La crecida del Besòs pone la lupa sobre el futuro barrio de las Tres Chimeneas
Fuera de Barcelona, la prevención de las inundaciones topa con la falta de recursos municipales y las dificultades de coordinación entre administraciones
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BarcelonaLas imágenes del río Besòs lleno hasta los topes y a punto de desbordarse hace ahora una semana han sido una de las fotografías más destacadas que ha dejado el temporal de los últimos días en el litoral catalán. Una escena que hacía décadas que no se veía y que no solo hizo que muchos en la zona recordaran tragedias como la riada de 1962, sino que también volvió a poner la lupa sobre el proyecto de urbanización alrededor de las Tres Chimeneas de Sant Adrià.
Este plan, que prevé reurbanizar el entorno de la desembocadura del río y dar continuidad por Sant Adrià del Besòs al frente marítimo entre el Fòrum y el puerto de Badalona, implica, entre otros, la construcción de 1.800 viviendas en la zona. Un nuevo barrio que desde el inicio ha contado con la oposición de algunas plataformas vecinales y ecologistas, que denunciaban que se construyera en una zona sensible a riesgos ambientales tanto por temporales marítimos como por el riesgo de desbordamiento del río. Tras los aguaceros de estos días, estas plataformas han redoblado su presión.
Ante la reactivación del debate alrededor del proyecto, desde el Consorcio del Besòs —el ente que impulsa el proyecto— defienden la viabilidad de un plan urbanístico que, esgrimen, "permite hacer aquello que durante décadas no se ha hecho". Es decir, actuar sobre el territorio y adaptarlo al cambio climático no solo para reducir el riesgo en el nuevo barrio sino también en aquellos barrios que ya están en la zona de influencia del río. "Es absurdo creer que, como es inundable, no debemos hacer nada. Si la humanidad aceptara esta lógica, no quedaría un japonés en Japón, ni un neerlandés en los Países Bajos", ha defendido estos días el director general del Consorcio, Ferran Falcó.
Un parque inundable y una cota más alta
Entre los argumentos que pone sobre la mesa el Consorci del Besòs destaca que el Plan Director Urbanístico (PDU) ya prevé diferentes medidas para reducir el riesgo de inundabilidad. Por ejemplo, el nuevo colector de Llevant, que debe permitir acelerar la salida del agua hacia el mar en caso de inundación; la elevación de unos tres metros de la cota de la calle principal del nuevo barrio para facilitar el drenaje; la creación de un parque litoral de cerca de 90.000 metros cuadrados a prueba de inundaciones que facilita la infiltración del agua; y la creación de pasos subterráneos que actúen como sifones en caso de grandes inundaciones.
Desde el ente apuntan también que el aguacero de estos últimos días fue muy importante porque hizo llegar el río a los 937 mm³ por segundo, pero remarcan que este volumen de agua "queda claramente por debajo" de las inundaciones previstas en los estudios de inundabilidad que acompañan al PDU. La revisión del Mapa de Peligrosidad y Riesgo de Inundación (Mapri) que se hizo en 2024 fue previendo periodos de retorno de 500 años, con caudales superiores a los 3.160,9 mm³ por segundo.
El Consorci sí admite que el temporal ha puesto de manifiesto la importancia de avanzar en otras actuaciones que quedan fuera del PDU. Entre las prioridades está la elevación de la cota o directamente la sustitución del puente ferroviario, que consideran "el principal punto crítico" porque su configuración supone un estrangulamiento de la capacidad de caudal.
Urgencia y recursos municipales limitados
Reducir el riesgo de inundaciones no consiste solo en canalizar rieras o ampliar colectores, sino también en planificar el crecimiento urbano, mantener las infraestructuras de drenaje e identificar los puntos donde el agua se puede acumular o desbordar. Hace menos de un año, la Agencia Catalana del Agua (ACA) actualizó el mapa de los tramos de ríos, rieras y barrancos de las cuencas internas con riesgo de inundación, e incorporó 90 nuevos. Corresponden a una cuarentena de municipios situados en las cuencas del Ter-Daró, la Tordera, el Besòs, el Llobregat, el Foix y el Francolí, así como a diversas rieras del Montsià, y amplían en 172 kilómetros los tramos respecto al mapa de 2018.
Cada vez más zonas están amenazadas por los desbordamientos y las inundaciones. Solo durante la última semana, en el Vallès Oriental se acumularon más de 360 litros por metro cuadrado y se registraron inundaciones graves, con Granollers como epicentro. En Barcelona también llovió como no lo había hecho en 60 años, y en el Maresme quedaron afectados pasos subterráneos, calles, equipamientos y carreteras. Y en agosto, un temporal azotó el área de Tarragona y volvió a poner sobre la mesa un problema compartido por muchos gobiernos locales: la capacidad insuficiente de los sistemas de drenaje y evacuación del agua.
Uno de los principales obstáculos en esta planificación es el coste de las actuaciones: no todos los ayuntamientos pueden asumir las inversiones con recursos propios. Además, en algunos casos, para realizar obras dependen de administraciones diferentes. En Torredembarra, por ejemplo, las lluvias de agosto superaron los 200 litros por metro cuadrado y convirtieron aparcamientos y calles en piscinas, además de inundar bajos y pasos subterráneos. Una de las soluciones planteadas es construir allí un tanque de laminación, una infraestructura que permitiría retener temporalmente parte del agua de lluvia y reducir los caudales que llegan a la red de drenaje. El coste, sin embargo, es de varios millones de euros.
Charcos y trenes
La ACA ofrece líneas de ayudas para financiar actuaciones y trabajos para evitar inundaciones, como por ejemplo de desimpermeabilización y mantenimiento y conservación de cauces. Según explican, en determinados casos la subvención puede cubrir el coste íntegro de las actuaciones, pero el proceso es largo: antes hay que presentar los proyectos, tramitar las solicitudes, obtener las autorizaciones correspondientes de acuerdo con ciertos criterios gubernamentales y, finalmente, ejecutar las obras.
En Salou, el barranco de Barenys ha provocado inundaciones recurrentes y actualmente se está construyendo una nueva canalización, con una inversión de 20 millones de euros. Mientras tanto, en Altafulla se está impulsando la construcción de una balsa de laminación en la entrada del municipio para reducir el riesgo de inundación en el barrio marítimo, pero el proyecto todavía debe recibir la aprobación de la ACA para poder diseñarse.
Y en Roda de Berà y El Vendrell, una parte del problema está relacionada con infraestructuras estatales, como la carretera N-340 y las vías del tren. Según los alcaldes de estos municipios, alteran el recorrido del agua y pueden acelerar su flujo, creando trampas mortales o impidiendo la evacuación del agua hacia el mar. La solución, en este caso, depende de una coordinación entre administraciones —Generalitat, Estado y Renfe, por ejemplo— que los alcaldes reclaman, pero que todavía no se ha materializado. Y en un contexto tan proclive a la lluvia extrema, el reto no es otro que llegar a tiempo al próximo episodio.