De Trump y de Juan Carlos I
Los síntomas de degradación de las democracias liberales se multiplican. Y la situación se agrava desde que en Estados Unidos han entrado en la era Trump, que sin ningún respeto por las instituciones democráticas considera que todas ellas están a su servicio. L’ARA ha informat del pacto que Trump ha impuesto a la agencia tributaria del país, IRS: un acuerdo extrajudicial con el visto bueno del departamento de Justicia, que establece que queda "prohibido y excluido para siempre" examinar o encausar cualquier reclamación fiscal contra Trump, sus hijos y la organización Trump. Dicho de otra manera, el presidente y su entorno tienen vía libre para la impunidad económica. ¿En qué queda el principio de igualdad ante la ley, que al menos formalmente rige en las sociedades democráticas? La degradación institucional generada por el déficit egocéntrico de Trump no tiene límites. ¿De república a monarquía?
Nosotros sabemos de qué va esto. Lo hemos vivido en directo, aunque en una versión más de andar por casa. El monarca Juan Carlos I llevó este privilegio de impunidad que lleva incorporada la corona hasta el delirio, como un Trump cualquiera, aunque afortunadamente sus poderes eran mucho más limitados. Sus abusos, sobre todo formales, alcanzaron un nivel de descaro que hizo reaccionar a las instituciones –y también a su hijo, que debía ver en peligro su futuro–. La solución fue renuncia y fuga. Y desde entonces hemos visto cómo paseaba la triste figura por el mundo, con esporádicas entradas y salidas del país, recordatorio de los límites de una institución que se ha hecho compatible con diversas democracias a pesar de que sea una contradicción en los términos fundamentales del régimen.
Cuando es un electo el que se sale de los límites, como en el caso de Trump, y por tanto un jefe de estado con todos los poderes, la situación se agrava. La democracia está en peligro. Y en el caso de Estados Unidos es evidente. ¿Qué hacen los superpoderes económicos que marcan el paso para frenar los delirios presidenciales? Nada. ¿Y qué hacen los partidos políticos? ¿Dónde está el Partido Demócrata? Trump encuentra la complicidad del poder judicial y el inmovilismo del poder legislativo, para situarse a sí mismo y a su familia fuera de la ley. Y nadie hace nada para frenar el patético espectáculo de un líder que vive de la amenaza permanente al servicio de su ego.