El barbero más longevo de Barcelona sigue cortando cabellos con 89 años
Ramon Bruño mantiene abierta su barbería del barrio de Sants: "Estaré aquí mientras el cuerpo aguante"
BarcelonaPasa a pocos metros de las obras de la nueva estación de Sants, pero la escena parece más bien propia de otro tiempo. De otra ciudad. Sentado en la silla de ruedas eléctrica con la que se mueve, es fácil ver muchas mañanas a Ramon Bruño. Podría parecer solo un hombre de edad avanzada tomando el fresco en la calle Riego, pero Ramon espera clientes. A sus 89 años, continúa al frente de su pequeña barbería en Sants. Y es, a buen seguro, el barbero más longevo de Barcelona.
"En casa me aburro", responde divertido cuando se le pregunta cómo es que todavía trabaja. El negocio lo abrió su padre en el año 1943, y él empezó a remojar las primeras barbas desde muy pequeño. "Con siete años ya le ayudaba", rememora. 82 años después, continúa atendiendo a clientes fieles que confían en sus manos. Ramon tiene unos cuantos mandamientos: no da hora –si llegas y está libre, te sientas–, solo corta con tijera –"no quiero saber nada de máquinas", dice– y no habla de política.
El local tiene el encanto de las cosas que han quedado congeladas en el tiempo. Que sirva de muestra la estantería –casi un altar– en la que Ramón exhibe todo tipo de utensilios y productos de otra vida: una de las primeras botellas de Floïd, jabones de todo tipo, un secador histórico, diversas fotografías de él y de su padre trabajando... Testimonios de una historia, la de la barbería, que es también la de la familia Bruño y, por descontado, la del barrio de Sants.
Ramón resume el cambio que ha vivido la zona evocando dos imágenes del pasado. Cuando la calle todavía era de tierra –y no el amable paseo de peatones que es ahora–, y cuando el tren todavía circulaba al aire libre y el humo se veía desde la barbería. Un paso del tiempo que, admite, también ha cambiado el paisaje humano del barrio. "He visto marchar a muchos vecinos. Los últimos, hace unos días, se marcharon al pueblo porque ya no podían subir las escaleras del piso", dice.
También los estilos de peinado han cambiado. Durante el servicio militar se especializó en el corte a navaja, pero "solo estuvo de moda cuatro o cinco años". "Después vinieron los Beatles y todo el mundo llevaba el pelo largo, hasta que llegó Grease y el John Travolta", añade. Ahora, bromea, prefiere no hablar de los gustos de los clientes más jóvenes. Sus clientes –muchos de los cuales veteranos– son más clásicos, pero Ramón avisa que cada peinado, bigote o barba es un mundo: "El barbero siempre es un poco artista", ríe.
El sueño de la joyería
El local ha cambiado poco con el tiempo. Lo atestiguan la puerta azul de madera y el cartel austero con letras negras sobre blanco. En el pasado, sin embargo, había habido hasta cuatro sillas para cortar cabellos. Después Ramón instaló un biombo para empequeñecer el local cuando el Ayuntamiento de Porcioles empezó a hacer pagar tasas a los locales en función de los metros cuadrados disponibles. Ahora solo hay dos sillas. Una de adulto y una de niños con un caballo delante que tiene desde hace décadas. "Yo quería poner el Bambi, pero tuvo tanto éxito que estaba agotado y al final opté por el caballo", desgrana. Todavía hoy muchos padres y abuelos pasan con sus hijos y nietos por delante de la barbería y les explican que un día ellos se sentaron en aquella silla cuando eran pequeños.
A pesar de llevar más de ochenta años en la barbería, Ramón confiesa que su sueño no era cortar cabellos. "Si hubiera tenido estudios o dinero, me habría dedicado a la joyería", asegura, y explica que todavía hoy recorta de las revistas pendientes, colgantes o anillos que le gustan. Sin embargo, continúa abriendo el negocio cada mañana y promete seguir al pie del cañón "mientras el cuerpo aguante". "Yo vendré mientras esté aquí", remata Joan, uno de los clientes fieles que este miércoles por la mañana acaba de salir de la barbería hecho un pincel.