Políticos contra la política
Tras su desalentadora comparecencia ante la comisión del Congreso por la dana de la Comunidad Valenciana, el sublíder del Partido Popular, Feijóo, se quejó de que los grupos de la izquierda habían "politizado" su comparecencia. Tratándose de la comparecencia de un político frente a una comisión formada por políticos para responder de la gestión de una catástrofe que marca la agenda política desde hace un año y tres meses, parece bastante lógico que la cosa estuviera "politizada". En paralelo, el secretario general del PP en Catalunya, Santi Rodríguez, anunció el lunes un cambio de parecer: su partido no participará en la manifestación del sábado convocada por la Red de Plataformas de Usuarios de Trenes en Catalunya en protesta contra la situación en Cercanías (otra catástrofe, de otro tipo), por la Cultural. Siempre pueden ir a la del ANC, dado que el independentismo catalán ha alcanzado tal punto de solemnidad y de patriotismo que ya no es capaz ni de convocar conjuntamente una manifestación por el funcionamiento de un servicio público.
Este tópico sobre la supuesta "politización" de hechos que tienen un evidente contenido político es propia de un cierto tipo –valga la redundancia– de políticos: los populistas. O los más populistas, si partimos de la evidencia de que la gran mayoría de políticos muestran un sesgo populista más o menos marcado en algún momento. Pero quienes son más populistas, juegan a este juego perverso que últimamente ha abrazado también al PP, por imitación de Vox (y, antes, de Ciudadanos): hacer ver que se apuntan al descrédito de la política para presentarse como unas personas que "no hacen política", sino que se preocupan "por los problemas reales de la gente",. Y no unos políticos cualesquiera, sino dirigentes de lo que sigue siendo el partido más importante del sistema político español, un partido de gobierno con aspiraciones de gobierno.
El truco del político que quiere hacer ver que no hace política lo utiliza también Trump, medida de las derechas mundiales, incluso desde un cargo como la presidencia de EEUU. Pero en cada país adquiere especificidades locales. Durante su comparecencia, Feijóo protagonizó distintos momentos que causaban vergüenza ajena, sobre todo por la absoluta falta de respeto que mostró tanto a las víctimas de la dana como a la inteligencia de los ciudadanos. Sin embargo, hubo uno de esos momentos que podía haber sido cómico si no fuera por su trasfondo trágico: desde la mesa donde respondía, Feijóo hizo ver que se encaraba con el diputado de Bildu Oskar Matute diciéndole que a él "no le intimidaría": la pantomima quería decir, en el fondo, patriota que no temía plantarle cara, como si se tratara de un enfrentamiento dentro del saloon entre lo bueno y lo malo de un western. Contemplar escenas como ésta es objetivamente desagradable, pero lo desolador es comprender que si las hacen es porque han comprobado que obtienen votos.