La oportunidad soñada por Carles Puigdemont

BarcelonaDesde hace tres años, Aliança Catalana se ha convertido en la peor pesadilla de Junts. Primero en Ripoll y después en toda Cataluña, el crecimiento de la extrema derecha se fundamenta en la adhesión al proyecto de independentistas desencantados –ahora también españolistas desencantados– y las encuestas apuntan que es Junts quien más sufre la fuga de votantes.

Para combatir esta realidad, los juntaires se sumaron primero a un cordón sanitario del cual, en buena parte, se han ido desmarcando con el tiempo. Después endurecieron sus propuestas contra la delincuencia, la inmigración irregular y los okupas. Pero los de Puigdemont no han encontrado todavía la venda que funcione para tapar la hemorragia. Por eso, la abstención del PSC esta semana a los presupuestos de Ripoll ofrece la oportunidad soñada por Carles Puigdemont para intentar cambiar la dinámica.

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"¿Qué hace el PSC para detener a Aliança? Pactar con Sílvia Orriols los presupuestos de Ripoll", se apresuró Junts a publicar en las redes una vez confirmado que el jueves, casi a medianoche, los socialistas se abstenían y facilitaban la aprobación de las cuentas del 2026.

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Esto, a Junts le permite, en primer lugar, cargar contra el PSC, al que hace tiempo que acusa de ser el principal flotador para la extrema derecha. Los juntaires están convencidos de que el presidente de la Generalitat y su partido confrontan con Aliança para perjudicarles y quitarse de encima al principal competidor electoral. Salvador Illa ha tenido que salir en persona este sábado a desmentir cualquier tipo de pacto con Sílvia Orriols: "Jamás habrá acuerdos con quienes hacen apología de la intolerancia y la división".

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Pero, sobre todo, el episodio de Ripoll permite a Junts remover las contradicciones de Aliança, que ahora ha necesitado el apoyo del PSC, el partido que representa, en teoría, el modelo antitético al que aspira la extrema derecha independentista. Aliança sabe que la votación de los presupuestos le puede traer consecuencias negativas y lo demuestra el hecho de que la cúpula en pleno del partido haya salido a menospreciar la abstención socialista. "Se han abstenido de francos", ha remarcado en X la misma Orriols, que se reunió para negociar con los regidores del PSC, y ha añadido que ellos no pactan "jamás" con "la sucursal del PSOE".

En Barcelona, pues, Aliança defenderá a partir de ahora que Ada Colau no pactó jamás con Manuel Valls –como dicen los comunes– y que Collboni jamás lo hizo con el PP –como remarcan los socialistas–. Es cierto que, si el PSC no se hubiera abstenido, probablemente Orriols habría tenido igualmente presupuestos un mes después gracias a una nueva cuestión de confianza.

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Y es aquí donde Junts no puede acabar de explotar esta oportunidad soñada. A Aliança no le pueden reprochar mucho los pactos con el PSC porque ellos invistieron a Pedro Sánchez y hasta hace poco tenían un acuerdo de estabilidad con el PSOE. Y a los socialistas tampoco les pueden buscar las cosquillas por dar oxígeno a Aliança cuando hace un año fue Junts quien se borró a última hora de la moción de censura que habría echado a Orriols de la alcaldía.

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Los estrategas de Junts tendrán que trabajar indirectamente para intentar que los votantes vean que, cuando toca, Sílvia Orriols también acepta votos socialistas, no cuelga la estelada o retira la bandera española del Ayuntamiento ni cierra las mezquitas.

Los detalles de la semana

1.
Los croissants de Aldama

Víctor de Aldama es el tercer protagonista en el juicio de las mascarillas que ha comenzado esta semana en el Tribunal Supremo. Él, el presunto corruptor, ya ha conseguido un mejor trato de la Fiscalía que los dos presuntos corruptos, José Luis Ábalos y Koldo García. Ahora, pero, también lo quiere conseguir de la prensa: el martes llevó croissants y palmeras para que desayunaran los periodistas.

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2.
Montero y el matrimonio de Felipe González

María Jesús Montero tiene una misión, según las encuestas, prácticamente imposible en Andalucía. Para intentar superar al PP, esta semana se ha rodeado de caras conocidas del socialismo como la de Carmen Romero, la exmujer de Felipe González, que presentó a la candidata en un desayuno informativo. A diferencia de su exmarido, Romero sí que parece que podría votar al PSOE.