“¿Dónde está la vacuna contra el patriarcado?”

En la rampa de subida de la guardería municipal Caspolino han expuesto portadas de libros infantiles pegadas sobre un fondo de color lila. Daniela la pirata, por ejemplo, en la que se preguntan: “¿Ser pirata es solo cosa de chicos?” También la historia de una elefanta en Rosa caramelo y Las niñas serán lo que quieran ser, la aventura de Violeta, Ximena y Martina imaginada por Raquel Díaz Reguera. Así hasta una docena de portadas de libros, una cuidadosa selección de la escuela que hoy acoge a los niños con servicios mínimos pero con el entusiasmo intacto: “Por una educación libre de estereotipos”, exclama un cartel. Muy cerca, la Escola Josep Maria Jujol también ha tuneado la fachada. Hay una gran banda morada que la preside, y unos carteles muy instructivos y reveladores que invitan a ser leídos. En el mundo hay solo diez mujeres jefas de estado, que contrastan con los ciento ochenta hombres. En 2020 en Catalunya las mujeres ganaron de media 530 euros menos que los hombres. Y el mismo año y en el mismo país, murieron siete mujeres al mes por culpa de la violencia machista. Datos que hablan, que explican cosas a quien las quiera escuchar. Historias que vale la pena explicar a los niños.

A la manifestación estática del Passeig de Gràcia Sabine y Nathalie han ido con Marge, su hija de dos años. Esperan otra, que se llamará Clara, y tienen muy claro qué mundo desean para ellas: “Un mundo mejor, más igualitario, menos podrido por todas partes”. Los tramos de la concentración se respetan con disciplina. A Marcel le ha costado bastante encontrar una mascarilla lila. En cinco bazares se les habían acabado, pero al final ha tenido suerte. Las medidas de seguridad han sido decisivas para que Carla se decidiera a venir: “Mi madre quería venir sí o sí, casi le hemos tenido que cambiar la cerradura del piso para impedirlo”, relata. Dúnia, Raquel y Jara tienen 16 años y llevaban semanas esperando el día de hoy. También han ido a tres o cuatro concentraciones contra el encarcelamiento de Hasél. Están llenas de entusiasmo y de protesta. 

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Marga tiene dolor acumulado. Perdió el trabajo por culpa de la pandemia y no perdona la criminalización que el 8-M sufrió el año pasado: “¿Se fue inconsciente? Seguramente, pero ¿quién tenía toda la información? ¿Por qué se nos carga la responsabilidad a nosotros? ¿Cuándo cambiará esto de una vez?” 

Triunfa una pancarta: “¿Dónde está la vacuna contra el patriarcado?” No sé si hay que añadir mucho más.