Vía Laietana, lugar de torturas

En un artículo titulado “Cierra este edificio, presidente”, publicado el lunes en El País, el profesor Rafael Argullol pedía a Pedro Sánchez que cerrase el edificio de la Jefatura Superior de la Policía Nacional, en la Via Laietana de Barcelona. Argullol, que allí fue detenido e interrogado, recuerda que fue sede de torturas durante la dictadura franquista y sugiere que acabe siendo una biblioteca o un memorial.

De las consideraciones que hace, cabe destacar una: la condescendencia con la que la justicia española trata a las víctimas, como si se estuviese negando que aquello fuese “una tortura de verdad por parte de torturadores de verdad bajo una dictadura de verdad”.

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Argullol acierta de pleno: si después de 50 años de la muerte del dictador, toda la reparación que puede esperar la sociedad es una placa situada en la acera lo suficientemente lejos de la entrada para que no moleste, es que el estado democrático no se atreve a decir a la policía actual que debe marcharse porque aquel edificio está manchado por crímenes horribles. Aquella transición a la democracia pilotada por franquistas, con Juan Carlos de Borbón al frente, nos ha traído hasta aquí.

Pero hay más. Sacar a Franco del Valle de los Caídos fue más fácil: el helicóptero que se llevó el cadáver salió en los medios de todo el mundo, situó a Sánchez como un presidente progresista coherente y obligó al PP a tomar partido. Pero, en Via Laietana, ¿dónde están la coherencia y la ganancia política? En la españolidad, evidentemente. Ni el gobierno más progresista de la historia se siente obligado a convertir Via Laietana en un memorial, porque el estado, aunque sea democrático, es español, y viviría el cierre de la Jefatura como una arriada de bandera en el corazón de la capital de Cataluña.