Tribunales

La jurisprudencia que perdona delincuentes y tiene el origen en la mafia

La práctica de rebajar condenas a cambio de información fue una medida de emergencia para romper el pacto de silencio de la mafia siciliana

25/07/2026 - 13:01 h.

BarcelonaDurante las últimas semanas, la figura del confesor ha cobrado un protagonismo absoluto en el ecosistema judicial español. Pero el llamado derecho premial –la práctica del Estado de otorgar beneficios y rebajas de condena a cambio de información interna– no se diseñó en los despachos de Madrid para combatir la corrupción política. Algunas de sus raíces nos trasladan a las prisiones de los Estados Unidos y a las calles de Palermo (Sicilia), donde el estado tuvo que asumir una derrota previa para poder avanzar: la única manera de destruir una organización criminal cerrada es comprar la traición de sus propios miembros.

Durante más de un siglo, la mafia siciliana operó como una estructura inexpugnable gracias a la omertà, el pacto de silencio que castigaba la delación con la muerte. Hasta los ochenta, los investigadores estaban a ciegas. Tal como explica a ARA Federico Varese, profesor de criminología en la Universidad de Oxford, el principal obstáculo era que por parte de los aparatos estatales "no había concepción de la existencia de la mafia". Varese detalla que "había un gran debate sobre si la mafia siciliana existía" y la idea de pertenecer a una organización "no era aceptada" en el ámbito judicial. John Dickie, profesor de la Escuela Universitaria de Londres (UCL) contactado por ARA, matiza, sin embargo, que la omertà nunca fue una "regla absoluta que no se rompía jamás". El historiador revela que, históricamente, los jefes mafiosos filtraban información a las autoridades para eliminar rivales, pero era "un diálogo informal y subterráneo" que no tenía validez en los juzgados.

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El éxito de los estados en los años ochenta fue sacar estas confidencias a la luz y "convertir a los informadores en testigos del estado dentro de una sala de vistas", afirma Dickie. El terremoto que cambió esta visión llegó con la irrupción del pentito (el arrepentido). En los Estados Unidos, la grieta la abrió Joe Valachi en 1963. En Italia, el golpe de gracia lo dio Tommaso Buscetta en 1984. Cuando el juez Giovanni Falcone sentó a Buscetta delante, entendió que para desmontar la mafia debía ofrecer a los confesos aquello que el clan ya no les podía garantizar: supervivencia y libertad futura.

Este fenómeno no afectó a todas las mafias por igual. Varese destaca una clara "variación en el número de pentiti" entre la mafia siciliana y la 'Ndrangheta calabresa. Según el profesor, mientras la siciliana "recluta sobre la base del mérito", en la 'Ndrangheta "son familias reales, la familia de sangre". Por eso "encuentras que hay más pentiti en el caso siciliano que en el calabrés". La barrera psicológica cambia drásticamente: "Si eres un pentito en el caso siciliano, en efecto estás informando sobre tus compañeros criminales", destaca el experto, pero en la 'Ndrangheta "estás informando también sobre tu familia natural".

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El incentivo legal

La irrupción de los confidentes cambió las reglas de manera irreversible y trituró la estructura cultural criminal. El experto destaca que el incentivo legal convirtió la fidelidad en una opción mucho menos rentable. Este derecho de excepción, sin embargo, no nació exclusivamente para la mafia. Según aclara Varese y corrobora María José Rodríguez Puerta, profesora de derecho penal de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), la legislación en Italia "empezó con el terrorismo" con una ley aprobada en 1980 “que permitía reducir la pena a quien colaborase si se desvinculaba de la organización terrorista”. Rodríguez Puerta explica que fue en 1982 cuando esta cláusula "se traslada a la lucha contra la mafia", motivada por "la dificultad para descubrir e investigar la delincuencia organizada".

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Ahora bien, el precio ético pagado era alto. Varese subraya "dos problemas" que generan rechazo político y social. El primero es que "acabas premiando a personas que son criminales peligrosos" y esto hace que haya asesinos que salgan pronto de la cárcel. El segundo radica en la misma protección: "A estas personas se les da una identidad diferente, se las traslada del país y también se les da dinero, lo cual el público cree que es una idea terrible". Dickie suma el problema de la credibilidad y alerta de que el uso de pentiti "siempre ha sido muy controvertido" por el riesgo de topar con "fantasiosos". Pone de ejemplo el caso de la Camorra, en que un falso arrepentido acusó al presentador Enzo Tortora y creó un "escándalo masivo". El experto destaca que este peligro aumenta cuando se investigan delitos de cuello blanco, que son "más difíciles de probar legalmente" al no haber "pruebas forenses".

Estos debates se han trasladado a España, donde, como destaca Rodríguez Puerta, la figura también se introdujo "en el ámbito del terrorismo" con el Código Penal de 1973 y se ha ido extendiendo al narcotráfico hasta llegar a "la corrupción, en concreto el delito de soborno". La experta advierte de los recelos éticos que supone esta práctica, ya que "beneficia esencialmente a los de arriba, a los que tienen información útil". Para la profesora de la UAB, esto hace que las "funciones del derecho penal se pongan en duda" y envía el peligroso mensaje a la sociedad de que "si delinques después puedes no responder" solo por el hecho de ser el primero en delatar.