El precio de la gasolina

Subirá la gasolina. Se encarecerán los alquileres, se estancarán los salarios. Lo tendréis todo mucho más complicado, hijo mío: yo tampoco me lo esperaba. A veces me cuesta hablarte de las posibilidades que se nos desplegaban antes, cuando el ascensor social funcionaba, cuando tener una carrera y un máster parecía la garantía de todo. La volatilidad actual tiene sus ventajas, seguro: te atas menos, conoces más cosas, te espabilas y dependes más de tu propia adaptabilidad. Quiero decir que deja que se estanquen los salarios, hombre: ellos no son tú. Tú no te estanques, ni te dejes estancar. Ya sé que todos necesitamos un suelo que no se mueva mucho, para osar poder cambiar cuando nos apetezca y no porque las llamas nos atrapen. Pero el suelo no eres tú. La decadencia no eres tú, el salario mínimo no eres tú. Toca currar mucho y no fiarse de nada, eso sí. ¿Que cuándo se torció la cosa? Supongo que con la crisis del 2008 y con el coronavirus, y en nuestra casa con el Procés, pero ellos tampoco son tú. Son hechos, datos, circunstancias, el hombre del tiempo. La crudeza con que la democracia se agrieta te obligará a fiarte poco de tus derechos (que tendrás que defender más de lo que sería normal) y concentrarte más en tus deberes (sobrevivir sin hacer daño, básicamente). Pero el sistema no eres tú, la quiebra no eres tú, la fragilidad y la mediocridad no eres tú. Y en cuanto al ascensor social, hijo mío, tampoco te creas: todo el mundo sabe que en verdad siempre fueron unas escaleras.

Te tocará reconstruir, y creo que es una buena noticia. Te cogí en mis brazos cuando la reconstrucción anterior parecía sólida, estimulante, casi consolidada. Pero todo puede sacudirse en cualquier momento, y cuando termine este período incierto tocará volver a montar algo nuevo. No sé qué quieres hacer, si una familia, si una vida independiente, si una empresa, si un proyecto social... Pero lo harás con un zapato y una alpargata, y serán un zapato y una alpargata mejores. De hecho, los materiales de hace 30 años ya no te sirven. Ni los tienes, ni te tocan. El entorno es un poco más hostil, pero no te asustes: tampoco es que se haya derrumbado todo. Se ha derrumbado aquello que era mentira, o aquello que ya no aguantaba. A partir de aquí las nuevas verdades serán las vuestras. Las que decidáis, las que luchéis. Esto eres tú: el nuevo orden mundial, la nueva normalidad, el nuevo principio de realidad. Todo será en tu lenguaje, y dependerá en buena parte de ti, y en una alta buena parte de tu suerte. Que, por cierto, la suerte tampoco eres tú. Es un hecho, una circunstancia, el coco. A estas alturas solo te puedo recomendar no pararte. No conformarte, hacer siempre un poco más. De lo que no te gusta (los deberes) y de lo que te gusta (los placeres), haz siempre un poco más. Da más de lo que se espera. Sé especial y perfectamente identificable. Marca de la casa.

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Subirá la gasolina, y vendrán más guerras, y autoritarismos, y injusticias que vulneren hasta aquello que la norma en teoría protege. Te preguntarás cómo es posible, pero los malos no serían malos si no pudieran ganar alguna vez. Y subirá el precio del pan, y el precio de la vida, y el precio de las palabras. Programarás un robot para que me haga compañía (y la cena), y a las inteligencias artificiales les harás más caso que a mí, pero piensa que ellos no son nadie. Son anónimos, son baratos y replicables. Ser persona, y ser una persona, subirá como la gasolina. Rodéate de gente con personalidad. Busca los mejores, incluso mejores que tú, y acércate a ellos. Y ama, y ten un castillo propio para proteger, un motivo, una causa. Nosotros perdimos mucho tiempo embelesados con Hollywood, pero tú fíjate en China, fíjate en Rusia y en Sudamérica, mientras amas Europa. Reconstruid esto, rehaced esto. Sigue las corrientes y después sé tú la corriente. Ah: y, después, ayuda. No olvides ayudar a los demás. Recuerda que es mucho más divertido.

Subirá el precio de la gasolina, te lo garantizo. Pero también te prometo que bajará el precio de la gasolina. Y que ganarán los buenos, y que volverá la paz. No te dejes impresionar por las dianas, no duran para siempre. Como los hombres grises, como las ideas artificiales, como los pactos de financiación autonómica. En tierra solo encontrarás la cuadrícula, es arriba donde acontece Gaudí. Por lo tanto, tú concéntrate en osar hacer fuerte y en ir mirando qué quieres levantar. El precio de las cosas no eres tú, la decadencia no eres tú. Tú sabes perfectamente quién eres. Todo irá bien si recuerdas siempre quién eres.