Encallados, a pesar de los ultimátums

Las negociaciones para formar gobierno continúan encalladas a pesar de las presiones de ERC a Junts para acelerar el acuerdo. Este sábado venció el plazo que, en una entrevista al ARA, el candidato a la investidura, Pere Aragonès, puso antes de que ERC planteara "vías alternativas" a Junts, como por ejemplo la de un gobierno en solitario. Recordemos que quien puso esta posibilidad sobre la mesa fue el secretario general de Junts, Jordi Sànchez, y no los republicanos. Pero el caso es que ERC, a pesar de poner fechas límite en un intento de desencallar la negociación, tampoco se atreve a jugar esta carta con claridad.

La portavoz de los republicanos, Marta Vilalta, justificó ayer que las dos reuniones en Lledoners de la semana pasada suponen un "punto de inflexión" en la negociación, y que por lo tanto no hay motivo para plantearse ninguna otra opción que no sea un pacto con Junts. Aun así, Vilalta no aclaró en qué consistía este "punto de inflexión", y desde Junts directamente se negó que existiera. Sí que es cierto que la reunión de las cúpulas de los dos partidos significa que se ha llegado al punto culminante de las conversaciones (no hubo antes del primer debate de investidura), y que nos acercamos al momento del caja o faja. Visto desde fuera, sin embargo, desde una sociedad básicamente pendiente de la pandemia y de cómo se aprovecharán los fondos europeos para reconstruir la economía, el ritmo de las negociaciones es desesperadamente lento. Es como si la política tuviera un tiempo diferente al del resto del mundo, como si vivieran en universos paralelos, sin tocarse.

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Esta es, por sí misma, una mala noticia. Hasta ahora la música que suena es que llegarán a un acuerdo porque "no tienen otro remedio". Pero la realidad es que hasta ahora no se ha visto ningún gesto facilitador del acuerdo, ningún gesto capaz de dar un empujón definitivo a la negociación. Los dos se mantienen firmes en su posición, a la espera de que sea el otro el que ceda. Seguramente los dos consideran que tienen las mejores cartas en esta partida de póquer, y esto es muy peligroso, porque puede acabar provocando un accidente en forma de repetición electoral.

Hoy quedan exactamente tres semanas para que se cumpla el límite legal antes de la convocatoria automática de elecciones. Acostumbrados estos últimos años a las negociaciones agónicas, quizás lo más razonable es pensar que el acuerdo llegará a última hora, in extremis, pero llegará. Pero lo que resulta lamentable es que se intente aprovechar la negociación no para obtener el mejor acuerdo, sino como parte de una estrategia política para desgastar al adversario, para preparar el terreno para la próxima disputa electoral, para repartirse las áreas de influencia como quien se prepara para una partida de Risk.

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No es esto. El país necesita un gobierno sólido y con liderazgo (y este le corresponde ahora, por resultados electorales, a Pere Aragonés), que pueda afrontar los retos políticos y económicos sin tener que estar mirando a su socio de reojo. Este gobierno tiene que pensar en grande, hablar de tú a tú con el gobierno español y con las instituciones europeas. Tiene que ser un gobierno, en definitiva, y no una olla de grillos.