¿Por qué no hay una revuelta en el PSOE contra Pedro Sánchez?

A pesar de la tormenta judicial y los malos resultados electorales en el ciclo autonómico, el partido está cohesionado en torno a su líder

MadridSi cualquier observador imparcial aterrizase en Madrid y repasase lo que ha pasado en el último medio año, se haría una pregunta: teniendo en cuenta los resultados electorales autonómicos, las encuestas y la proliferación de presuntos casos de corrupción, ¿por qué Pedro Sánchez no tiene una revuelta interna en el PSOE? ¿Hay demasiada crítica actualmente dentro de los cuadros socialistas para montarle un pulso interno y forzar, por ejemplo, unas elecciones? La respuesta es que la probabilidad es casi cero. A pesar de que hay algunas voces que levantan el dedo, la oposición, ínfima, no está articulada, no tiene una cara visible ni tampoco apoyo en las estructuras orgánicas del partido, que están dominadas por afines a Sánchez. ¿Por qué motivo?

Vamos por partes. El PSOE ya no es el partido de hace diez años, la formación que desbancó a Sánchez de la secretaría general por no seguir el camino marcado y no querer abstenerse a favor de la presidencia de Mariano Rajoy. Tampoco es el partido que Sánchez reconquistó en 2017 con unas primarias inéditas con el equipo del Peugeot de José Luis Ábalos y Santos Cerdán (ahora ya destronados como exsecretarios de organización). El PSOE es actualmente una organización hecha a medida para Sánchez –Rebeca Torró, que lleva el timón en Ferraz, es de su plena confianza–, y el secretario general tiene el control tanto de la comisión ejecutiva federal como del comité federal. Después del trauma que Sánchez pasó en 2016, se conjuró que no le volvería a pasar, que el partido no se le volvería a girar en contra. En consecuencia, pues, ha ido tomando las decisiones necesarias para asegurarse una tropa fiel. Unos compañeros de filas que en esta época de crisis está haciendo piña en torno a su líder con el rumbo puesto a las elecciones hasta 2027. La consigna es resistir todos detrás del capitán.

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, ya que podrían beneficiarse de la movilización que Sánchez sí que genera en Cataluña frente al PP y Vox.

La estrategia de los ministros¿Dónde hay núcleos críticos? Aparte del grupo de González y los versos libres, está Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha. Como dirigentes más distanciados de Ferraz, o al menos no controlados del todo, está el secretario general de Castilla y León, Carlos Martínez, que sacó un buen resultado en los últimos comicios autonómicos a pesar de quedar segundo, o la alcaldesa de Palencia, Míriam Andrés. En Andalucía también está Hacer Más PSOE, liderado por el abogado Juan Silva, que pidió elecciones españolas tras el fracaso de María Jesús Montero.

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Una de las cosas que inquieta más a algunos cuadros territoriales, en todo caso, es la fecha de las elecciones españolas, que Sánchez mantiene en el 2027. Page pide directamente que la convocatoria sea previa a los comicios municipales y autonómicos del mes de mayo, ya que atribuyen a Sánchez buena parte del desgaste que pueden tener y quieren que se lo lleve él. Ante esta disputa, la plataforma de Jordi Sevilla ha puesto sobre la mesa que Sánchez diga que no se volverá a presentar después de ocho años en la Moncloa, tal como hicieron José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero, ya que de esta manera dejaría de haber el debate entre los cuadros territoriales. Proponen primarias, pues, y escoger un nuevo candidato. Un análisis que, por otra parte, no se comparte desde el PSC, hasta el punto que consideran que se deben mantener los comicios en el verano del 2027 o incluso no les importaría juntarlo todo en un superdomingo, ya que se podrían beneficiar de la movilización que Sánchez sí que genera en Cataluña frente al PP y Vox.

La estrategia de los ministros

¿Pero cómo ha conseguido Sánchez este control? Históricamente los contrapesos a la secretaría general del PSOE han sido la comisión ejecutiva federal y el comité federal. Dos organismos que ahora controla Sánchez a través de dos vías: situar gente de su máxima confianza, con la presencia de muchos ministros, en la dirección del partido, y enviar también a los miembros de su gobierno no solo a ser candidatos a las elecciones autonómicas sino sobre todo a ocupar la secretaría general de las diferentes federaciones del PSOE, que son los órganos clave para el comité federal, y evitar que existan barones fuertes en el territorio que le puedan hacer de contrapeso.

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Solo hay que hacer un repaso de las últimas decisiones: Pilar Alegría es secretaria general del PSOE en Aragón; María Jesús Montero, que era su mano derecha en el gobierno y en el partido, en Andalucía; y los aún ministros Óscar López y Diana Morant en Madrid y en el País Valenciano, respectivamente. También tiene personas de máxima confianza en Baleares con la presidenta del Congreso, Francina Armengol, y en el PSC que, aunque sea un partido diferente, forma parte del comité federal del PSOE. Salvador Illa, presidente de la Generalitat y primer secretario del partido, de hecho, es la única operación que le salió bien: dejó de ser titular de Sanidad y ganó las elecciones de 2021 para, cuatro años más tarde, convertirse en jefe del ejecutivo catalán, además de controlar todo el PSC. De hecho, Illa es, en el seno del PSOE –donde está muy bien valorado internamente– uno de los grandes valedores de la estrategia de Sánchez.

En resumen, como dice un buen conocedor del PSOE, si Sánchez controla Andalucía, Cataluña, Madrid y el País Valenciano tiene cualquier congreso ganado. Un cónclave que si se produjera hoy, no tiene duda de que ganaría Pedro Sánchez.