El voto del desencanto

El último estudio del CEO ha puesto números a las conversaciones que todos hemos oído alguna vez y que anticipan un salto extraordinario de Aliança Catalana al Parlament. Cuando el mensaje principal de un partido es tan básico como “Salvar Catalunya” y lo formula una líder nada empática al frente de un equipo desconocido, y, aun así, sus expectativas electorales se disparan, es que ha conectado con los malestares reales o sugeridos de mucha gente, en relación a la inseguridad en las calles, el radicalismo islámico, la inmigración “masiva”, la emigración de jóvenes catalanes bien preparados, el retroceso de la lengua o el expolio fiscal. Y, atención, porque el diagnóstico ha encontrado una nueva centralidad donde han ido a coincidir desde votantes del catalanismo integrador de Junts y Convergència a españolistas de toro y Legión de Vox. Una bandera los hermana: la islamofobia.

Que Aliança Catalana haya detectado las causas del malestar no quiere decir que tenga la capacidad de encontrar la solución. De hecho, este tipo de partidos son especialistas en identificar culpables, pero no son tan eficaces a la hora de encontrar las soluciones; al contrario, porque de la dureza al odio que rompe sociedades puede haber un paso muy corto.

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Junts es la principal perjudicada de la encuesta, pero no la única. El independentismo fue una razón para vivir para mucha gente a quien la desunión amarga de Junts, Esquerra y la CUP ha agredido moralmente mucho más que no la represión del estado español.

El CEO, con un aumento de seis puntos a favor de la independencia, también muestra que “el Gobierno de todos” es un eslogan que le queda grande al ejecutivo catalán y que con el sosiego no hay suficiente, sobre todo cuando la gestión es claramente mejorable. Muchos catalanes se sienten coartados; ellos y el país. Si no encuentran liderazgos ni proyectos ilusionantes, votarán desde el desencanto.