La religión sale cara
El Ayuntamiento de Barcelona ha decidido ceder gratuitamente el Estadio Olímpico Lluís Companys al papa León XIV para que haga su gran acto en la ciudad. PSC, PP y Junts han votado a favor. Comuns y ERC, en contra. Los argumentos para ofrecer de francas este espacio municipal son que la visita del Papa genera “un máximo interés público y general”. No digo que no, pero Rosalía también, y el tema religioso también lo toca y que yo sepa...
También dicen que la venida del pontífice traerá la visita de “miles de personas”. Como Rosalía. Y en Barcelona, me entiendes, esta visita de gente de fuera la tenemos asegurada durante todo el año, sin Rosalía ni el Papa. Pero aparte del populacho que vendrá a vernos con la excusa devota, también tendremos la visita de “autoridades civiles, religiosas e institucionales”, que, obviamente, justifican la gratuidad del evento. Son gente necesitada. De dinero y de eventos. De verdad, hay tan poca imaginación en los argumentos como en las campañas políticas. No se pone ni un poco de esfuerzo de seducción para que los ateos lo puedan ver con buenos ojos. Claro que a los ateos es difícil convencerlos de que nada que tenga que ver con la religión pueda ser beneficioso para nadie. Y aún más hacerles creer que el acto es de carácter “no lucrativo” cuando todos sabemos que, justamente la Iglesia católica, con sede en el Vaticano al frente, de lucrarse, se ha lucrado. Y se lucra. Que por más progre que sea el Papa de ahora o el de antes o los que se murieron repentinamente, se mantienen jerarquías y machismos y pederastias que hacen de mal subvencionar. Por no hablar de que cuando el Ayuntamiento dice que al Papa el espectáculo le saldrá gratis, quiere decir que los gastos del acto irán a cargo de los barceloneses: seguridad, mantenimiento y limpieza. Que ya sabemos que se puede ser católico y sucio al mismo tiempo. Y sí, me parecería igual de mal que la religión no fuera la católica. Cualquier reunión de creyentes no debería ser subvencionada por una ciudad aconfesional, pero es evidente que esta decisión explica muy bien cuál es la relación institucional con la religión y lo lejos que estamos, todavía, de la separación de poderes. Porque a mucha gente le parece que la Iglesia no es la que era, pero la Iglesia está en bastante buena forma para pagarse sus encuentros. El Papa puede venir cuando quiera, que para eso para algunos existe la libertad de movimientos, y como líder supremo de su religión puede invitar a quien le plazca, pero de aquí a que Barcelona tenga que patrocinar el evento, hay un abismo. Por más que el emblema de la ciudad sea la Sagrada Familia, un monumento también discutible, empezando por el nombre y acabando por las grúas. Por más que a PSC, PP y Junts les haga tanta ilusión la visita. Barcelona no debería patrocinar ninguna religión. Y deberíamos saber exactamente por qué se hace este sesgo, porque los argumentos esgrimidos sirven para muchos otros eventos que no han ido subvencionados ni irán. Porque si hablamos de espiritualidad, a unos les puede llegar a través de la visita del Papa, que no lo dudo, pero no lo comparto, a otros con el Barça, que también es religión, o a muchos con un buen concierto. Si hablamos de visitas de todo el mundo y de autoridades, en cualquiera de estos ejemplos pueden encajar. Pero solo a uno le ha tocado la lotería. Y si el Papa viajara en un coche de Fórmula 1, la alegría del consistorio me imagino que sería el doble.
Estoy de acuerdo en que es imposible contentar a todo el mundo, pero de ahí a pagar esta fiesta... ¡por el amor de Dios!