Sí, estamos perdiendo comba

La Cámara de Comercio acaba de publicar una nota que cuestiona un aspecto fundamental del Informe Fénix. Para simplificar, el informe dice que la economía catalana tiene un problema de productividad que la hace insostenible, y que la causa principal es una: el crecimiento desmesurado de unos pocos sectores exportadores poco productivos que pueden crecer gracias a la incorporación masiva de mano de obra remunerada con salarios bajos. En cambio, el documento de la Cámara concluye que el problema de productividad –del cual nadie duda– no estaría concentrado en esta clase de sectores, sino que sería generalizado en toda la economía catalana. Por su parte, Enric Fernández, economista jefe de CaixaBank, se apuntaba desde un artículo en el ARA en que afirmaba que “los datos […] confirman [que] el problema de productividad es transversal”.El primer problema con esta conclusión es que es equivocada. El segundo es aún más grave, y es que lleva a la inacción. Para entendernos: el debate es si la enfermedad tiene una causa localizada que permite una intervención focalizada o si el mal es difuso y, por lo tanto, lo que el enfermo necesita es reposo y buenos alimentos.¿Por qué la conclusión es falsa? La Cámara la basa en el análisis de la productividad de los diferentes sectores de la economía catalana. A falta de mejores datos, considera los diez macrosectores que proporciona Eurostat. Es un camino que los autores del Informe Fénix emprendimos y que no nos llevó muy lejos. Para que el lector se haga cargo del problema, los diez macrosectores son tan diversos que no tiene sentido comparar sus productividades (aparentemente, ¡la de las actividades inmobiliarias sería cinco veces superior a la de la industria!). Para colmo, el turismo no es ninguno de estos diez sectores. La Cámara lo identifica sistemáticamente con el sector “Comercio al por mayor y al por menor, transporte, hostelería y actividades de comida y bebida”. Se trata de una identificación arriesgadísima, ya que este sector es cinco veces más grande que el turismo (por ejemplo, solo el 8% del comercio al por menor se dirige al turismo).Un enfoque más fértil debe partir del hecho de que la productividad de una economía está determinada por la de sus actividades exportadoras, aunque estas solo representen una fracción relativamente modesta del total. Puede parecer paradójico, pero este hecho es el que explica por qué a pesar de que los cuartetos de cuerda, los trabajadores de McDonald’s, las camareras de piso y los bomberos aeroportuarios hacen en todas partes exactamente lo mismo de la misma manera, resultan mucho más productivos en Suiza que en Cataluña (y, por tanto, allí cobran mucho más).Partiendo de este punto, la productividad de Cataluña está determinada por la de su manufactura y la de su turismo, ya que esto es fundamentalmente lo que exportamos.

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Pues bien, la productividad de la industria catalana no solo es el doble que la de nuestro turismo, sino que, desde el 2000, ha recortado distancias respecto a las industrias alemana y francesa (de las cuales, lamentablemente, todavía está lejos). Se deduce que si nos hemos rezagado respecto a la productividad global de Alemania y no hemos recortado distancias respecto a la francesa debe ser porque el turismo ha crecido demasiado rápidamente; sobre todo, mucho más rápidamente que la industria.Aún resulta más contundente la comparación con el País Vasco. Desde el 2000 la productividad de la economía catalana ha ido distanciándose de la vasca, que partía de un nivel más alto; en cambio, la productividad de la industria catalana era un 15% inferior a la vasca y ahora es un 3% superior, y este sorpasso se ha producido en un contexto en que la producción industrial vasca ha caído más deprisa que la catalana. Se deduce que si Cataluña está perdiendo fuelle respecto al País Vasco no es por un problema generalizado, ya que en industria –que es el corazón de la economía vasca y la pieza más importante de la nuestra– lo estamos haciendo mejor que ellos.Lo peor de equivocarse en el diagnóstico es que lleva a una terapia inoperante. Si concluimos que el problema de productividad es general, la receta debe ser dispersa: reducir la presión fiscal, mejorar las infraestructuras, mejorar la calidad institucional, aumentar el esfuerzo en I+D+i, reducir el absentismo, etc. Se trata de un conjunto de prescripciones con las cuales no se puede estar en desacuerdo, pero que no van a la raíz del problema y que comprometen, a la hora de la verdad, a muy poco.Los hechos, pues, confirman el diagnóstico del Informe Fénix y su terapia: la prioridad debe ser frenar el crecimiento de los sectores de baja productividad, y muy concretamente el turismo, que es el más importante. ¿Que los vascos hacen un esfuerzo mayor en I+D, tienen mejor calidad institucional y menor presión fiscal? Sin duda, pero si esta fuera la clave, nuestra industria no habría podido avanzar la suya.