Zapatero, Puigdemont, Puente: los peligros de llamar al buen tiempo

La frase catalana “cridar el mal temps” se refiere al agorero o al gafe: ese que vaticina desgracias. En España, y en Catalunya, suele atraer desgracia quien hace lo contrario. Es decir, “llama el buen tiempo”. O sea, ve el cielo luminoso y despejado sin saber (o sabiendo, aún peor) que llegan nubarrones de tormenta.

Durante la primavera de 2008, José Luis Rodríguez Zapatero, entonces presidente del Gobierno español, presumía de que la economía crecía a un ritmo imparable. Según él, ni existía burbuja inmobiliaria ni se percibía ninguna sobreexposición hipotecaria de las cajas de ahorros. En marzo, el PSOE había ganado las elecciones y Zapatero rezumaba optimismo de cara a su segundo mandato. Era irrelevante, insistía, la crisis de las hipotecas que desde hacía meses sacudía a los bancos estadounidenses.

Cargando
No hay anuncios

El 24 de junio de 2008, después de que la selección española de fútbol derrotara a la italiana, Zapatero presumió del “sorpasso”: además de en lo futbolístico, España adelantaba a Italia porque ya tenía una renta per cápita un poco más alta. Era un éxito debido “al esfuerzo y empeño colectivo” de la ciudadanía. Y, viniéndose arriba por los aplausos, se sacó de la manga un comentario aún más triunfal: “Ahora, a por Alemania”.

Dos semanas después, en televisión, Zapatero admitió que España estaba “en crisis, como ustedes quieren que diga”. Era la primera vez que pronunciaba la palabra “crisis”. Lo que llegó después no se ha olvidado: la peor crisis económica en casi un siglo, la devaluación salarial, el desempleo masivo, el rescate bancario y, por encima de todo, el “austericidio” impuesto por Alemania. Esa a la que íbamos a adelantar. Lo que decíamos: llamar el buen tiempo.

Cargando
No hay anuncios

Aquella crisis estimuló el independentismo catalán. Carles Puigdemont accedió a la presidencia de la Generalitat. El 23 de enero de 2017, ante un público numeroso y ante las cámaras de TV3, Puigdemont anunció un referéndum y dijo: “Me comprometí a hacerlo bien, las estructuras de Estado han de estar a punto cuando toque, en el momento en que este país tome la decisión de actuar como un país independiente”. Europa, según él, veía bien el referéndum y lo asumía. Y añadió: “Seríamos muy irresponsables si no supiéramos qué tenemos entre manos”.

Qué les voy a contar que ustedes no sepan. Pasó lo que pasa cuando “llamas el buen tiempo”. El referéndum fue reprimido con violencia, la declaración de independencia duró unos segundos, las “estructuras de Estado” no aparecieron por ninguna parte, Europa miró hacia otro lado y Puigdemont huyó al exilio oculto en el maletero de un coche.

Cargando
No hay anuncios

El 17 de noviembre de 2025, hace poco más de dos meses, Óscar Puente, ministro de Transportes y de Movilidad Sostenible, anunció que el Ave entre Barcelona y Madrid iba a circular a 350 kilómetros por hora “en poco tiempo”. La red española de alta velocidad ya era la segunda del mundo y ahora iba a competir en rapidez con las mejores líneas chinas. Puente también anunció que habría más convoyes sin necesidad de más raíles: “No solo conseguimos que los viajeros lleguen antes, sino que se genera más espacio en el surco porque el tren ocupa menos vía cuanto más rápido va”.

Ay, qué llamada al buen tiempo.

Cargando
No hay anuncios

Ahora mismo, la alta velocidad española es la más lenta del mundo. Hay menos convoyes. Hemos descubierto que las vías estaban un poco ruinosas y bastante inseguras. Y, sobre todo, se han perdido 45 vidas.

Sobre Rodalíes no vale la pena hablar, porque sus usuarios sabíamos que acabaría pasando lo que ha acabado pasando.

Cargando
No hay anuncios

No espero que nuestros políticos se conviertan en frailes mendicantes cubiertos de ceniza y no hace falta que profeticen desgracias todo el rato. Pero los alardes infundados —lo de “llamar el buen tiempo”— son ridículos. Y, además, desacreditan la política y fomentan lo contrario, la antipolítica. Que se gana la vida predicando el apocalipsis.