La gobernabilidad del Estado

PP y Vox intentan destruirse en Castilla y León antes de que les toque pactar

El PSOE no pierde la esperanza de ser la sorpresa de la noche electoral

15/03/2026

MadridQue un PSOE que no sea primera fuerza en las elecciones en Castilla y León es un escenario más habitual que en Extremadura o Aragón. Mientras que en las dos comunidades donde ha comenzado este ciclo electoral los socialistas han gobernado durante más años que los populares, el territorio que les coge el testigo es un feudo histórico del PP. Los conservadores llevan gobernando ininterrumpidamente desde 1987, cuando José María Aznar desbancó al PSOE e inauguró cuatro décadas de hegemonía de la derecha. En la comunidad autónoma más extensa de España, los socialistas solo han ganado en dos ocasiones, en 1983 y 2019 –coincidiendo con la primera victoria de Pedro Sánchez en el Estado–, si bien hace siete años no les sirvió para que la izquierda llegara al ejecutivo regional. En la cita electoral de este domingo, con un Sánchez en su momento más complicado, todo apunta a que el PP será primera fuerza, pero volverá a depender de Vox.

En las filas populares asumen que la mayoría absoluta no es un escenario plausible. Desde 2015, con la irrupción de Podemos y Cs, el PP necesita el apoyo de otras formaciones para gobernar en la región. Quien tiene la llave de la gobernabilidad desde hace cuatro años es Vox, que hace cuatro años obtuvo más de un 17% de los votos y, si las encuestas aciertan, ahora tendrá aún más. La incógnita es hasta qué punto puede crecer la extrema derecha –en una comunidad de donde ya parte de un umbral elevado– y qué capacidad de resistencia tendrá la derecha tradicional en pleno pulso entre Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal por el bloqueo en las negociaciones para formar gobierno en Extremadura y Aragón, donde el PP también los necesita. Los sondeos difundidos internamente por los populares, según fuentes del partido en Castilla y León consultadas por el ARA, apuntan a una subida en votos en las nueve provincias que se traduciría en un modesto incremento "de algún" escaño. Las últimas encuestas publicadas, de diversas consultoras privadas, les dan como mucho tres más y al mismo tiempo sitúan a Vox por encima del 20%, con un incremento de hasta siete escaños.

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Confrontación directa

Así pues, la principal batalla es dentro del bloque de la derecha, tal como se ha podido percibir durante los quince días de campaña en los que PP y Vox han confrontado directamente. En uno de los últimos actos, este jueves por la noche en un municipio de Burgos, el líder popular –que ha tenido agenda propia– advirtió a Abascal que no acepta "lecciones de patriotismo" de su parte. "Me daría vergüenza votar con el PSOE y con Podemos en Extremadura", le reprochó a Vox. Uno de los principales ejes del argumentario del PP ha sido reivindicarse como un partido de "certezas" y centrado en los problemas del territorio, haciendo énfasis en la trayectoria de gestión popular y criticando que en verano de 2024 la extrema derecha "salió corriendo" del gobierno de coalición que compartían. Su candidato, Alfonso Fernández Mañueco, ha incidido también en la crisis interna de los de Abascal –exdiputados autonómicos de Vox concurren ahora con Se Acabó la Fiesta (SALF) de Alvise Pérez, sin que las encuestas les den opción de entrar en las Cortes– y ha insistido en que Vox está controlado desde Madrid –el "barón" del PP asegura, en cambio, que Génova no pilotará sus negociaciones.

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Las mismas fuentes del PP regional aspiran a convencer al votante "sensato" y "razonable", si bien admiten que Vox atrae mejor el voto "populista" así como el de los jóvenes. Sin embargo, Castilla y León es justamente una de las autonomías más envejecidas de España. Abascal, que se ha volcado de nuevo en la campaña como si fuera él el cabeza de lista, ha advertido reiteradamente a Mañueco que los ataques a Vox pueden salirle caros y que cada exabrupto contra ellos encarece el precio de su apoyo cuando los necesite. En unas intervenciones que también han tenido clave estatal, el líder de la extrema derecha ha cuestionado el liderazgo de Feijóo y su oposición "de pitiminí" y ha cargado duramente contra Génova culpándolos de ser, una vez se han implicado en las conversaciones de Extremadura y Aragón, el escollo de los pactos.

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El escenario a la izquierda

A pesar de reconocer la "adversidad" del panorama electoral para la izquierda y en unos comicios donde también entran en competición formaciones regionalistas, como Unión del Pueblo Leonés, el PSOE exhibe optimismo y se ha mostrado confiado hasta el último día de campaña en la posibilidad de ser primera fuerza. Los socialistas se aferran, entre otros, a que consideran que el perfil de su candidato, Carlos Martínez, alcalde de Soria, es mejor que el de Mañueco. "Hay ganas de cambio", sostienen después de una campaña en la que han tenido el impulso del "No a la guerra" y han atacado duramente al popular por su gestión y las cesiones ideológicas a la extrema derecha. Quien también aspira a aprovechar "el miedo a esta espiral del odio" es la candidatura de Izquierda Unida y Sumar, encabezada por Juan Gascón, que en una conversación con el ARA afirma tener "muy buenas sensaciones".

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La coalición espera conseguir al menos un escaño por Valladolid, el que perdería Podemos, que se presenta por separado y esta vez lo tiene difícil para entrar en las Cortes –tampoco lo consiguió en Aragón–. Gascón, que reivindica que IU-Sumar ha centrado más que el PSOE la campaña en asuntos del territorio, aspira a aglutinar, aparte del voto de "la izquierda transformadora", el de los castellano-leoneses con convicciones "éticas" preocupados por el futuro de la región. En este sentido, ve "positivo" que el anterior candidato de Cs y exvicepresidente regional, Francisco Igea, haya anunciado que le votará. "Castilla y León puede ser conservadora, pero no es de extrema derecha", sostiene.

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