Barcelona

"100 euros por el Lamine de oro": malestar en Sant Antoni por la venta ilegal de cromos

La fiebre por los cromos del Mundial vuelve a colapsar la zona cada domingo

12/06/2026

Barcelona"El Lamine Yamal de oro cuesta 100 euros". La frase la dice una mujer que está sentada en un banco de la ronda de Sant Antoni con un montón de carpetas llenas de cromos a su alrededor. Como ella, es fácil distinguir a otras personas equipadas con carpetas similares entre la multitud de personas que este domingo intercambian cromos en la zona. Algunos incluso han puesto una mesita. Son vendedores ilegales de cromos, un fenómeno que va al alza y que se ha disparado estas semanas a raíz de la fiebre por los adhesivos del Mundial. Esta situación está agotando la paciencia de los comerciantes del mercado dominical de Sant Antoni, que han pedido reiteradamente a la Guardia Urbana que intervenga ante esta competencia desleal.

Uno de los paradistas más críticos con la situación es Ferran Roig. Desde finales de 2020 cuenta con una licencia para vender cromos en el mercado dominical que le costó 25.000 euros. A todo esto le tiene que sumar el canon mensual que paga por estar en el mercado y los impuestos que paga como autónomo. Censura que, en cambio, a escasos cincuenta metros de su parada pueda haber personas vendiendo cromos como él sin tener que hacer frente a todos estos costes. Asegura que el volumen de negocio fraudulento que se puede producir en la zona ronda los 5.000 o 6.000 euros cada fin de semana.

Cargando
No hay anuncios

"Esto siempre ha pasado, pero es que ahora se ha instalado un mercado alternativo", denuncia Roig, que señala que desde hace un tiempo los vendedores ilegales incluso sacan mesas y sillas o cuentan con terminales de pago con tarjeta de crédito. Los compara con los percebeiros furtivos. "Hacen competencia desleal porque no pagan ningún impuesto y eso les permite vender cromos a precios irrisorios", lamenta. Para poner un ejemplo, el Lamine Yamal de oro que se vende a 100 euros en la ronda de Sant Antoni vale 150 euros en su parada. Según dice, todo empezó hace cuatro años con la colección de cromos del Mundial de Qatar. Ahora, ante una nueva cita mundialista, se ha vuelto a disparar.

"Están tan instaurados que nadie piensa que es una actividad ilegal. Confunden a las familias", dice resignado Roig, que recientemente ha vuelto a tener otra reunión con miembros de la Guardia Urbana que, dice, le han prometido actuar. Apunta que la venta callejera se ha multiplicado también porque en plataformas de venta como Wallapop se han puesto "más serios". "Ahora prefieren vender allí en mano, cobrar en efectivo y fuera", añade.

Cargando
No hay anuncios

Ni Colau se escapa de la fiebre

La fiebre por los cromos del Mundial se ha disparado este año a niveles que han superado las expectativas de Panini –la empresa que los fabrica– y los mismos vendedores de Sant Antoni. "En mi puesto hay el doble de gente que habitualmente, y la mitad vienen por el Mundial", admite Roig. Las aceras alrededor del mercado corroboran este éxito. Desde bien temprano hay grupos de personas intercambiando pegatinas de las selecciones de Argentina, Marruecos, España pero también de Curazao, Uzbekistán y Cabo Verde, algunas de las sorpresas mundialistas. A media mañana el barrio ya está colapsado.

Cargando
No hay anuncios

Al mediodía ya es toda una odisea intentar cruzar a pie la zona. Cientos de personas bloquean el paso en los cruces de Tamarit con Comte Urgell –con problemas incluso para algunos vecinos que intentan salir de sus casas–; de Comte Borrell con Manso –donde una mujer con bastón reniega ante la multitud de personas que le dificultan el paso– y, sobre todo, de la nueva ronda Sant Antoni con ronda Sant Pau, donde salir de la boca del metro ya es una yincana porque los grupos que intercambian pegatinas del Mundial ya ocupan todo el espacio. Todos los alrededores del mercado están también salpicados de otros grupúsculos más pequeños.

Que nadie escapa de la fiebre lo demuestra que entre los cientos de personas que había el domingo intercambiando cromos se pudo ver, incluso, a la exalcaldesa Ada Colau, acompañando a sus hijos a intentar completar la colección. Lo hacían bajo un sol inclemente, que hacía que los grupos se fueran desplazando en busca de los espacios de sombra. Cerca de la una del mediodía, incluso hubo un chico que se desmayó por el calor. Cuando llegó la ambulancia que alguien había reclamado, sin embargo, el chico ya estaba cambiando cromos como si nada hubiera pasado.