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Caos, peleas, heridos y coches quemados en el macrobotellón de Plaça Espanya

La fiesta de decenas de miles en Barcelona se descontrola durante la segunda noche de La Mercè

BarcelonaSolo había que andar unos cuantos pasos para ver una pelea o oír a alguien a quien habían robado o golpeado. Unos pasos más y decenas de personas totalmente ajenas seguían bailando alrededor de sus altavoces portátiles. A pesar de que para muchos fue una gran fiesta, el macrobotellón de decenas de miles de personas en Plaça Espanya acabó descontrolado y con disturbios. Un grupo de jóvenes quemó un coche y lanzaba botellas de cristal con fuerza a los furgones de la Guardia Urbana hacia las cuatro y media de la madrugada. Rompieron los cristales de la Fira de Barcelona y entraron. “A quemarlo todo, ¡a por los Mossos!”, gritaba uno de ellos desde la Avinguda Maria Cristina. También quemaron contenedores.

Hacia las tres de la madrugada, ya se veía que la fiesta se había descontrolado y que una minoría había ido a reventar la diversión de la mayoría. Muchos menores de edad y una inmensa mayoría bordeando los 20 años. Este periodista presenció una pelea entre un grupo de jóvenes entre los cuales uno amenazaba seriamente con una botella de cristal al otro. Avisado, un agente de los Mossos aseguró que no podían hacer nada. “Hay muchas cosas ahí dentro, pero nosotros estamos por lo que nos venga”, explicaba. 

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La dotación a la puerta de la comisaría era pequeña y, al lado, unas ambulancias del SEM donde no paraba de llegar gente. Algunos desmayados por el alcohol, uno de ellos cargado por un grupo de jóvenes que usaba una valla como litera. Pero también muchos heridos. Un hombre se fue con la cabeza totalmente vendada. Y una pareja denunció haber sido golpeada brutalmente por un joven. Ella, con el rostro sangriento, todavía seguía desesperada una hora después de recibir y de intentar reanimar a su novio, que pasó un buen rato aturdido. “Ha sido muy fuerte, ha llegado, los ha tumbado de una patada y les ha seguido dando patadas cuando estaban en el suelo”, decía un testigo. 

Otro joven todavía llevaba sangre en las manos cuando explicaba: “Me he encontrado a un chico que decía que le habían apuñalado, tenía una herida profunda en los hombros y lo he traído a los sanitarios”. Cruzarse con gente discutiendo y a punto de llegar a las manos no era difícil. Los episodios más complicados se vivieron en la avenida Maria Cristina, con contenedores y coches quemados. En otro momento, un joven a la entrada del metro se encaró con los vigilantes porque no quería ponerse la mascarilla. Acabó esposado y con el rostro sangriento, pero al irse avisaba a los vigilantes que habría venganza: “¡Acordaros de mí! ¡Acordaros de mí!”.

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Pero en los alrededores de Plaça Espanya la fiesta seguía como si nada. La plaza estaba totalmente tomada por los jóvenes, bailando y descansando sobre las estatuas de la fuente o sobre un quiosco de información, otros usando el palo arrancado de una parada de autobús para jugar al limbo. La fiesta había empezado tranquila y pacífica por decenas de miles de jóvenes que habían decidido que aquel era el lugar donde todo estaba permitido. Unas chicas de 17 años de Viladecans aseguraban que querían “perreo, mucha fiesta, rolletes, drogas, folleteo y olvidar este año horrible”.

Roger y Albert, vecinos de Sants de 19 años, hacia las doce de la noche ya avisaban que se quedarían en el Parc Joan Miró porque en Plaça Espanya veían más riesgo de robos. Con vino, ginebra con zumo tropical y ron con cola en la bolsa de plástico, preparaban una noche con sus amigos. “Estamos todos vacunados, yo he pasado este año con mucho miedo, pero ya se va quitando”, decía Roger.

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“La pandemia no ha acabado, pero casi, solo noto como diferencia que voy al trabajo con mascarilla y que no hay discotecas”, decía Àlex, de 20 años, que había venido de Esparraguera solo para tomar una cerveza e irse. Sus amigas, Clara, Xènia y Ainhoa, se quedarían hasta la madrugada bebiendo Jagermaister con bebida energética. Todas ellas veían el futuro “negro” o “jodido”. Àlex, que oposita para ser Mosso, “gris”. Horas después, el caos descontrolado parecía dar la razón a las chicas, a pesar de que la pregunta no era sobre el futuro inmediato de la noche. Cuando las cosas intentan volver a la normalidad, de repente ya nada es normal.