Salud

Un circuito entre Perú y Barcelona promueve la llegada de más de 200 niños con cáncer

Salut regulará el aterrizaje de pacientes oncológicos vulnerables en Sant Joan de Déu y también frenará el flujo de más enfermos extranjeros que terminan en Vall d'Hebron y Sant Pau

BarcelonaEn 2022 el Hospital San Juan de Dios (SJD) inauguró el Pediatric Cancer Center de Barcelona (PCCB), un centro internacional con capacidad para atender más de 400 casos nuevos de cáncer infantil al año. Ese mismo año se creó un circuito para familias procedentes de Perú, la mayoría muy vulnerables y desesperadas por la situación dramática de sus hijos, que llegaban a Cataluña para recibir tratamiento en el servicio de oncología del hospital. Ahora el departamento de Salut pretende poner fin: han detectado flujos regulares de pacientes en el SJD, que es un centro público de titularidad privada, pero también llegadas de pacientes de otras nacionalidades al Vall d'Hebron y el Hospital de Sant Pau, y quieren regularlo.

Cuando se puso en marcha el PCCB hace cuatro años de la mano del director asistencial, el peruano Andrés Morales, se apostó por internacionalizar el centro y que fuera un reclamo para pacientes de otros países con el objetivo de llenar todas las plazas y hacerlo rentable. Actualmente un 65% están ocupadas. Según datos de Salut, los pacientes extranjeros representaron durante el 2025 casi la mitad del total de menores atendidos en Sant Joan de Déu. En concreto, de los 252 niños hospitalizados, 123 habían nacido fuera del Estado. Ahora bien, la mayoría de los usuarios que han llegado desde 2022 para recibir tratamiento oncológico entran en el circuito público, es decir, no pagan por recibir tratamiento, como lo harían en un hospital privado, y acceden a los servicios con una tarjeta sanitaria. De hecho, el hospital concentra a casi dos terceras partes de todos los pacientes extranjeros pediátricos del sistema de salud catalán.

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A finales de 2023, el diario El País destapó la llegada de estos menores peruanos, que venían directamente del aeropuerto de El Prat al hospital. Durante dos años, tal y como demuestran los datos a los que ha tenido acceso el ARA, el flujo de llegadas ha continuado estable –68 menores peruanos en 2023, 64 y 54 en los últimos dos años, respectivamente–. En total son más de 200 pacientes provenientes de Perú en los últimos cuatro años. Son familias que van directamente del aeropuerto a las puertas de urgencias para iniciar el tratamiento, y posteriormente, a través de los servicios sociales, se empadronan por conseguir la tarjeta sanitaria. Otras familias, en cambio, ya logran el padrón y la tarjeta sanitaria desde Perú, haciendo valer direcciones de familiares o amigos. El pasado año 129 menores extranjeros consiguieron la tarjeta sanitaria en menos de tres meses desde que habían llegado a Catalunya para recibir atención médica, según datos de la conselleria.

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Ante este escenario, fuentes de Salut evitan hablar de "mafias" organizadas que se aprovechan de la vulnerabilidad de estas familias, pero sí han constatado la existencia de varios circuitos que facilitan la llegada de los menores a Catalunya. "Vienen con todo aprendido, saben qué documentación deben llevar y qué pasos deben dar" para entrar en el sistema público, explican desde la conselleria. Durante los últimos dos años la Generalitat ha intentado sin éxito reducir la llegada de estos menores peruanos en situación desesperada. No por los recursos que se necesitan para tratarlos –el coste es de unos 6 millones de euros–, sino porque en la mayoría de los casos los niños llegan con pocas opciones de salvar la vida.

Tanto la conselleria de Salut como el SJD sostienen que mantuvieron reuniones con el cónsul y el embajador peruano y con un congresista del Parlament para intentar remediarlo. También se realizaron diferentes reuniones telemáticas con los directivos del ministerio de Salud del país sudamericano y se mantuvieron conversaciones con los principales hospitales para intentar cortar este flujo de pacientes.

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Fruto de estas reuniones se empezó a trabajar en un convenio para transferir conocimiento y tecnología directamente a los hospitales peruanos para que se puedan aplicar terapias similares a las de Cataluña en origen. Ahora se pretende ir un paso más allá y regularlo. Fuentes del departamento admiten al ARA que no han podido impedir la llegada de estos pacientes al sistema de salud catalán, pero al menos "han contenido el número de personas, que se ha estabilizado debajo de los 200 pacientes" anuales. Por otra parte, el SJD desvincula la figura de Morales de este circuito entre Perú y Barcelona, ​​y sostiene que en ningún caso este flujo se ha promovido desde el propio hospital.

