De la regularización a la cumbre
Consciente de su debilidad parlamentaria, Pedro Sánchez y el PSOE han decidido hacer una apuesta a todo o nada para convertir al presidente español en un referente del progresismo, tanto interna como en el ámbito internacional. De momento les funciona, también en el Estado: cada vez son menos los que dudan que pueda agotar la legislatura, y los obuses con que el PP pensaba romperle la línea de flotación (comenzando por los supuestos escándalos judiciales relativos a su mujer, su hermano e incluso su difunto suegro) se han quedado más bien en pólvora mojada.Dentro de la munición fallida quedan también los reproches contra la nueva regularización de inmigrantes, que ha entrado en vigor con la incorporación a última hora, por parte del gobierno español, del requisito del certificado de penales. Pedir un certificado de penales a personas que en muchos casos difícilmente podrán obtenerlo (porque en sus países de origen, a menudo envilecidos y estropeados por la guerra, la corrupción y/o la pobreza, no se lo expedirán) equivale a cortocircuitar el proceso de regularización con una traba administrativa que, para muchos, puede ser insalvable. Esto tendría que haber obligado a revisar el argumentario de la oposición contra esta medida, pero no ha sido así: las derechas, extremas y no tan extremas, han vuelto a desgranar el rosario de la inmigración como fuente de delincuencia y reincidencia. Feijóo, incluso, recurrió a la vieja falacia de los inmigrantes violadores.En nuestra tierra, en los Países Catalanes, la reacción de volver a presentar la inmigración como una herramienta de españolización y de sustitución o eliminación de la identidad catalana (o mallorquina, o valenciana), además de una sólida imbecilidad, es una expresión de debilidad que evidentemente va en contra de la capacidad del catalanismo y el independentismo de ganar partidarios entre los recién llegados. Tú eres un inmigrante que llega al país, o que ya nace y crece en él, y dentro del panorama político ves a unos que te acusan de ser un colono enviado por alguien con el propósito de liquidar el país, la lengua y la cultura: ya sabes con quién no querrás ir nunca a ninguna parte.Mientras esto pasaba, el presidente español ha hecho una gira china en la que se ha entrevistado directamente con Xi Jinping, y de vuelta ha desembarcado en Barcelona para ejercer de anfitrión de una cumbre progresista internacional (o una cumbre anti-Trump, como también se ha dicho) que obviamente va en contra del independentismo catalán y a la vez refuerza aún más el papel de Sánchez como referente de la izquierda. Falta ver qué contenido tiene todo esto (contenido quiere decir consecuencias en forma de políticas) y si tiene algún efecto electoral (tradicionalmente, la incidencia de la agenda internacional en los resultados de las elecciones es baja), pero lo que no se puede decir de Sánchez es que esté de manos plegadas. En cambio, manos plegadas es una expresión que puede servir para describir las opciones políticas basadas en el catastrofismo, el resentimiento y el malestar. Por el motivo que sea, los que se presentan como perdedores no suelen generar entusiasmo.