'Tiktoks' y bibliotecas

El populismo, ya se sabe, es un lodazal, y por eso mismo aquellos que juegan en él a menudo resbalan. Es lo que le pasó a Gabriel Rufián en su acto en Barcelona con Irene Montero y Xavier Domènech cuando afirmó que prefiere tiktoks que bibliotecas”, con el argumento de que su hijo “mira TikTok”. Medir las políticas públicas a partir de lo que hacen los familiares nos sitúa cerca de Rajoy y su primo negacionista.En cualquier caso, la frase de Rufián (que él debe dar por buena, porque no se ha disculpado ni la ha matizado, a pesar de la comprensible incomodidad que ha causado) es un lío por diversos motivos. El primero es que plantea una disyuntiva falsa entre las bibliotecas públicas y las redes sociales, una elección que de entrada no se le plantea a nadie. En cambio, sí que es cierto que muchos políticos tienen tendencia a querer cargar sobre la biblioteca, o sobre la escuela pública, pesos que no les corresponde soportar (en Palma, por mencionar un caso de ahora mismo, PP y Vox quieren inspeccionar las bibliotecas por si encuentran “demasiados libros en catalán”).Las bibliotecas públicas ofrecen un servicio fundamental para cualquier sociedad que quiera ser avanzada y ofrecer igualdad de oportunidades a los ciudadanos, especialmente a los hijos de las familias que con toda seguridad no tienen (porque no pueden) ni libros ni otras formas de acceso a la cultura y al conocimiento. También son excelentes espacios de socialización, no virtual, sino presencial. Su público suele ser de proximidad, pero no precisamente minoritario, como lo demuestran las altísimas cifras de usuarios y préstamos. Cataluña es un país con una red bibliotecaria magnífica y, por tanto, todo esto Rufián debería saberlo. También debería saber que aquello que debe hacer un político progresista (cualquier político, pero uno de progresista más que ningún otro, y sin excusa) es defender la biblioteca pública. No menospreciarla porque no tiene las cifras de audiencia de una red social con un algoritmo que busca crear comportamientos adictivos entre sus usuarios.Quizás la paradoja más grande es que las bibliotecas públicas son una de las herramientas más importantes que tiene una sociedad en la lucha contra el fascismo, que es aquello que Rufián dice que le importa. Las bibliotecas públicas son imprescindibles para construir pensamiento crítico y sociedades más cultas, y más cultas quiere decir más bien informadas: en cambio, aquello que se promueve desde TikTok y otras grandes redes sociales es, precisamente, la desinformación, o la intoxicación informativa. Rufián, lo he dicho otras veces, la acierta cuando advierte que la política española (y esto afecta directamente la catalana) vuelve a ser claramente frontista. Pero no queda claro que la manera de parar el frente antidemocrático sea jugar dentro de su campo, con sus reglas y con sus herramientas. Más bibliotecas, mejor dotadas y equipadas, y un reconocimiento y prestigio mayor para las personas que trabajan allí seguro que nos ayudarían más que mil vídeos virales de gente que se desafía a retos idiotas.