Trump y los “hermanos” de Amarna

¿Hacia dónde va el mundo? ¿Hacia dónde van las relaciones internacionales?La guerra actual de Irán y Oriente Medio ofrece un panorama incierto. Es una guerra notablemente asimétrica en términos económicos y militares que tiene diversos desenlaces posibles. En estos casos no sería superfluo analizar primero las tendencias constatables en el momento actual, para después mirar si la historia nos da pistas sobre probables escenarios de futuro.Si no fuera tan nefastamente trágico, un pacto de dos semanas de un teórico alto el fuego en el cual cada una de las dos partes dispone de un texto diferente y que, además, ambas interpretan de manera diversa resulta una situación bastante cómica y surrealista. Un guión que parece salido de una noche de copas entre Gila y los hermanos Marx. Una noche imaginada que pagaría mucho la pena de ser compartida. Hay elementos del contexto reciente que apuntan la sustitución de un escenario en el que ha habido una potencia global incontestable en términos económicos y militares –los EE. UU. de los últimos treinta años después de la Guerra Fría– por un escenario en el que conviven dos potencias globales (los EE. UU. y China), junto con una tercera con poder militar nuclear (Rusia) y diversas potencias regionales (la India, Brasil, Turquía, Indonesia, etc.). Se trata solo de tendencias, pero parece que hoy hay un acuerdo analítico básico de que se está produciendo una evolución de un mundo unipolar a un mundo multipolar. Esto no es ninguna novedad, naturalmente. De hecho, muchos periodos históricos han experimentado este tipo de cambio... hasta la aparición de una nueva potencia hegemónica que inclina de nuevo las relaciones internacionales hacia una unipolaridad fáctica. Cuando la hegemonía se pluraliza se produce un escenario de equilibrio entre poderes que a menudo resulta conveniente para el mantenimiento de la paz (entendida como ausencia de guerra) durante unas décadas. En términos optimistas, creo que podríamos dirigirnos hacia un escenario de este tipo en las próximas décadas.

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Para entender bien las relaciones internacionales, una de las fuentes más convenientes de conocimiento es la historia antigua. Dentro del período de finales de la edad del bronce, unos dos siglos antes de la gran crisis del Mediterráneo oriental en que desaparecieron toda una serie de potencias regionales –hititas, micénicos, alasiya (Chipre), arzawa (Anatolia occidental), etc.–, las llamadas cartas de la ciudad egipcia de Amarna describen un período pacífico y de intenso comercio en todo el Oriente Próximo, que incluía objetos de lujo. Se trata de unas 400 tablillas escritas en signos cuneiformes, la mayoría en la lengua “diplomática” del momento, el acadio. Estamos a mediados del siglo XIV a.C., en el período de los faraones Amenhotep III y de su hijo Akenatón.Las cartas reflejan un respeto mutuo entre las grandes potencias del momento, pero solo entre ellas. Los reyes se tratan mutuamente de “hermano” o “gran rey”. Estas potencias incluían Egipto, Hatti (hititas) –que acababan de destruir el vecino reino de Mitanni–, Asiria o Babilonia. Junto con las cartas, los “hermanos” se intercambiaban regalos, los cuales a veces eran objeto de queja por parte del receptor al considerar que no estaban a la altura de las promesas, de los envíos previos o de su rango. La situación internacional reflejada en estas cartas muestra un equilibrio de poderes, un respeto mutuo, un reconocimiento más o menos igualitario que incluye alianzas matrimoniales a veces nada deseadas por las mujeres implicadas, y unas relaciones económicas también más o menos recíprocas. Fue un período de paz relativa entre los poderes hegemónicos, pero no en sus áreas de influencia territorial, que no coinciden con las actuales por la emergencia de poderes regionales, algunos de los cuales pertenecen al Sur Global.Visto el panorama actual en Oriente Medio, una situación como esta en el ámbito global no sería el peor escenario. Resituaría el problema actual del gobierno israelí y de su cultura política. Sin embargo, la democracia americana está enviando señales de alerta o de alarma a todas las democracias del mundo (hoy en retroceso en términos cuantitativos y cualitativos). Cuando los líderes que llegan al poder de los estados democráticos muestran perfiles ignorantes, petulantes y arbitrarios, así como comportamientos de personas desequilibradas, paranoicas o criminales, significa que algunos factores estructurales de las democracias liberales están fallando. Son los tiempos en los que se añora seguir teniendo dirigentes mediocres. Trump y Vance versus Obama y Biden.¿Y Europa? La Unión Europea parece actualmente un transatlántico perdido en medio de un mar que no controla, con los motores parados en busca de un equipo de navegantes que sepan adónde deben dirigirse y cómo deben hacerlo para llegar a puerto. Y que se dispongan a hacer las necesarias reparaciones del barco, tanto en el frente de las instituciones como en el de los procedimientos y de las políticas concretas. La desconfianza de los ciudadanos europeos respecto a la UE es hoy de todo menos irracional.Europa y su ampulosa retórica de los derechos, modelo de bienestar, etc., corre el riesgo inmediato de que se le puedan aplicar las palabras que William Faulkner pone en boca de uno de los personajes de la novela Absalom, Absalom!: “Su propio cuerpo era como un jardín vacío lleno de ecos de sonoros nombres derrotados”.