Crónica

Insomnio, ansiedad y falta de concentración: los universitarios viven así la pandemia

Algunos alumnos vuelven a las aulas después de meses sin clases presenciales

BarcelonaPedro Martínez asegura que antes las noticias le importaban un pepino. Ahora no solo le interesan sino que también lo enfadan. "Cuando veo que hay gente que puede hacer según qué y nosotros no podemos ir a clase, me cabreo", dice sentado en el vestíbulo de la Facultat de Química de la Universitat de Barcelona. Tiene 18 años y cursa primero. Este lunes charlaba animado con un compañero y celebraba la buena noticia: desde hoy, por fin, algunos alumnos pueden volver a las aulas. En concreto los de primer curso y los que hacen alguna asignatura práctica. Hacía más de tres meses que no las pisaban.

Con todo, la Facultar de Química seguía siendo un desierto este lunes. Era difícil encontrar estudiantes por los pasillos, las puertas de la mayoría de las aulas estaban abiertas de par en par y dentro no había absolutamente nadie: los bancos colocados en forma de anfiteatro se sucedían vacíos, y en la mesa del profesor no había nadie que impartiera clase.

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Desde que empezó la segunda oleada de la pandemia, a mediados de octubre, las clases se hacen online. Esto significa en la práctica que los alumnos que se estrenaron en la universidad en septiembre tuvieron que abandonar el campus a las pocas semanas y encerrarse en casa para seguir las clases a través de una pantalla. Sus aspiraciones de conocer a gente, ir a fiestas y, en definitiva, disfrutar de la vida universitaria se fueron al traste. Y lo peor es que no ven la luz a final del túnel. Para volverse locos.

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Esto precisamente es lo que corrobora la psicóloga de la Unitat de Teràpia de Conducta de la UB Mar Arcos Pros: todo esto está afectando psicológicamente a todo el mundo, quien más quien menos. La Unitat de Teràpia de Conducta puso en marcha en abril un servicio específico de apoyo psicológico por la pandemia y, según Arcos, las consultas se dispararon en octubre cuando empezaron las clases online, y se volvieron a disparar después de las vacaciones de Navidad, cuando la situación siguió igual. El perfil predominante de las personas que recurren a este servicio son estudiantes de 18, 19 o 20 años que nunca antes habían acudido a un psicólogo y que aseguran que toda esta situación los sobrepasa. Muchos dicen directamente que sufren ansiedad.

De hecho, preguntando este lunes en la Facultat de Química, la mayoría de estudiantes admiten que llevan mal el tener que seguir las clases encerrados en casa. "A mí se me ha trastocado el sueño", comenta Joel Rico, de 18 años y también estudiante de primer curso. Su compañero de clase Álex Cruz asiente con la cabeza y asegura que a él le pasa lo mismo. Explican que se van a dormir a las tres o las cuatro de la madrugada, se levantan por la mañana para dar clase, y después por la tarde duermen porque se mueren de sueño. ¿Que qué hacen despiertos tan tarde por la noche? "Chatear, jugar...", responden de forma vaga. No son los únicos: otros universitarios contestan lo mismo, que por la noche no pueden dormir.

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La mayoría también responden de forma generalizada que, cuando dan clases online, se levantan por la mañana cinco minutos antes de que empiecen. O sea, que no tienen ni tiempo de quitarse el pijama y las siguen tal como se levantan. Algunos incluso confiesan que, de lunes a viernes, no salen de casa en todo el día. Y los fines de semana tampoco hacen nada del otro mundo. "Nos sentamos en un banco en una plaza", explica Belén Ejarque, que tiene 19 años, estudia primero de química y de administración y dirección de empresas, y charla con unas compañeras a la puerta de la facultad. "El domingo hizo un año que no piso una discoteca. Es muy triste", lamenta. Para desahogarse, baila en casa y pone la música al máximo. Sus amigas corroboran que esta también es su vía de escape.

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Con este panorama, es difícil concentrarse: esta es una de las principales preocupaciones de los universitarios que recurren a la Unitat de Teràpia de Conducta. "Dicen que no se concentran para leer y que, en consecuencia, no pueden estudiar ni avanzar en clase", explica la psicóloga. Es un pez que se muerde la cola. ¿La solución? En la Facultat de Química hay dispensadores de gel hidroalcohólico en los pasillos, se ha habilitado una puerta de entrada y otra de salida y se desinfectan las aulas después de cada uso. Ahora solo falta que vuelvan los alumnos.