Los centros de educación especial tienen un 30% más de alumnos que hace diez años
El Gobierno apuesta por ampliar el número de plazas, mientras que familias y docentes denuncian que la falta de recursos les obliga a marcharse de la escuela ordinaria
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Barcelona / VallsCuando Noemí Blazquez vio que en Cataluña se aprobaba el decreto de inclusiva en el año 2017 todavía no tenía hijos. "Pensé: qué avanzados somos siempre aquí en Cataluña, qué bien que quieran hacer que no haya separación de los niños en centros de educación especial, que no haya un apartheid". Un par de años más tarde se quedó embarazada y al vivirlo desde dentro su percepción empezó a cambiar. "Mi hijo es maravilloso, pero el recorrido educativo que hemos tenido que seguir ha sido duro y también se pasa un duelo", explica. Su hijo, que ahora tiene siete años, tiene un autismo de grado 3 (el más alto), un trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y cuadros de epilepsia.
Su periplo comenzó en una escuela privada –"lo llevé a la escuela en la que yo había crecido", explica– donde le pidieron que pagara un acompañamiento extra para su hijo y, al cabo de unos meses, directamente le dijeron que no lo querían. Entonces dio el salto a una escuela pública ordinaria con plaza SIEI (Apoyo Intensivo para la Escolarización Inclusiva), que tiene más profesionales para atender a alumnos con necesidades educativas especiales. "Fue muy bonito. La tutora hizo todo lo posible para que mi hijo tuviera derecho a una educación inclusiva, pero llegó a un punto que fue sincera conmigo y me dijo que tenía todo el derecho de quedarse, pero que ellos creían que necesitaba una atención terapéutica. Que en la escuela podían darle todo el amor del mundo, pero no tenían los recursos para ayudarlo", recuerda Blazquez.
Una vez ella y su marido aceptaron que el hijo iría a un Centro de Educación Especial se encontraron con el hecho de que no era tan fácil acceder a él por falta de plazas. "Por ley, uno de los criterios es la orientación que quieren los padres y un informe del EAP [los equipos de asesoramiento y orientación psicopedagógica de la Generalitat], y yo los cumplía todos. No me lo podían denegar por una falta de recursos suyos", insiste la madre. Después de un periplo de reuniones y reclamaciones en las que Blazquez llegó a preparar un contencioso que finalmente no tuvo que presentar, le adjudicaron la plaza en el centro que necesitaban. "Ahora estamos encantados con la escuela y yo me dedico en el poco tiempo libre que tengo a ayudar a otras familias en situaciones similares, pero con menos recursos o conocimiento sobre la odisea burocrática que tienen que asumir", detalla.
2.000 nuevos alumnos
El de Blazquez no es un caso aislado. Desde la aprobación del decreto de educación inclusiva en el año 2017, cuyo uno de los objetivos que persigue es que cada vez menos alumnos con alguna discapacidad o necesidad educativa especial dejen la escuela ordinaria para ir a un Centro de Educación Especial, el número de alumnos escolarizados en Centros de Educación Especial ha crecido un 32% en el conjunto del sistema.
Según datos del Idescat, se ha pasado de los 6.839 alumnos el año 2017 a los 9.030 el curso pasado con un incremento importante en la educación postobligatoria. En el caso de la obligatoria –de primaria a ESO– el aumento ha sido más discreto: hay un 5% más de alumnos en centros de educación especial (6.140 el curso pasado) que el año de aprobación del decreto de inclusiva.
Detrás de este incremento sostenido de alumnos en los centros de educación especial hay diversos factores que van desde un incremento de diagnósticos hasta la falta de recursos en las escuelas ordinarias que docentes y familias hace años que denuncian y que hacen muy difícil que se atienda en condiciones a los alumnos con mayores necesidades. "Al principio las familias pasan por un proceso muy batallador para que sus hijos vayan a la escuela ordinaria, pero con el tiempo acaban viendo que no están bien atendidos", explica Elena Martínez, pedagoga de la Federació Autisme Catalunya.
"Como [el decreto] no va acompañado de todas las medidas necesarias para poder atender a los alumnos, es verdad que no todos los casos se pueden atender bien y muchas familias prefieren ir al Centro de Educación Especial donde podrán tener un mejor acompañamiento", coincide Patrícia Morales, maestra de educación infantil y coordinadora del grupo de Escuela Inclusiva de la USTEC. "La escuela ordinaria hoy por hoy está ahogada, está muy tensionada, a pesar de existir este decreto de inclusiva", insiste.
