Recogida de basuras selec... ¡La madre de Dios!

En nuestro poblado se acaba de “implementar” (y ya me dispensarán la palabrota) el sistema de recogida de basuras con tarjeta. Ha habido un revuelo sonado para saber qué día “cerraban” el rechazo, al cual tienes derecho dos días por semana, a no ser que produzcas pañales, y si el vidrio estaba abierto siempre. Los contenedores del plástico, ahora, tienen una abertura redonda del tamaño de una tapa mediana. Generamos tanto y tanto plástico cada día que las bolsas, llenas, no pasan por el agujero. La idea del inventor del adminículo es loable: que saquen el plástico de la bolsa y lo vayan introduciendo en su sitio. Pero, claro, el resultado es que los alrededores de los contenedores están llenos de bolsas (revolcadas por los jabalíes) que uno deja en el suelo “porque no caben”. Como convivimos con la fauna humana que va a las casas de turismo rural a bañarse en la piscina prefabricada con Shakira de fondo (¿qué les da, cuando se bañan, con Shakira?), en el suelo hay bolsas de caldo llenas de botellas de licor de botellón. ¿Qué les costaba introducirlas en el contenedor del vidrio? Lo mismo que les cuesta comprar una lechuga no retráctil y limpiarla de la tierra que pueda contener. Ellos harán crossfit, sí, pero levantar el brazo para tirar los plásticos y las botellas por el agujero no lo tocan.

Si lo hicieran, yo misma, desde esta página privilegiada, haría un cantar de gesta. Sería un poema épico en que el turismo (turismo nacional, ¡ojo!), en fila, iría tirando ahora el porexpán, ahora la botella de aceite de cinco litros, ahora el papel de envolver el jamón dulce y los correspondientes “separadores”, ahora el matamoscas, ahora la botella de ron Laturca, ahora la de ginebra Ulcèric, ahora la de vodka Korrosiva...