos hijas de José Luis Rodríguez Zapatero, que recibió más de un millón de euros de las empresas investigadas por el juez, vemos la fotografía de una de ellas saliendo de esta empresa.
Solo las vimos una vez, cuando eran menores de edad. Fueron fotografiadas con sus padres y el matrimonio Obama por el fotógrafo oficial de la Casa Blanca. Durante una hora y media la foto estuvo en la web de la Casa Blanca, hasta que la retiraron. Las chicas iban vestidas de góticas, con túnicas negras y botas militares. Se habló mucho de ello y se hizo tanta burla (burla adulta, contra el padre) que les debió llegar. Tú eres una jovencita y vas de gótica o de perra o de princesa o estás demasiado delgada o demasiado gorda o tienes granos y vas tirando y asistes estupefacta al crecimiento torpe de tu cuerpo y de tu mente, hasta que todo se pone en su sitio. Pero una foto de estas te mata. Te hace sentir ridícula y fea. La sensación de desasosiego la tengo también con las hijas de los reyes de España.
Me miro a la que fue una de las dos chicas góticas. Va vestida de negro y lleva gafas oscuras, pero esta vez la ropa es lo primero que ha encontrado. El pelo lo explica todo de ella. Se lo ha recogido parcialmente, hacia atrás, pero sin ni mirar. ¿Por qué mirar? La raya del costado izquierdo que le vemos a consecuencia de la triste cola es torcida, hace una ziga-zaga, como si la hubiera hecho una niña sin madre. La dejadez del pelo de esta chica —una dejadez mórbida, tan despreocupada— viene de la foto gótica y nos muestra a una persona que parece muy infeliz. Siempre me sorprendía, al revés, la madre de Madeleine McCann ante la prensa. “¿Cómo se ha podido hacer esta colita tan graciosa si ha perdido a la hija?”, me preguntaba. ¿Qué hay de doloroso dentro de una mujer que se ha hecho la cola como la hija de Zapatero?