En este sentido, la pedagoga de la Federació Autisme Catalunya –entidad que atiende constantemente a familias que necesitan un diagnóstico o asesoramiento– asegura que "hay casos de autismo con diagnóstico que podrían encajar bien en una escuela ordinaria, pero como no hay los apoyos que necesitan, acaban pidiendo ir a un Centro de Educación Especial", donde pueden encontrar logopedas, psicólogos o psicoterapeutas. Martínez lamenta que "en la escuela ordinaria, aunque se diga inclusiva, todavía no hay todos estos profesionales".
También denuncian esta casuística desde la AFFAC, la federación que engloba a las asociaciones de familias de escuelas e institutos públicos. En su último informe denuncian que desde la aprobación del decreto de educación inclusiva "la matrícula en educación especial en etapas obligatorias no ha disminuido en un sistema que en conjunto pierde alumnado" e insisten en que "las situaciones que requieren un apoyo muy elevado existen, son reales y se tienen que atender, pero son minoritarias". Además también alertan de que "no todas las familias disponen del mismo tiempo, de los mismos conocimientos ni de los mismos recursos" para afrontar los procesos para conseguir un diagnóstico que les abra la puerta a tener más apoyos en la escuela ordinaria.
Nuevas plazas
El departamento de Educación tampoco es ajeno a esta realidad: este curso se han abierto 175 nuevas plazas de educación especial obligatoria con una inversión de 6,3 millones de euros. El aumento, sin embargo, llega después de que en los últimos cursos el número de plazas estuviera estancado o incluso cayera ligeramente a pesar del aumento de alumnos que recibían el informe para ser escolarizados en un Centro de Educación Especial.
Fuentes del departamento de Educación recuerdan que el decreto de inclusiva establece que "la escolarización en un Centro de Educación Especial se plantea de manera excepcional, cuando las necesidades del alumno requieren una elevada intensidad de apoyo educativo y medidas altamente individualizadas". En este sentido, explican que el Gobierno apuesta por "seguir incrementando el número de plazas", pero que "no se trata de priorizar un modelo de escolarización determinado, sino de garantizar una respuesta educativa adecuada, inclusiva y ajustada a las necesidades de cada alumno".
Ante este aumento de plazas, la AFFAC cuestiona que "después de aprobar una norma que situaba la educación especial como excepción y preveía su transformación, la decisión sea ampliarla".
Paralelamente, desde Educación explican que este curso se ha estrenado "un trámite único de solicitud telemática" para facilitar a las familias los trámites para escolarizar a los hijos en Centros de Educación Especial.
Comarcas sin centros
Más allá del número concreto de plazas, Blazquez alerta de que muchas de las familias a las que ha ayudado en el proceso para encontrar un Centro de Educación Especial se encuentran con el problema de que no tienen ninguno mínimamente cerca de casa. De hecho, hay algunas comarcas que no tienen ningún centro, ni público ni concertado, de este tipo. "A veces se les ofrece la solución de continuar en un centro ordinario con plaza SIEI, pero no es lo mismo", explica Blazquez. También lo denuncian desde la Ustec: "Hay familias que tienen que ir al Centro de Educación Especial y por zona no pueden", critica Morales.
Quien se encuentra en una situación así es Ana Galera, madre de tres niños, dos de ellos con autismo. Ambos están cursando quinto de primaria en la escuela Eugeni d'Ors de Valls, que es un centro ordinario, pero que tiene un refuerzo –una SIEI Plus, es decir con más horas de apoyo– para atender a otros niños con necesidades especiales. A pesar de que el Eugeni d'Ors tiene más recursos y profesionales que otras escuelas, no es suficiente. "Las maestras lo dan todo, pero no llegan", lamenta Galera. "Si la escuela tuviera el personal necesario sería ideal, pero la Generalitat no pone suficientes profesionales", se queja.
Según explica esta madre, las maestras le han dicho en alguna ocasión que sus dos hijos estarían mejor en un Centro de Educación Especial. El problema añadido con el que se encuentra Galera es que en todo el Alt Camp no hay ninguno. El más cercano está en Montblanc. El departamento de Educación le ha ofrecido plazas y también el transporte, pero ella sufre por cómo podrían reaccionar sus hijos sin ella durante el trayecto y prefiere quedarse en Valls. El otro problema que le inquieta desde hace tiempo es qué pasará una vez sus hijos terminen la primaria porque, en Valls, tampoco hay ningún instituto con el refuerzo de una SIEI Plus.