"Desde la Península no os lo podéis imaginar": hablan los vecinos de la Ceuta desbordada

Ciudadanos y trabajadores relatan el agotamiento de una ciudad con cientos de personas malviviendo en la calle

02/09/2026 - 07:03 h.

Ceuta"Si no lo vives, es muy difícil de entender. Desde la Península no os podéis imaginar lo que ha sido este mes", explica el vigilante de seguridad de un gran supermercado de Ceuta. Un mes después, todavía hay cientos de personas que no tienen dónde ir, pasean sin rumbo por la ciudad y comen, duermen y hacen sus necesidades en la calle, a pesar de que muchos migrantes han vuelto a Marruecos y muchos otros ya duermen en alojamientos de emergencia. Esto afecta de pleno la vida cotidiana de los vecinos de la ciudad, una población que cada vez está más crispada, ya que son los que están dando respuesta al día a día de la crisis. Ya sea involucrándose en la atención de estas personas o yendo a trabajar al supermercado, al restaurante o a la tienda de telefonía móvil. Por eso, preguntes a quien preguntes sobre la gestión de las administraciones, todo el mundo habla de abandono.

Hace semanas que en los supermercados de Ceuta hay una cola de miseria que no acaba nunca. Dos militares dejan pasar, de dos en dos o en pequeños grupitos, las decenas de personas que se amontonan en las puertas para comprar algo con lo que engañar el estómago durante unas horas. La responsable del supermercado, que no quiere que salga su nombre ni el de la empresa para la que trabaja, está harta, agotada y cada vez más enfadada. "Sí, pobrecitos, ¿pero mis hijos, qué? Hace un mes que no salen de casa". Los migrantes que no consiguen entrar duermen toda la noche delante del local para tener más suerte al día siguiente, lo que obliga a los trabajadores a llegar más temprano al trabajo para garantizar que todo el mundo pueda comprar con normalidad, un sobreesfuerzo que cada día se hace más pesado y ya hace demasiado tiempo que dura.

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Este sistema de entrada con cuentagotas es una medida drástica para una situación excepcional que ha dejado de serlo, enquistada en la ciudad desde hace un mes. Ceuta tiene un número de supermercados pensado para dar respuesta a sus ciudadanos, pero en este último mes se han tenido que adaptar a toda prisa a las necesidades de miles de personas recién llegadas. En solo dos días la población de la ciudad se multiplicó prácticamente por dos; la mitad no tenía dónde dormir y hacía vida en la calle, pero todo el mundo tenía hambre. Para asegurar que los vecinos pudieran continuar con su vida se pensó este sistema provisional, para que los establecimientos que venden comida no colapsaran. Pero lo que debía ser una medida circunstancial todavía forma parte de la realidad de ceutíes y migrantes.

La petición que más se repite entre los jóvenes que malviven en la ciudad es comer. El Nordin es el dueño de La Alhambra, una cafetería icónica situada en la Gran Vía de Ceuta, una de sus principales arterias. Cuando atiende a el ARA el local está a rebosar: los camareros entran y salen y, cuando una mesa queda libre, rápidamente se sienta alguien más. "Es una cafetería árabe, vendo productos típicos, hace más de 30 años que la abrí y me va muy bien", explica. A pesar de que continúa teniendo mucha demanda, dice que sí que ha notado el impacto de la crisis migratoria del último mes, especialmente de personas que vienen a pedir agua y comida. "Somos seres humanos. Tenemos que ser comprensivos. Tenemos que saber qué es el hambre y qué es la sed", dice el Nordin, que explica que ha ayudado a quien ha podido repartiendo excedentes de la cafetería.

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Banderas de España y móviles

Pero el impacto de la crisis migratoria va más allá de las tiendas de alimentación: afecta a todo el comercio de la ciudad. "Hemos sufrido una bajada de las ventas brutal. La gente tiene miedo, no sale a la calle, nos ha afectado psicológicamente", explica la Noori, la responsable de Rudra, un local especializado en moda y bisutería situado en el centro de Ceuta en el que ahora también venden banderas de España. Explica que hay mucha demanda de banderas en la ciudad porque todo el mundo quiere ir engalanado con los colores del Estado en las manifestaciones en contra de la presencia de migrantes. Dice que en el último mes es lo que mejor se ha vendido con diferencia.

