Votar o no votar: el feminismo y el 29-N

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Una mujer votante en las elecciones, en Madrid, en 1933
01/11/2026 - 21:01 h
Socióloga

Estamos en un momento político extremadamente delicado y, desgraciadamente, hay muchas opciones de voto que tienden más a una venganza, a castigar a los que no han hecho lo que esperábamos de ellos, que a la adhesión a un proyecto ilusionante, por el cual nos sentimos representadas. Siento, a mi alrededor, muchas opiniones que van en este sentido, y especialmente las de muchas mujeres feministas, que desde hace muchos años han votado a partidos de izquierdas y ahora, enfadadas, me dicen que no irán a votar. Las izquierdas las han decepcionado en muchos aspectos y, por tanto, esta vez no quieren darles apoyo.

En la situación actual esto me preocupa, y mucho. En los últimos años, los diversos partidos de izquierdas, tanto en Cataluña como en España, se han equivocado mucho con el feminismo. Sobre todo por una razón: han contribuido a dividir este movimiento, a permitir enfrentamientos incluso violentos entre sus diversas fracciones. Y han jugado a favor de una tendencia que no solo desvirtuaba la lucha de las mujeres, sino que también proponía borrar el mismo nombre de "mujer" y sustituirlo por tonterías como "las que menstruan" y disparates similares. Una tendencia que no se ha originado en estos partidos pero que ha sabido infiltrarse, con los resultados de conflictos y fragmentación que conocemos.

No es este el momento de discutir aquí las circunstancias que lo han propiciado, vinculadas, de todas formas, a una ola más de fondo: la eliminación de los géneros, en tanto que moldes impuestos socialmente a las personas según su sexo; unos moldes que correspondían a necesidades del pasado y que actualmente ya no tienen ningún sentido y son opresores y destructores. Pero ahora no se trata de analizar la evolución de los géneros, sino de ver en qué condiciones puede seguir adelante la lucha por la igualdad y la construcción de una sociedad en la que las mujeres, y también los hombres, sean libres para elegir su forma de vida, sea cual sea su sexo, lo que siempre ha propuesto el feminismo. Y, como sabemos, la ola de extrema derecha que se extiende por el mundo, y que amenaza también a nuestro país, tiene unas raíces profundamente misóginas, quiere imponer de nuevo la ley del más fuerte y los modelos de género más antiguos: los hombres a mandar, a competir, a decidir, a hacer la guerra; las mujeres a callar, a servirlos y a obedecer. ¿Suena mucho a otro tiempo, verdad? Pues, desgraciadamente, lo que se pretende es esto: eliminar todos los derechos que las mujeres hemos ido consiguiendo con tanta dificultad a lo largo de los últimos años, y volver a redefinir un mundo androcéntrico y patriarcal en el sentido más fuerte del término. Un paso atrás en el progreso de la civilización que siempre hemos impulsado las mujeres mediante la empatía y la colaboración.

Ya por todas partes tenemos ejemplos terribles de la situación de las mujeres: Irán, Afganistán y tantos otros. Nunca pensamos que en nuestra casa se pudiera pretender una vuelta atrás de este nivel. Pero solo hace falta oír las declaraciones de la extrema derecha, la negación de la violencia de género, cuando tantas mujeres y criaturas mueren al año a manos de quienes decían amarlas; solo hace falta saber qué está pasando en las comunidades autónomas donde Vox ya impone la eliminación de los programas destinados a las mujeres para entender cuál es el futuro que se prepara. Porque en este momento en que tantos chicos y hombres jóvenes atribuyen sus dificultades económicas y de trabajo al feminismo, pensando que les hemos quitado su lugar, este antifeminismo está siendo una de las palancas más potentes para reforzar el voto a la derecha y la extrema derecha. De manera que, si llegan a gobernar, Vox y el PP harán una fiesta de la anulación de nuestros derechos y libertades, y reprimirán a golpes todos los intentos de mantenerlos. En este ámbito y en tantos otros que son fundamentales para la democracia.

Compañeras, compañeros, es nuestra responsabilidad preservar, para las nuevas generaciones, todos los avances conseguidos, para evitar que cada nueva generación tenga que recomenzar la lucha desde cero, como tuvimos que hacer los que nacimos durante el franquismo. Para seguir avanzando hacia la igualdad en el sentido más extenso de la palabra, hacia la plenitud de nuestro ser en el mundo, hacia la capacidad de decidir qué somos y qué queremos ser, hace falta preservar la democracia, dejando atrás los errores, los olvidos, las ofensas, incluso, que hemos vivido en los últimos años por parte de algunos partidos de izquierdas. No os diré que votéis a este o al otro: es cosa de cada uno; ninguno de vosotros dará apoyo a quien nos amenaza, lo sé. Pero no os quedéis en casa, os lo ruego. Id a votar el día 29 de noviembre, para preservar todo lo que hemos conseguido y para mantener una sociedad democrática en la cual sea posible seguir avanzando en la igualdad, en la libertad, en el cuidado de las personas, en la erradicación de la violencia machista, en nuestros derechos y en nuestra dignidad como mujeres.

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