Menos cuidadores, menos bares y más impuestos: así sería España sin inmigrantes en el 2075
El gobierno español concluye que con un 30% menos de migrantes el PIB se desplomaría y se resentirían la sanidad, la educación y la agricultura
BarcelonaEl retrato de una España con las fronteras cerradas a la inmigración perfila una sociedad más envejecida, pero también con pérdidas importantes, tanto en la población como en la mano de obra en sectores esenciales como son los cuidados, la educación o la sanidad. También habría un inevitable aumento de impuestos e incluso el cierre de escuelas, bares, comercios y explotaciones agrarias. Este panorama casi distópico responde a la siguiente pregunta: ¿cómo sería la España de 2075 si los flujos migratorios se redujeran un 30% siguiendo las políticas restrictivas que impulsan casi todos los socios de la Unión Europea?
El gobierno español encargó a la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia del ministerio de Presidencia que, a partir de una base académica y científica y con datos oficiales del Instituto Español de Estadística (INE), ofreciera una radiografía a 50 años vista analizando el impacto que tiene la población inmigrante en el Estado y qué. La conclusión de los expertos es que si se cortan los flujos migratorios, todos los indicadores estudiados empeoran.
Menos población
Por ejemplo, una de las primeras esferas que se resentiría es la demográfica. Hace más de tres décadas que la tasa de fecundidad de las mujeres españolas es inferior a dos hijos (lo que impide el relevo generacional), siendo la llegada de inmigración joven lo que ha frenado el invierno demográfico de la población autóctona. Así, los cálculos previstos en el escenario de mantenimiento de flujos migratorios permitirían que en 2075 se llegara a una población en torno a los 55 millones. Por el contrario, si el ritmo cayera sólo un 30%, se produciría una pérdida de 15 millones de habitantes, hasta situarse en 40. Hoy es de 49 millones.
En la presentación del informe que se ha hecho este miércoles en Madrid, el profesor de geografía de la UAB e investigador del Centro de Estudios Demográficos Joaquin Recaño ha avisado de que la baja natalidad es un hecho global, que de forma "inesperada" también está afectando a regiones como América Latina y el Promitino Latino. De hecho, ha vaticinado que "la natalidad ni está ni se le espera".
Menos trabajadores
España es ya hoy un país envejecido, y de nuevo la migración joven ha podido hacer de contrapeso frenando el envejecimiento y la reducción demográfica. Sin embargo, la población autóctona está mucho más envejecida que a finales del siglo pasado, y ha aumentado la esperanza de vida, una circunstancia que comporta más dependencia y cronicidad de las personas. En las áreas rurales (en Cataluña, un tercio de los 947 municipios tienen menos de 500 habitantes) es donde una hipotética reducción de la inmigración se acusaría más, ya que los residentes son todavía más viejos que la media estatal y requieren, por tanto, más ayudas.
En el peor de los escenarios planteados con menos inmigración, los expertos calculan que la población en edad de trabajar se reduciría en 9 millones de personas, y aseguran que esta situación haría perder musculatura y vitalidad económica y de innovación, con un alto coste a todos los niveles. En este punto, subrayan los autores, la inmigración ha sido el motor económico porque ha impulsado el comercio y el consumo, ha ampliado la oferta laboral y ha logrado cubrir vacantes a causa de la alta demanda.
De hecho, el impacto de la macroeconomía supondría una caída del 20% del PIB, equivalente a cuatro veces los ingresos del sector turístico, pero también habría afectaciones a escala micro, porque con menos dinamismo económico los ingresos individuales se reducirían en 18.000 euros anuales.
Sin cuidadores suficientes
La prospección señala que con menos mano de obra hay sectores que verían peligrar su viabilidad y deberían realizar replanteamientos para que se sustenten sobre todo por los trabajadores inmigrantes. ¿Cuáles serían? El sector de los cuidados es uno de los más afectados, porque no podría hacer frente al incremento de personas dependientes y perdería, por el contrario, tres de cada diez profesionales.
Otro sector es el de la agricultura, donde se pondrían en riesgo hasta 220.000 explotaciones, un tercio de las actuales. Pero también la hostelería y el turismo: se perderían tantos trabajadores como los que están hoy ocupados en 90.000 bares y restaurantes, y que suponen la mitad de la oferta actual. Estas cifras se traducirían no sólo en menos bares abiertos, sino también en un encarecimiento generalizado de precios de menús y tapas, a la vez que afectarían también al tejido social ya la función social de este tipo de establecimientos.
Impacto en escuelas y centros de salud
España no escapa a la falta de personal médico y ha tenido que recurrir a profesionales extranjeros para seguir atendiendo a los pacientes en todos los niveles de la sanidad. Si se examina el escenario de menor inmigración, las plantillas que habrá en 50 años adelgazarán, se perderán unos 64.000 especialistas y los que queden tendrán que aumentar los crecientes de pacientes en un 4%, lo que aumentará las listas de espera.
En cuanto a otro servicio esencial, como es la educación, en este escenario deberían cerrar 32.000 aulas de primaria y 18.000 de secundaria.
Golpe al estado del bienestar
Incluso en el caso de las prestaciones sociales, el saldo fiscal de la inmigración –la diferencia entre lo que aportan y lo que gastan– es positivo porque con sus impuestos directos e indirectos contribuyen al sistema de pensiones y el estado del bienestar.
El informe apunta que si se frenara la llegada de recién llegados, la contribución neta de la inmigración caería un 27%, el equivalente al 0,4% del PIB o cuatro veces el salario bruto del conjunto del personal de los bomberos en todo el Estado, por ejemplo. La pérdida sólo podría compensarse con un incremento de impuestos y los expertos apuntan a que habría que recaudar un 6% más de IVA o un 14% en el impuesto de sociedades.