Sororidad o barbarie

En el mundo interconectado de hoy, la defensa de los derechos de las mujeres y los derechos sexuales y reproductivos es responsabilidad compartida.

Según el informeThe next wave: how religious extremism is reclaiming power(2025), del Foro Parlamentario Europeo, organizaciones vinculadas al extremismo religioso y su maquinaria –que combina la ofensiva jurídica conthink tanks, partidos políticos y medios de comunicación capaces de ganar influencia institucional– recibieron 1.180 millones de dólares entre 2019 y 2023. De ellos, 171 millones de dólares, que se destinaron a atacar derechos sexuales, provenían de la financiación pública.

Cada 8-M sirve para denunciar los ataques de la extrema derecha global. Cuandothink tankshúngaros intentan reducir la financiación europea para la defensa de derechos, cuando organizaciones antiabortistas españolas reciben millones de euros, no puede hablarse de políticas nacionales: se trata de la batalla global de una infraestructura con dinero y estrategia contra los derechos humanos y la democracia.

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En este contexto, la cooperación feminista se convierte en una apuesta clara por la justicia y la defensa de una geopolítica democrática. En Cataluña, las extremas derechas han puesto el foco en la cooperación internacional y las entidades y proyectos centrados en la defensa de los derechos de las mujeres en otros países. Cuando Catalunya apoya proyectos feministas en lugares donde el aborto está penalizado, donde hay un genocidio, donde las mujeres son perseguidas y asesinadas y no tienen acceso a la educación –y menos a la educación sexual–, donde las personas LGBTIQ+ son criminalizadas, no está imponiendo una agenda ajena ni extravagante: está global. Asimismo, está reforzando redes internacionales que protegerán a las mujeres catalanas cuando sea necesario. De hecho, la experiencia de muchas mujeres y organizaciones defensoras de derechos en países donde su labor supone prisión, exilio o muerte ya nos está ayudando a entender los ataques y cómo hacerles frente.

En el caso catalán, además, el modelo de cooperación no responde a caprichos, sino a una política pública aprobada en el Parlament por amplia mayoría, y en coherencia con las encuestas, que muestran un apoyo social mayoritario.

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La pregunta, pues, no es si Cataluña debe financiar proyectos y entidades feministas en otros países. La pregunta es si podemos permitirnos no hacerlo en un momento en que la ola ultra global es una realidad.

Pocos días internacionales lo son tanto como el 8M. Gracias a millones de mujeres organizadas y conectadas a todo el mundo, celebrar el 8-M significa posicionarse a favor de los derechos de las mujeres en todas partes. Este 8-M, las feministas celebraremos, por ejemplo, que ocho años después de su asesinato se ha hecho justicia con la concejala brasileña Marielle Franco, cuya sentencia afirma ser víctima de un crimen político misógino y racista. Sin sororidad transnacional iremos hacia la barbarie.

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