Familias desesperadas

El 19 de febrero se presentó el libro Hospital San Juan de Dios: una organización jirafa, del gerente del hospital, Manel del Castillo; el director de La Vanguardia, Jordi Juan, y la periodista Lourdes Campuzano. En el libro se explica cómo se apostó por la internalización del centro para poder hacer rentable el PCCB y llenar las 400 plazas disponibles: profesionales de todo el mundo vienen al SJD para formarse y actúan como prescriptores. "En Latinoamérica la vía para ofrecer nuestros servicios y llegar a los pacientes es a través de la prescripción de los médicos del territorio, que son los que aconsejan a los pacientes a dónde ir", dicen los autores. Sin embargo, muchos entran dentro del sistema público. Son familias desesperadas de entornos muy vulnerables que se aferran a una última esperanza y que buscan la forma de acceder a los circuitos de la sanidad universal.

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Las familias gastan todo el dinero que tienen, a menudo haciendo llamadas a la solidaridad, para poder pagar el viaje. Y muchas veces, como ha podido comprobar el ARA en conversaciones con varias familias, con un trágico final, porque los menores a menudo no sobreviven, ya que llegan a Catalunya en una situación límite. No todas, por supuesto. Hay historias de éxito. Es el caso de Danita, que fue de las primeras en llegar a Barcelona, ​​en el 2021, con una leucemia. A Perú no le querían hacer un segundo tratamiento y su madre, Diana, removió cielo y tierra para salvarla. "Cuando los doctores me dijeron que no se podía hacer nada, estaba devastada. Dije que me la llevaría a España. No tenía medios e hice recolectas en mi país para venir", explica Diana, que llevó directamente a su hija a la puerta de urgencias del SJD y allí la "hospitalizaron de inmediato" para iniciar un "tracto".

Paralelamente, de la mano de los servicios sociales, Diana obtuvo la documentación para empadronarse en Barcelona, ​​acceder a un lugar donde vivir y conseguir la tarjeta sanitaria para recibir el tratamiento en el SJD y también en el Sant Pau, donde le hicieron algunas pruebas. "Siempre estaré agradecida al San Juan de Dios y al San Pablo –explica con emoción–: Mi hija vio morir a todas las amigas que hizo en el hospital. Eran ocho y solo queda Danita".

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Lo que pretende Salut es precisamente eso: acotar muy bien a quien debería llegar al hospital. Por ejemplo, debería evitarse la llegada de familias que no han enviado el historial previo del menor –para que el hospital catalán lo valide por si el tratamiento es viable– y así evitar el traslado, el desgaste humano y las falsas expectativas. Un alto cargo de Salut admite que hace tiempo que pidió al hospital que modulara "los mensajes" que enviaba al exterior, sobre todo porque hay pacientes que han llegado a Catalunya para recibir un tratamiento oncológico y que "no deberían haber venido" porque eran pacientes prácticamente sin opción de salir adelante. Desde el mismo hospital explican que se han puesto en contacto con la Organización Panamericana de Salud para formar a profesionales peruanos y garantizar que puedan atender a los menores en el país.

Participar en ensayos clínicos

Eso sí, las mismas fuentes admiten que los pacientes que vienen al SJD y tienen un coste para las arcas públicas "son un mal menor" que sirve para convertir el hospital en un centro de referencia internacional. Para avanzar médicamente es necesario que los tratamientos funcionen con un volumen de gente muy mayor, como por ejemplo los que se evalúan en un ensayo clínico. En estos casos es necesaria una muestra grande y los pacientes que llegan de todo el mundo ayudan a completar esta muestra, que sería insuficiente con los pacientes estatales y privados para llenar hoy en día las 400 plazas del centro.

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"El problema es si se incentiva que vengan de Perú", matiza un alto cargo de Salut, quien también alerta de que si un paciente llega por la vía privada y se le acaba el dinero –porque son tratamientos que pueden ascender a los 600.000 euros– no debería saltar a la red pública. "Te lo quedas, no vale que después acaben en hospitales públicos", añade. Hay que tener en cuenta que de todos los pacientes atendidos en el servicio de oncología del hospital entre 2020 y el primer semestre de 2025, sólo uno de cada cinco proviene del circuito privado.

Gasto oncológico

El gasto que se destina al tratamiento del cáncer es cada vez mayor, también en el Sant Joan de Déu. Por un lado, porque hay más pacientes a tratar, y por otro, porque existen nuevos medicamentos disponibles que si bien son más efectivos, también son más caros. Así, la partida que el Servicio Catalán de la Salud (CatSalut) ha destinado al hospital para tratamientos y terapias oncológicas ha aumentado un 143% desde la pandemia: ha pasado de los 15,5 millones de 2020 a los 37,5 millones de 2024. De hecho, el crecimiento del gasto oncológico1 a 288 millones.