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La Noori tiene un spray de pimienta detrás del mostrador porque no se siente segura, y ha cambiado el horario de la tienda para cerrar antes, pero no puede dejar de abrir porque tiene gastos que debe asumir sí o sí. "¿Quién cubre mis gastos si no abro? ¿Quién me paga el alquiler? Nadie. Estoy obligada a abrir aunque me sienta insegura", se queja.

El sentir generalizado de los vecinos y comerciantes de la ciudad es el mismo que el de ella: creen que el gobierno español los ha abandonado con la peor crisis migratoria de los últimos años. La Noori tiene claro que, en otro contexto, lo habría vendido todo ahora que está de liquidación. En cambio, dice que ha vendido un 70% menos que un verano normal, y tiene claro que no podrá liquidar todas las existencias antes de que acabe la temporada.

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Mientras ella apenas ha vendido prácticamente nada y se ha tenido que reinventar con las banderas, la Sara explica que no ha parado. Es trabajadora de HardMovil, una tienda especializada en telefonía móvil, de las pocas que hacen reparaciones en la ciudad. Muchas de las personas que llegaron a Ceuta nadando han ido allí para intentar que les arreglen el móvil, dañado mientras cruzaban la frontera, o comprar uno nuevo para poder comunicarse con familia y amigos.

"Ha sido un mes muy duro, han venido centenares de personas para que les arreglásemos el móvil. La gran mayoría se habían mojado y no se podía hacer nada", explica. Está muy cansada y ha tenido muchos nervios, sobre todo al principio. Había días que, cuando quería cerrar, los jóvenes entraban en la tienda por debajo de la persiana y, como no los podía echar, los acababa atendiendo. "Han sido días muy duros, no hemos parado", repite. Muchos de los migrantes tienen la urgencia de ponerse en contacto con los suyos para tranquilizarlos; al menos unas 140 personas han muerto en esta crisis. "Hay sectores que se han visto afectados negativamente de todo esto. No es nuestro caso, pero de todas formas han sido unos días muy duros", insiste Sara.

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"A todo el mundo que preguntes te dirá que estamos abandonados"

Todo ello hace que la crispación entre los ciudadanos vaya en aumento. El Nordin pide a la gente que tenga paciencia. "Y cuidarnos los unos a los otros", concluye, mientras una riada de personas con banderas de España se dirige hacia la primera manifestación del día. A pesar de su petición, después de un mes de inacción política hay muchas personas en la ciudad que están hartas. La Sora, por ejemplo, que vende recuerdos y marroquinería desde hace tres décadas, cierra la puerta del local por primera vez por seguridad. "Hay días que no abro, no salgo ni de casa", explica esta mujer musulmana, vecina de toda la vida.

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Como la mayoría de entrevistados, la Sora considera que el gobierno español lo ha hecho "fatal", y cree que "los habrían tenido que echar tan pronto como llegaron". En la tienda de telefonía móvil, la Sara también explica que los vecinos están tocados. Ella tiene una hija pequeña y este agosto no han salido ni al parque ni a la playa por miedo. "A todo el mundo que preguntes te dirá que estamos abandonados, llevamos un mes y no hay ninguna solución", sostiene. Ella también es musulmana, y ha vivido con preocupación la deriva de algunas manifestaciones que han acabado con ataques violentos hacia la población migrante.

Este miércoles es el Día de Ceuta y se prevén más manifestaciones de lo habitual, ya que cada día hay protestas. Por las calles se puede ver gente con banderas españolas en la mano o atadas al cuello a todas horas. Algunas las ha vendido la Noori. Mientras atiende a el ARA entran dos mujeres en su tienda. "¿También tienes banderas de Ceuta?" "No, lo siento. Pero pulseras de Ceuta, sí". La tendera explica que los proveedores van a toda prisa y no pueden suministrar a todas las tiendas de la ciudad. Las potenciales clientas se marchan y la Noori lamenta otra venta que se le escapa este agosto. Las perspectivas para la próxima temporada no son mucho mejores.