Barcelona

Más allá del caso de Pepe: radiografía del Buen Pastor

El barrio ha vivido una profunda transformación en los últimos quince años, y todavía tiene que crecer más

18/04/2026

BarcelonaEl regreso de Pepe a casaeste jueves tras pasar una semana en prisión provisional en Can Brians ha dado aire al barrio del Bon Pastor de Barcelona. El caso de este hombre en silla de ruedas que mató a un ladrón que quería robarle ha alterado el día a día de unos vecinos acostumbrados a vivir al margen de la ciudad, pero tranquilos. Durante unos cuantos días, el desafortunado episodio ha puesto el foco sobre sus calles, que han llenado horas de televisión con un retrato del barrio centrado en la seguridad que no explica, ni de lejos, la realidad de un Bon Pastor que continúa siendo un gran desconocido para buena parte del resto de la ciudad.

"Siempre ha habido un cierto prejuicio. Somos barrios que todavía nos miran un poco raro", opina Yolanda López. Ella es la presidenta de la asociación Fem Soroll, que hace años que organiza actividades culturales en el Bon Pastor. Pese a los avances en la conectividad con el resto de Barcelona –la llegada del metro en 2010 fue una revolución–, López argumenta que el hecho de quedar en un extremo de la ciudad hace que muchos barceloneses "no tengan que ir allí para nada". "Es un barrio que queda arrinconado", dice, aunque asegura que la estación de metro y el centro comercial La Maquinista los han puesto sobre el mapa.

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Una simple ojeada al mapa certifica esta condición de frontera de la ciudad. Entre los límites que marcan el río, la ronda Litoral, los polígonos industriales y las vías del tren, viven cerca de 16.000 personas. El amplísimo banco de información de la Oficina Municipal de Datos (OMD) ayuda a hacer un retrato robot de ella. Como ocurre con buena parte de los barrios del eje Besòs de la ciudad, el Bon Pastor se incluye entre las zonas donde los vecinos tienen una renta disponible más baja –16.534 euros, comparado con los 22.994 de media en la ciudad según el último dato publicado– y también entre los que tienen más población nacida en el extranjero.

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El 1 de enero de 2024, un 39% de los vecinos del barrio habían nacido fuera del Estado, por encima del 33,7% en el cómputo global de Barcelona. De estos, un 61,9% eran provenientes de países americanos –sobre todo de Honduras y Colombia–; un 20,2% de Asia –principalmente de Pakistán–, y un 9,9% de África, la mayoría de los cuales, marroquíes. Como en buena parte de la ciudad, muchos han llegado en los últimos años. Las personas con nacionalidad extranjera eran un 13,2% de los vecinos del Bon Pastor en el año 2017. En 2023 ya eran un 26,3%. Un auge que ha empujado la población del barrio hasta las 16.000 personas, unas 3.500 más que hace ocho años.

El caso de Pepe ha reabierto también el debate sobre la inseguridad, que a menudo se mueve en el terreno de las percepciones. Estos días, en el barrio, conviven vecinos como Carmen que salen de casa sin objetos de valor y atemorizados, con otros, como la misma Yolanda López o la presidenta de la asociación de vecinos de Bon Pastor, Paquita Delgado, que niegan haberse sentido más inseguros en los últimos años. Sin datos públicos en el ámbito de los barrios, una visión aproximada nos la dan los datos de los Mossos d'Esquadra sobre hechos penales conocidos en el conjunto del distrito. Unas cifras que muestran que mientras en el conjunto de Barcelona la curva de los delitos va a la baja, en Sant Andreu han crecido año tras año desde la pandemia hasta llegar a los 11.043 del 2025. El segundo dato más alto de los últimos quince años y cerca de los 11.149 delitos del 2019.

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Una transformación profunda

La fotografía no es completa, pero, sin pasear por el barrio. Hacerlo al lado de dos de sus vecinos más activos – Paquita Delgado y Chema Fanlo– ayuda a entender la profunda transformación que ha vivido el Bon Pastor, que tiene como símbolo el adiós a las casas baratas. Desde la plaza de Vilabèsos es posible ir adelante y atrás en el tiempo. Observar al mismo tiempo los vestigios museizados de estas construcciones precarias de 1929 –hechas para paliar la falta de vivienda para las clases populares de la época– y los modernos edificios donde se han realojado los vecinos que vivían en las casas baratas.

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De la mano de este proceso –y del empuje que han supuesto para el Bon Pastor los diferentes planes de barrios aprobados por el Ayuntamiento desde 2015–, ha cambiado también la piel del barrio. Hoy, pasear por alguna de sus calles es casi como entrar en un render, sobre todo ahora que la primavera ha empezado a adornar con los árboles de naranja, lila y blanco. Delgado y Fanlo no pueden disimular el orgullo por el hecho de que los años de lucha vecinal hayan contribuido a hacer de este trozo de barrio un ejemplo del urbanismo más moderno de la ciudad, con una vegetación radiante también durante la sequía gracias a los sistemas de riego con agua freática.

Sin embargo, ambos remarcan que todavía queda mucho trabajo por hacer. Les preocupa cómo integrar el crecimiento del barrio que todavía ha de venir a raíz de las transformaciones urbanísticas pendientes en el solar de la Mercedes y en la Maquinista. "Podemos llegar a los 20.000 vecinos", apuntan, y piden que los equipamientos que han de absorber este crecimiento lleguen también a tiempo.