Planes de igualdad que no lo son
Imaginemos que una universidad pide a los estudiantes que entreguen un trabajo escrito sobre la lectura de un libro. Muchos lo entregan. Pocos lo han leído. Todos superan la asignatura. El sistema funciona, dirían algunos. Yo diría que el sistema hace ver que funciona, que no es lo mismo. Algo similar ocurre con los planes de igualdad de género que Horizon Europe (el programa 2021-2027 de financiación de investigación de la Comisión Europea) exige a los centros de investigación y a las universidades como condición para acceder a la financiación europea.Por primera vez en la historia de los programas marco de investigación europeos, tener un plan de igualdad en vigor es un requisito. Para este plan, la Comisión fijó 4 elementos obligatorios: un documento público firmado por la dirección, dedicarle recursos, datos desagregados por sexo y género y formación para el personal. Y, en paralelo, recomendaba abordar 5 áreas: la conciliación, la equidad en el liderazgo, la igualdad en la contratación y la carrera profesional, la integración de la perspectiva de género en la investigación y en la docencia, y medidas contra la violencia de género. Sobre el papel, es una palanca de cambio estructural. Sobre el papel.El problema es que la exigencia ha creado, en algunos contextos, un cumplimiento solo formal. Organismos que redactan el documento a correprisa. Planes que nadie ha consultado con el personal ni con los estudiantes. Compromisos sin plazos, formaciones a las cuales solo asisten los convencidos. La letra de la normativa, completa. El espíritu, ausente. Y la Comisión lo sabe: ha anunciado ajustes ya para este año (sin esperar al nuevo programa marco) para comprobar el cumplimiento real.Está muy claro que estamos hablando de cultura institucional. Y cambiar la cultura de una institución requiere que el liderazgo la asuma como una prioridad real, no como una obligación externa. Supone que todo el personal, desde el más novel hasta los cargos directivos, entienda por qué la igualdad mejora la calidad de la ciencia. La investigación ha mostrado reiteradamente que la diversidad en los equipos produce ciencia más sólida, se hacen preguntas más interesantes y se detectan sesgos que los equipos homogéneos no ven. Cuando un ensayo clínico no estratifica por sexo, o cuando un algoritmo se entrena con datos que sobrerrepresentan un perfil, los resultados son, en el mejor de los casos, incompletos. En el peor, perjudiciales.Volvemos a los estudiantes y su trabajo. La diferencia entre entregar el trabajo y leer el libro es que, si no lo has leído, no te ha podido cambiar nada. Las universidades y centros de investigación que quieran competir en el espacio europeo no solo deben tener el plan de igualdad firmado; deben poder demostrar que sus políticas funcionan, que los datos mejoran, que la cultura cambia. No un documento guardado en la web institucional, sino una organización que haya cambiado por dentro. Y esto no se obtiene firmando un papel. Un papel no hace la primavera. Pero una institución que de verdad lo cumpla, sí.