¿Por qué se vuelve a tener miedo por las fronteras?

La crisis migratoria de Ceuta y las guerras recientes vuelven a poner sobre la mesa el concepto de integridad territorial

10/08/2026 - 07:01 h.

BarcelonaLa crisis migratoria vivida en las fronteras de Ceuta ha vuelto a hacer aflorar con fuerza en el debate público un concepto que parecía haber quedado olvidado: la integridad territorial. Entendida como el principio inalienable de derecho internacional que otorga a un estado el derecho de preservar intacto su territorio y de proteger de manera inviolable sus fronteras, esta idea ha vuelto a copar los titulares de los medios de comunicación y a monopolizar los discursos más encendidos de muchos políticos desde los atriles. Pero, ¿de dónde surge este concepto y por qué vuelve a dar miedo su vulneración?

El origen histórico de esta noción va estrechamente ligado al nacimiento del estado moderno y a "la Paz de Westfalia, en 1648". Según detalla en conversación con el ARA Antoni Abat i Ninet, director del Instituto de Estudios Europeos de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), uno de los pilares fundamentales de aquel tratado fue precisamente blindar la "unidad y la invisibilidad de los estados" que surgían en aquel momento histórico. Posteriormente, esta premisa pasa a formar parte indisoluble del concepto de soberanía contemporánea que, tal como relata Oriol Costa, profesor de relaciones internacionales en la UAB, toma su sentido actual a partir de 1945. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, "reconocer la soberanía de los otros y tener la soberanía reconocida por los otros" pasa a erigirse en "el elemento central de la civilización del sistema internacional", subraya el profesor a este diario.

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Este nuevo paradigma basado en el respeto "cambia completamente el sistema internacional", destaca Costa, ya que significa que en la práctica "tú estás prohibiendo las guerras de agresión". El experto afirma que en el momento en que "las guerras de conquista quedan prohibidas", el tablero global se transforma y "habrá muchos estados que dejarán de tener miedo de que les haga la guerra el estado opuesto". En el caso español, esta pulsión por blindar el territorio se plasma nítidamente y con gran trascendencia jurídica en la carta magna, dado que, como advierte Abat, "la Constitución española, en la primera frase del artículo 2, dice que se fundamenta en la indisoluble unidad del Estado". Así, cuando surgen crisis sobre el estatus de los enclaves norteafricanos de Ceuta y Melilla, el muro legal es infranqueable para los constitucionalistas, que lo frenan con este argumento: "Nosotros no negociamos nuestra integridad nacional".

El retorno del miedo

Los expertos advierten que, a pesar de haber sido el gran pilar estabilizador durante décadas, este principio de inviolabilidad se ha ido erosionando "desde 2010" o incluso, para algunos analistas, "en 2008 con la guerra de agosto Rusia-Georgia". Costa advierte que este desgaste constante da un salto de escala histórico con "la anexión de Crimea por parte de Rusia en 2014" y culmina con "en 2022 con el ataque ruso sobre Ucrania", sin olvidar los recientes episodios como "las amenazas de Trump sobre Canadá y Groenlandia" o los mapas geopolíticos donde "Venezuela sale como quincuagésimo primer estado de los Estados Unidos".

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Ante este escenario, Abat recuerda que un estado puede legislar sobre su integridad, pero "si la realidad es una perspectiva de hechos reales que se imponen por la fuerza, las constituciones quedan en papel mojado". Además, las intromisiones ya no afectan únicamente al suelo geográfico, sino que hoy "también es el espacio aéreo o las telecomunicaciones", lo que convierte las nuevas guerras híbridas en una vulneración al estado territorial. Es así como, advierte Costa, "vuelve este miedo que había quedado relegado".

Se resquebraja así, pues, una falsa sensación de seguridad en la que, como destaca Costa, "cuando uno no sufre por las fronteras es mucho más sencillo hacer como si no existieran". El experto explica que en el Viejo Continente, la gran fórmula magistral para pacificar conflictos históricos fue "fijar las fronteras, que nadie las toque" para, a continuación, intentar "hacerlas irrelevantes" a base de crear "el máximo de interdependencias económicas o institucionales de todo tipo". "Si las fronteras vuelven a estar en juego, después, normalmente, vuelves a tener incentivos para defenderlas", concluye.