Seis agentes de los servicios secretos españoles estaban implicados en el intento de golpe de estado

El CESID lo admite en un documento interno desclasificado por el gobierno español

Seis miembros de los servicios de inteligencia españoles estuvieron implicados en el intento de golpe de Estado del 23-F. Esto es lo que admite en un documento el Centro Superior de Información de la Defensa (Cesid) —la versión anterior del Centro Nacional de Inteligencia (CNI)— que el gobierno español ha desclasificado este miércoles. "Algunos miembros de esta unidad participaron activamente en los hechos del 23 de febrero", reconoce el CESID después de haber realizado una investigación interna y "discreta" que concluyó que seis personas "o bien conocían los hechos antes del 23" o "planificaron un apoyo operativo". Destaca el nombre del capitán García Almenta, que, según el documento, dio "órdenes directas" a miembros de una unidad de élite del Cesid —llamada Agrupación Operativa de Misiones Especiales (AOME)—, que tenía una cierta autonomía, para ayudar a los golpistas.

Fue él quien "dispuso de los medios, emisores, receptores y vehículos" para que tres miembros de los servicios secretos, de menor rango, dieran "apoyo" a la columna que se dirigió al Congreso para asaltarlo. Una vez fracasado el intento de golpe de Estado, la unidad activó "una operación que justificase sus movimientos", llamada operación Míster, para "tratar de encubrir su participación", recoge el informe. La activaron el 24 de febrero. Una de las personas a las que se atribuye esta iniciativa para tratar de camuflar el apoyo a los golpistas es el comandante Cortina, de quien, según el documento, solo hay indicios no comprobados y de quien se afirma que había tenido contactos previos al 23-F con el embajador de Estados Unidos y con el representante del Vaticano.

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De esta unidad solo dos personas fueron procesadas judicialmente. Una de ellas Cortina, que era quien dirigía la unidad y fue absuelto, y la otra el capitán Vicente Gómez Iglesias, condenado a seis años de prisión e indultado en 1984, que era la mano derecha del primero. Pese a la falta de consecuencias penales, en otro informe que recoge las declaraciones de los implicados y otros miembros de la AOME se recogen sospechas contra ellos dos. Gómez Iglesias tenía una reconocida amistad con el teniente coronel Antonio Tejero. Justamente el día 23 se mantuvo al margen de la acción alegando un "cólico nefrítico". El testimonio del cabo Diego Camacho, a quien no se incluye en el grupo de implicados, pone en duda la actuación de Cortina.

Camacho, que entró al Congreso aquella noche, recuerda que le sorprendió que después de trasladar a Cortina que allí dentro se comentaba que el jefe de la conspiración era el general Alfonso Armada, el día 25 se dedicase a hacer un discurso "exculpatorio" del militar golpista. También recuerda que otro cabo implicado en los hechos reconoció ante él que había conspiradores dentro de la unidad. Ahora bien, de los subordinados de Cortina que actuaron el 23-F, ninguno fue juzgado. García Almenta y dos cabos más fueron simplemente dados de baja del Cesid y otros agentes fueron apartados de la unidad. La mayoría, sin embargo, continuaron su trayectoria dentro del ejército en otras unidades y destinos.

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El rol del CesidMás allá de los conspiradores de esta unidad, un informe sin fecha recoge que el Cesid "en todo momento estuvo al corriente de las actitudes de los movimientos de extrema derecha". Se narra todo lo que hicieron los servicios de inteligencia la jornada del 23-F. El informe empieza asumiendo que al inicio del golpe se rompió la "relación del Cesid con su mando natural", el ministerio de Defensa, pero que la dirección en funciones del organismo ordenó un despliegue de unidades en las inmediaciones del Congreso de los Diputados y en los accesos a la capital e hizo llegar recomendaciones a la autoridad militar para hacer descarrilar el golpe. En concreto se recomendó usar "medios de megafonía" para que los golpistas depusieran las armas.

La dirección ordena a las unidades informar cada dos horas. El objetivo inicial era conseguir "aislar la zona del Congreso para cortar refuerzos" y conseguir la rendición de los sublevados. El informe considera que la actuación del Cesid, al margen de sus miembros involucrados en el golpe, permitió "proporcionar una información veraz e inmediata del desarrollo de los acontecimientos", lo que permitió "desmentir rumores infundados y facilitar la toma de decisiones".

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El informe también asegura que dos miembros del Cesid consiguieron entrar al Congreso y hablar con los jefes del golpe de Estado, y "intentaron disuadirles de su actitud". "Estos explicaron su actitud, que en aquel momento parecía irreductible, y no pusieron ninguna dificultad para la salida posterior del personal del Cesid". El texto sigue: "Otros miembros del Cesid pudieron entrar igualmente al Congreso y hablar con alguno de los números de la Guardia Civil participantes en la ocupación. Se supo enseguida que el número realmente comprometido era una minoría y el resto habían ido engañados".

El despliegue del Cesid se levantó parcialmente a las 04.00 horas del día 24, y a las 14:00 "se replegan los equipos de refuerzo mantenidos hasta entonces".

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"Tirar a matar" dentro de RTVE

Los militares que entraron en RTVE el día del golpe de Estado tenían órdenes de "tirar a matar", según se desprende de los papeles del 23-F. "El primer disparo al aire y el segundo a tocar, con los cargadores puestos", explicaba uno de los militares que estuvo allí a su interlocutor. Por otro lado, y ante la presencia de Tejero y 2.000 militares en el Congreso, ese día el Grupo Especial de Operaciones de la Policía (GEO) diseñó una operación para liberar la cámara que asumía que podía haber entre 80 y 110 muertos. Se acabó descartando.