Votad a Vox para el estado catalán
La líder del partido fascista Alianza Catalana, Sílvia Orriols, animó a sus votantes hace unos días, en una entrevista en Ràdio 4, a votar a Vox en las elecciones españolas. Preguntada por si veía contradicciones entre votar a Vox en las elecciones españolas y a Alianza Catalana en las elecciones al Parlamento de Cataluña, respondió: “Creo que no. Ellos [los electores], en el marco de las elecciones españolas, depositan su confianza en quien crean conveniente, y en el marco del Principado de Cataluña depositan su confianza en nosotros porque consideran que nuestro proyecto, que comporta la restitución del estado catalán, es el más apropiado o idóneo para llegar al estado del bienestar que ellos anhelan”. El mismo día en una entrevista a La Vanguardia, Santiago Abascal afirmaba que su partido está dispuesto a “colaborar con Alianza Catalana para defender la identidad catalana” frente al Califato (él lo llama “la amenaza musulmana”). El cortejo está a la vista, la declaración de principios es diáfana por ambas partes.
Una cosa que sí que tiene la extrema derecha es su fuerte visión corporativa: que les vaya bien a uno de ellos les beneficia a todos. Esto lo saben, lo practican y lo ejercen. Desde los tiempos de aquel The Movement (una alianza de las ultraderechas de todo Occidente) impulsado por Steve Bannon o los aplausos desde Alianza Catalana o su entorno a líderes ultraderechistas como Milei o De la Espriella, aparentemente en las antípodas de su supuesto ideario independentista, no pierden de vista la idea de unión. Tienen un objetivo ambicioso: acabar con la democracia liberal e instaurar un nuevo orden autoritario, vertical, elitista y reaccionario, basado en el miedo, la fuerza, la mentira y la delación. No es un objetivo menor, y saben que para llevarlo adelante necesitan unir esfuerzos. Una vez conquistado el poder, ya empezarían si acaso a luchar seriamente entre ellos.
En el caso de Aliança, la promesa de un “estado catalán” es claramente contradictoria con el entendimiento con un partido como Vox, que directamente hace bandera del legado del franquismo. Sin embargo, les sirve de zanahoria eficaz para que los sigan (y los piensen votar) una cantidad importante de independentistas quemados, exasperados y lo bastante obcecados para creerse las consignas y los sermones patrioteros y racistas que surgen de este partido. Bajo las faldas de Orriols se han arremolinado un grupo de piojos, algunos ya lo bastante viejos y desplumados, con ínfulas intelectuales, que hacen el papelón de dar lustre (o al menos eso piensan ellos) a esta payasada macabra. Algunos se enfadaban mucho cuando oían hablar de independentismo de extrema derecha: decían que eso eran falacias de las izquierdas españolas. Son los mismos que ahora flirtean con ello, o directamente militan en él, o se ganan ahí unas sucias garrofas.
Con la bandera española o la catalana o la americana, con la estrella sionista o la cruz cristiana, con el disfraz que sea, la extrema derecha siempre es idéntica a sí misma. Se reconoce porque se reconocen entre ellos. Y tratan siempre de fascistas, o nazis, a los otros.