La legislatura catalana

Cataluña, el país con la bandera bendecida por el Papa

El Principado y Roma han pasado por momentos de tensión y de proximidad

Act. hace 1 min

BarcelonaEl papa León XIV aterriza el próximo martes en Cataluña, un país con una fuerte vinculación con la Santa Sede desde su nacimiento. Las relaciones han tenido altibajos, sobre todo cuando Cataluña tenía voz y voto en el mundo, con los reyes catalanes de la Corona de Aragón. Después de la desaparición de los Estados Pontificios en 1870, el gran giro se produce con el Concilio Vaticano II. El vínculo, sin embargo, también genera una incógnita: ¿por qué la senyera tiene los mismos colores que la bandera de los Estados Pontificios?

Juanjo Cortés es el presidente de la Sociedad Catalana de Genealogía, Heráldica, Silografía, Vexilología y Nobiliaria. Respecto a que los colores sean los mismos, rojo y amarillo, recuerda en conversación con el ARA el fundamento de la tesis de que la senyera proviene de la bandera pontificia: "La infeudación y el matrimonio del rey Pedro el Católico, cuando se casa en Roma y promete fidelidad al Papa", y entonces "se dice que el Papa le otorga el permiso de uso de los colores rojo y amarillo". Sucede en 1204 de la mano del poderoso Inocencio III, que es quien oficia el enlace, pero Cortés apunta que "el abuelo de Pedro el Católico ya llevaba los colores con naturalidad", ya que la senyera aparece por primera vez en 1150 como escudo real del conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, que es quien se casa con Peronella de Aragón. Después, la bandera se extiende a Cataluña y al resto de territorios de la Corona de Aragón. En el Vaticano, en cambio, una reforma en el siglo XIX apuesta por el blanco y amarillo actual en la bandera.

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"Se non è vero, è ben trovato", apunta Cortés, tal como se dice en el Vaticano para indicar que si algo no es cierto, al menos está muy bien razonado. Apunta que podría haber sido una consolidación de la senyera, una especie de bendición papal a un símbolo ya existente desde hacía más de medio siglo y que llevaba sus colores. Sea como sea, el trato era de tú a tú con el pontífice, entre una corona importante en Europa y un poder politicoreligioso. A su vez, la bandera de los Estados Pontificios, creados en el siglo IX, "ya coge el rojo y el amarillo de los emperadores romanos, que los habían cogido como amuleto contra las malas vibraciones", según Cortés. Y los colores pontificios hoy también aparecen "en cualquier basílica" con el símbolo de una sombrilla.

Tira y afloja

a Isabel y Ferran los el da Borja", sintetiza. Un giro de guioncatólico a Isabel y Fernando se los da Borja", sintetiza.

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Giro de guion

Muertos los Estados Pontificios en 1870, la Santa Sede ya no tiene un papel tan político, pero también quiere tener buen trato con los estados católicos. Duran remarca que León XIII aprobó a la Virgen de Montserrat como patrona de Cataluña por el milenario del hallazgo de la Moreneta, en pleno auge del catalanismo, pero también "pone a la Iglesia en la modernidad" con la encíclica Rerum novarum. "Es un papa muy querido por el sector abierto y catalanista, como por ejemplo [el obispo de Vic] Torras i Bages", dice.

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En cuanto a la posición de la Santa Sede sobre las naciones sin estado, Duran comenta que "León XIII defiende la libertad de los pueblos, pero la reflexión sobre el hecho nacional comienza con Pío XI". La encíclica Pacem in terris, de Juan XXIII, defiende "los derechos culturales" y la enseñanza de las lenguas, y Juan Pablo II da apoyo desde la ONU al "derecho a existir" de las naciones y "el derecho a la propia lengua y cultura" y el papa actual, León XIV, afirma en Magnifica humanitas que "la promoción del bien común nunca puede separarse del respeto al derecho de los pueblos a existir, a custodiar su identidad".

El cambio de paradigma, sin embargo, fue el Concilio Vaticano II, de Juan XXIII, en 1962. "Hay una acción clara de abrirse a las minorías nacionales y culturales", comenta el profesor de historia de la UB Giovanni Cattini. Duran también lo ve como un choque con el franquismo, a pesar de que también fomenta las lenguas vernáculas en la liturgia, además de la prédica, y esto favorece al catalán.

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Imposiciones

Los encontronazos políticos también han sido recientes. "A finales de la dictadura de Primo de Rivera, dicasterios de la Santa Sede envían a la Iglesia catalana unas directrices insultantes contra el catalán", explica Duran. Y en 1902 el conde de Romanones impulsó desde el ejecutivo español una orden para que la catequesis fuera en castellano, pero de Riquer constata la llamada a la "sensibilidad" de la Santa Sede. También hay que tener en cuenta a los catalanes influyentes en el Vaticano: de Riquer menciona al cardenal Josep Vives i Tutó a caballo de los siglos XIX y XX, y actualmente también los hay, como mosén Jordi Bertomeu.

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Es cierto que una parte importante de la jerarquía eclesiástica en Cataluña confraternizaba con el poder, como dice Cattini, y esto explica que Torras i Bages se encontrara solo muchas veces. También por la defensa de la prédica en catalán, que se suma a la castellanización con nombramientos de obispos no catalanes. "El obispo tiene poder absoluto y, por eso, es importante la campaña "Queremos obispos catalanes", opina de Riquer.

En el siglo XVI, la castellanización llegó a cerca de la mitad del episcopado hasta el siglo XVII, mientras que en el siglo XVIII, después del decreto de Nueva Planta, osciló entre el 6% y el 35% de obispos catalanes; de 1800 a 1825 entre el 13,3% y el 16,6%, mientras que en 1850 hay un salto hasta los dos tercios de los obispos nacidos en Cataluña, que cae en 1900 hasta el 45%. En los primeros años de franquismo el porcentaje es de solo el 17,6%, mientras que después de la era de los tecnócratas vuelve a subir hasta el 72%. Una cifra que se mantiene porque en la actualidad el 70% de los obispos de Cataluña son catalanes, aunque los que no han nacido allí también son catalanoparlantes.

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Sin embargo, después del Decreto de Nueva Planta, mientras el catalán es expulsado del grueso de los ámbitos de prestigio, "donde la lengua es más constante y estable es en la Iglesia", subraya Duran. Se refiere a las parroquias, porque en la jerarquía proliferan los forasteros. No es hasta el franquismo que "se consigue romper" con la tradición de la institución con el uso del catalán.