El test de testosterona

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Donald Trump a la Casa Blanca miércoles 15 de octubre.
15/10/2026 - 19:59 h
Escritora

Cualquier chiste que se te pueda –con perdón– ocurrir sobre las instituciones, como el ejército, no sirve, porque Donald Trump lo ha ejecutado. Ahora que nos anuncia que al final no, no retransmitirá en directo el show del fusilamiento (lástima, oye, nos perdemos palomitas y circo) como nos había prometido, sabemos que el año pasado uno de sus esbirros “concentró a todos los altos rangos del ejército en la base de Quantico para advertirles que restauraría el «ethos guerrero»", leemos en el ARA. Este esbirro, que debe de ser una especie de Joaquin Phoenix en Gladiator, acusó a los soldados de haber “permitido la existencia de «gordos» y «barbudos» en sus filas”. También anunció, alerta, tests de testosterona.

Yo encuentro muy bien que eche a los gordos. No se pueden camuflar bien, son un blanco más fácil, corren menos, lloran cuando se arrastran haciendo maniobras y, sobre todo, tienen más hambre. Yo los pondría a dieta o los fusilaría directamente. Los barbudos, lo sabe todo el mundo, son unos hippies que tampoco corren nada porque lo que quieren es hacer el amor y no la guerra. Un buen militar no puede llevar lana en la nuca. Y en cuanto al test de testosterona, ya entiendo que justamente lo que busca es que los soldados vayan llenos de ella (así, quieras que no, saquean mejor cuando van a la guerra), pero encuentro que es un sistema bueno a la inversa.

Ahora que empieza la precampaña política y tendremos 40 días y 40 noches de tuits, griterío, acusaciones falsas, manipulación, gritos y sonrisas aduladoras, quizá deberíamos hacer a los candidatos y candidatas el test de testosterona. Si tienen más de la cuenta, ellos y ellas, saquémosles de la primera línea, para no tomar daño, y coloquémosles en posiciones más discretas. Digo esto con una excepción. La batalla Colau-Rufián, Rufián-Colau me parece televisivamente más interesante, todavía, que el fusilamiento.

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