Antes de que venga la oscuridad

2 min
Philipp Mainländer
01/10/2026 - 15:12 h
Escritor

Sucede pocas veces que una novela subyugue literalmente a sus lectores, quiero decir que durante unos días la vida pase a girar en torno a la atención que dispensamos a la lectura de una historia de ficción. Y que después, una vez acabada la lectura, pase a girar en torno al impacto que la novela nos ha dejado, de las emociones que nos ha hecho sentir o de las ideas que nos ha convocado, o hecho nacer, dentro del pensamiento. Esto me ha pasado recientemente con Antes de que venga la oscuridad, de Fausto Puerto Quetglas, que acaba de salir publicada por Angle Editorial. Me ha pasado, además, dos veces: cuando la leí en forma de original, hará un año, y ahora que la he releído ya como libro editado. El autor, no me esconderé, es un buen amigo mío, pero créanme que esto es del todo irrelevante: la novela sería magnífica igualmente aunque Puerto Quetglas y yo no nos conociéramos de nada, como es posible que les pase a muchos de ustedes, salvo que sean clientes de la librería Món de Llibres, de Manacor, que regenta el autor desde hace más de veinte años.

Puerto Quetglas, pues, debuta como novelista a los cincuenta y un años y lo hace con una obra de espléndida madurez, que nos ha sorprendido a aquellos que sabíamos que era un lector y prescriptor extremadamente solvente, pero desconocíamos que fuera también un escritor igualmente exigente y refinado. Sorprenderá, también, a todos los lectores que se acerquen con hambre y sed de buena literatura, porque serán saciados. Cuanta menos información previa tengan, tal vez mejor. Digamos si acaso, a modo de orientación, que el relato parte de la búsqueda que hace el protagonista sobre Philipp Mainländer, un olvidado filósofo alemán considerado un precursor del nihilismo y un antecedente de Nietzsche. Pero esto es solo una faceta del prisma a través del cual Puerto Quetglas nos invita a contemplar la condición humana.

Antes de que llegue la oscuridad cuenta la historia de una investigación, de una fuga y de un reencuentro. La escritura es precisa, cadenciosa y bien medida, y nos acoge y nos envuelve como un disco de Bill Evans, quizás el Sunday at the Village Vanguard. Es difícil escapar al encanto del personaje protagonista y al de Mathieu Renard, que os seducirán sin remedio. Es una novela que será considerada “filosófica”, o “de ideas”, pero eso no debería echar a ningún lector atrás, porque —como ocurre en las mejores novelas—, simultáneamente con el silencio del pensamiento percibimos el hervor de la vida, el desorden emocional, intelectual y espiritual que a fin de cuentas nos da fuerza para vivir. Y es una novela que nos enfrenta a dilemas y preguntas de difícil respuesta. Por ejemplo: ¿los humanos somos criaturas erradas y decepcionantes, que —como opinaba el mencionado Philipp Mainländer— deberíamos abstenernos de las relaciones sexuales para no perpetuar nuestra fallida especie? O, por el contrario, ¿somos seres quizás perdidos y desvalidos, pero dotados de una dignidad que puede ser salvada por una fuerza llamada amor? De eso, entre otras cosas, habla esta novela. Y creedme, es prodigiosa.

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