Después del 23-J

El PP blinda a Feijóo pese a pagar por el fracaso de su estrategia

El partido seguirá presionando al PSOE para que se abstenga, mientras los socialistas defienden la mayoría progresista

MadridTras el 23-J, Alberto Núñez Feijóo asumía que los resultados habían quedado lejos de las "expectativas" marcadas por el partido, pero evitaba cualquier autocrítica. Sin embargo, es evidente que si el PP no ha llegado a los 150-160 diputados que preveía es que algo ha fallado. ¿Qué? De entrada, algunas voces apuntan a los errores de la última semana del líder popular, tanto la mentira sobre las pensiones –en el PP prefieren hablar de "inexactitud"– como las explicaciones sobre su relación con el narcotraficante Marcial Dorado. Pero también hay quienes admiten que el miedo a un gobierno donde estuviera Vox, precisamente en el momento en que se configuraban los gobiernos de coalición en Extremadura y en la Comunidad Valenciana, ha terminado mobilizando a la izquierda. Al PP le pesa también que en los últimos años se haya ido desconectando de prácticamente todas las fuerzas políticas y ahora sólo pueda contar con Vox como potencial socio. Ahora bien, ¿eso quiere decir que el partido ha perdido la confianza en Feijóo? Por el momento no. Este lunes los barones cerraron filas en torno a su liderazgo. También Isabel Díaz Ayuso, a quien se dirigen todas las miradas tras la victoria más difícil para el partido.

"En los últimos días se movilizó a la izquierda y nosotros nos confiamos demasiado", apuntan fuentes de Génova, que quitan hierro tanto a la cuestión de las pensiones como a la de Marcial Dorado. Donde sí ponen el foco es en Vox, tanto por cómo se gestionaron los pactos territoriales como por el papel que jugó la extrema derecha en toda la campaña. El alboroto en Extremadura es una de las cuestiones en las que hay más consenso a la hora de afirmar que les perjudicó. No tanto por el pacto en sí sino por el retroceso que hizo la presidenta extremeña, María Guardiola, después de desmarcarse de la extrema derecha. Algunos dirigentes lamentan que no se hayan "controlado" estos pactos anteriores al 23-J.

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El mismo portavoz de campaña del PP, Borja Sémper, apuntaba en una entrevista en ARA que después de ver cómo en algunos ayuntamientos donde gobiernan PP-Vox se habían censurado obras de teatro o se habían sustituido concentraciones contra la violencia machista por minutos de silencio por todas las violencias, la dirección había pedido a sus cargos locales estar más atentos a las voxadas.

De todas formas, el presidente de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón, se defendía este lunes asegurando que pactos con Vox como el que firmó él no han perjudicado a Feijóo. En Génova también intentan quitarle importancia y recuerdan que en esta comunidad los populares han crecido respecto a hace cuatro años y que Vox, en cambio, ha perdido votos. Ponen el foco, precisamente, en la estrategia del partido de Santiago Abascal en campaña y en un ejemplo concreto: "¿Ha ayudado a que Vox dijera que con un gobierno del PP y Vox se incendiaría Catalunya? Pensamos que no".

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El problema de tener a Vox como único socio

Que el PP vaya a depender de lo que dice Vox o de si tendrá que acabar pactando para gobernar es, precisamente, otro de los errores de estrategia del partido. Hasta no hace tantos años, los populares habían firmado pactos de gobernabilidad con partidos nacionalistas como el PNV, pero que haya adoptado una línea tan dura con el independentismo o que haya avalado dejar atrás consensos tan básicos como la lucha contra la violencia de género han hecho que ahora le cueste encontrar socios aparte de Vox. La prueba más clara es el escenario post 23-J, donde Feijóo sólo puede contar, hoy por hoy, con la extrema derecha como socio potencial -con el permiso de UPN.

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La estrategia popular, de hecho, pasa por recuperar "centralidad", y habían intentado demostrarlo en territorios como Canarias o Cantabria, donde consiguieron el gobierno con partidos regionalistas como Coalición Canaria (CC) y el Partido Regionalista de Cantabria (PRC). Pero estas alianzas han quedado en un absoluto segundo plano tras firmar pactos territoriales con Vox que validan, por ejemplo, la censura en obras de teatro o en publicaciones en catalán. Pese al portazo del PNV, Feijóo mantiene que todavía es "precipitado" concluir que no tiene margen para ser presidente. De hecho, la cúpula del partido considera que los nacionalistas vascos pueden cambiar de opinión y quieren seguir presionando al PSOE –contra quien llevan años lanzando un relato apocalíptico– para que se abstenga antes de negociar con Junts. Feijóo quiere volver a hablar con los socialistas una vez se conozca el recuento del voto exterior.

En la Moncloa, de momento, apuntan que Sánchez y Feijóo no se han instado a tener ninguna conversación y observan con cierta satisfacción cómo el líder del PP ve frustradas sus opciones de investidura en los primeros contactos. Sánchez prefiere dejar pasar el tiempo –no reaparecerá hasta la semana de la constitución de las Cortes, el 17 de agosto– y hasta entonces no abordará la investidura. Primero, hay que ver si el recuento del voto exterior de este viernes mueve el tablero: la mayoría progresista tiene ahora un escaño más que la suma de PP, Vox, UPN y CC, pero si la derecha arrebatara un diputado a la izquierda ya no bastaría con la abstención de Junts. En la primera intervención pública de dirigentes del PSOE tras el 23-J, las ministras María Jesús Montero e Isabel Rodríguez han coincidido en que existe una mayoría progresista y que la negociación con la formación de Carles Puigdemont no puede salir del "marco constitucional", informa Ot Serra.

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Pese a las fisuras en la estrategia del PP, de momento los principales cuadros del partido no ponen en duda el liderazgo de Alberto Núñez Feijóo. No es el momento para que Isabel Díaz Ayuso dé un paso que su entorno también niega que quiera dar ahora, pese a las palabras de Esperanza Aguirre de este mismo martes. La expresidenta madrileña ha cargado contra la estrategia de Feijóo de querer pactar antes con el PSOE que con Vox y ha insinuado que Ayuso debería dar un paso al frente.