Una pregunta para la Movilización Global Progresista
Pedro Sánchez admite en privado lo que, por otra parte, sabe todo el mundo: que por mucho que siempre caiga de pie, el año que viene le será difícil repetir la jugada del 2023, es decir, perder las elecciones pero acabar gobernando gracias a los votos de una mayoría parlamentaria Frankenstein. (Sobre todo si la mayoría de izquierdas va haciendo amigos como los hace Rufián habitualmente o como la vicepresidenta Yolanda Díaz ayer, cuando dijo que Junts es un partido “classista y racista”, a pesar de haber sido la primera en correr a Bruselas a pedir los votos del partido de Puigdemont para la investidura.)
Sabe, también, que en Madrid hay mucha gente que le quiere ante un juez y, si puede ser, en la cárcel. Ante este escenario, Sánchez tiene un plan B, que es continuar su carrera política en la arena internacional. Tampoco es fácil, pero la Moncloa hace tiempo que ha puesto recursos para que el olfato de Sánchez le haga llevar la iniciativa en el reconocimiento de Palestina, el no al 5% del PIB para defensa o el no a la guerra de Irán. Ha conseguido que Trump se le encare. Cuando empiezas a correr un segundo antes que los demás, ganas la carrera.
Convertido en referencia, pues, Sánchez ha llevado una “Movilización Global Progresista” y una “Reunión en defensa de la democracia” a Barcelona, capital que siempre queda bien, especialmente cuando se ha tratado de decir no a la dictadura franquista o no a la guerra. Hay, sin embargo, un detalle que chirría: ¿los líderes progresistas del mundo aplauden o condenan la represión violenta de votantes pacíficos del 1 de Octubre? ¿Y los presos políticos? ¿Y los exilios e inhabilitaciones que aún duran? Estas preguntas serían pertinentes siempre, pero más si el evento se celebra en la capital de Cataluña.