Vivo en Polonia

Cuando elPolonia, el programa televisivo que hace sátira política, cumplió un año, escribí cuatro líneas en el libro conmemorativo. Me gustaba esa idea de hacer bandera del escarnio. Nos llaman "polacos". Se llamaráPolonia. Ahora ya han pasado veinte años, y elPoloniadio una fiesta para celebrarlo, que se retransmitió por la tele, con una audiencia milagrosa.

Soy una de las imitadas del programa. Salgo siempre con otros dos colegas de mi ramo: Pere Gimferrer y Quim Monzó. Así como Monzó y yo (que hemos salido más por la tele) tenemos una caricatura exacta, exactísima, Gimferrer (que ha salido menos) es una creación, que, como todas las imitaciones que hacen los buenos caricaturistas, extrae "un alma". Lo mismo ocurre con el Pasqual Maragall del Queco. Aquel "¡Qué cabrón!" era una invención, pero una invención que resumía su esencia. En mi caso, Agnès Busquets (que siempre he sostenido que es una actriz dramática de primer orden) me hace tan exacta que los días que salgo al Polonia los vecinos y la gente de la calle me dicen "te he visto" y ya puedo decir que no era yo, que no lo creen.

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El Polonia es como mi mar y montaña preferido: las albóndigas con sepia. No hay otro caso igual en la cocina europea, sólo en la asiática. Mezclar carne picada y pescado? El Polonia tampoco comparte longevidad con ningún programa europeo, sólo con los más clásicos americanos. El Polonia, hablando de nuestra gran anomalía, a mí me hace sentir que vivo en un país normal.

Acabo con dos cosas, aparte de la felicitación por el inmenso talento de tantas bandas. La primera. Mi gag favorito de todos los tiempos es la canción sobre el mayor Trapero, con la música de Bonnie Tyler. La segunda. Me da mucha vergüenza decir que me equivoqué de día, y por eso no fui.