El turismo como fuente de conectividad aérea

Hace ya muchos años que, mediante un efectivo y reconocido Comité de Rutas, la Cámara de Comercio de Barcelona promueve la conectividad aérea de Barcelona. La institución acaba de publicar un estudio importante sobre el tema. Con una fuerte fundamentación cuantitativa, pone el acento en tres aspectos:

1. La conectividad aérea es clave para el futuro de la economía catalana.No puedo imaginar una economía catalana que destaque en Europa sin buenas conexiones aéreas, con Europa y con el mundo. La tendencia mundial es la clusterización de las iniciativas innovadoras, sobre todo las más rompedoras. También, por cierto, la música en directo evoluciona desde un modelo en el que el artista se desplaza a uno en el que se mueven los espectadores. Cuando una empresa o una institución internacional estudia la posibilidad de abrir una sede en un lugar nuevo, analiza muchos factores (fiscalidad, ayudas, recursos humanos...), pero uno de los más decisivos es la conectividad. No perdimos la Agencia Europea de Medicamentos por esta razón, pero no ayudó que la conectividad de Ámsterdam –hub de KLM– sea mejor que la nuestra. Hace unos años un naviero de Génova se me lamentaba que las navieras históricas de Génova (¡y qué historia!) eran adquiridas por compañías de los EE. UU. que, a continuación, trasladaban la sede a Roma porque tenían vuelos directos a los EE. UU. Es un efecto acumulativo: la diferencia entre Barcelona y Génova en conectividad se ha ido ampliando.

Cargando
No hay anuncios

2. La conectividad aérea de Barcelona ha aumentado significativamente. Hoy, el aeropuerto de El Prat es uno de los más bien conectados con Europa (de 110 ciudades en 2005 a 170 en 2025). Con América y Asia también se ha avanzado (de unas 10 en 2005 a casi 40 en 2025). Pero queda trabajo por hacer. Es el gran reto pendiente.

Cargando
No hay anuncios

3. ¿Qué ha hecho posible el aumento de conectividad? Barcelona no es capital de estado (Barajas tiene vuelos directos a Japón, El Prat aún no), ni es base de ninguna gran compañía aérea con capacidad intercontinental. La opción de Spanair se desvaneció con la crisis financiera de 2008. En cuanto a Level, está por ver. Subsiste la sospecha de si al final no será más que un mecanismo táctico para expulsar a la competencia. En el pasado, Iberia estableció un vuelo Barcelona - Sao Paulo compitiendo con Singapore Airlines, que ya cubría este trayecto. Tan pronto como (2016) Singapur lo dejó correr, Iberia –misión cumplida– también. Ahora Level ha expulsado a Norwegian con el compromiso de mantener líneas. Pero la reciente reducción de vuelos a Boston y la suspensión de los de San Francisco (dos ciudades clave) no es una buena señal. En definitiva, la respuesta a la pregunta es que muchos de los aviones que nos traen investigadores, empresarios y asistentes a ferias los llenan –y por tanto los hacen posibles– los cruceristas, los visitantes de la Sagrada Familia o el público de eventos musicales. Sin ellos, muchos destinos caerían.

Concluyo con dos llamadas a la moderación dirigidas a dos segmentos de opinión que pueden acabar siendo determinantes en la evolución de la economía, el turismo y la conectividad.

Cargando
No hay anuncios

El primero –entre los cuales me cuento– es el de los que primariamente empujamos por potenciar una economía de alta productividad. Debemos ser conscientes de que para conseguirlo no podemos estar, al mismo tiempo, mecánicamente en contra de cualquier actividad económica que intrínsecamente no llegará nunca a la máxima productividad que ambicionamos. O que genere efectos colaterales poco placenteros. El turismo que llena aviones es un ejemplo. Quizás todo él no se compone de turistas ejemplares, quizás son demasiado ruidosos. Implementemos, pues, programas de mejora de manera que su presencia nos gratifique menos, pero no olvidemos que el efecto indirecto de darnos conectividad, que puede no ser tan inmediato como el ruido que generan, es vital para la promoción de una economía de alta calidad.

Cargando
No hay anuncios

El segundo segmento de opinión es el de aquellos que priorizan restringir el turismo, y que no son sensibles al argumento “productivista” que acabo de presentar. A ellos les diría que, por mucho que no sean receptivos a un mensaje en forma de ruego de no perjudicar la economía, piensen que en cuanto a su objetivo de disminuir drásticamente el turismo, una política de limitar conectividad directa tendrá un efecto muy limitado, digamos de segundo orden, mientras que el efecto sobre la economía será de primer orden. Harán daño por un beneficio escaso. Muy pocos turistas potenciales renunciarán a contemplar la Sagrada Familia por falta de conexión directa. El turista intercontinental volará a Madrid y vendrá a Barcelona en AVE. Y no nos dará conectividad.