Violencia sexual

Piden 27 años de cárcel para un mosso por engañar, violar y vejar a una joven con discapacidad

Había trabajado analizando móviles y la policía sospecha que borró pruebas antes de ser detenido

10/07/2026

BarcelonaEl mosso acusado de engañar a la pareja de su hijastro aprovechándose de su discapacidad psíquica grave para violarla y conseguir pornografía no ha querido dar ninguna explicación. El acusado –no ha perdido la actitud despreocupada ni en algunos momentos la sonrisa– ha rechazado su oportunidad de dar una versión exculpatoria en el juicio donde los últimos dos días diferentes testigos le han incriminado. El tribunal también ha revisado las imágenes y los mensajes que intercambiaron con la chica hasta convertirla en "una esclava sexual", en palabras de las acusaciones.

Una de las preguntas que tendrán que responder los jueces en la sentencia es si la chica era adulta y capaz de consentir –como dice la defensa– o si el acusado se aprovechó de la vulnerabilidad de la víctima para engañarla hasta el punto de que la manipulación la dejó sin capacidad de consentir. "No había capacidad de consentir las relaciones sexuales por la absoluta desigualdad que existía", ha defendido el fiscal. Este engaño habría sido fruto de una "planificación extrema durante meses", y ahora el acusado, que tiene 60 años, se expone a una condena de 27 años de prisión. La defensa ha pedido una absolución alegando un supuesto trastorno mental, que las acusaciones descartan. "Esta persona no valora el mal que hace con sus actos", ha dicho el fiscal.

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La víctima acabó conviviendo con el acusado porque era el padre de su novio. La pareja se había conocido porque coincidían en el mismo centro para personas con discapacidad, y como ambos necesitaban la supervisión de un adulto para el día a día, era habitual que la chica pasara muchos días en casa de él. En este contexto, el hombre le habría hecho creer que tenía contactos que podían ayudarla a acceder a una academia de masajes donde ella quería formarse.

Tanto la Fiscalía como la acusación particular reprochan al hombre usar diferentes números para un "juego maquiavélico" en el que fingía ser distintas personas que daban instrucciones a la chica para unas supuestas pruebas de acceso a la academia, que consistían en aceptar las prácticas sexuales y vejaciones que le reclamaba el profesor de esa escuela, que en realidad era el acusado. "Era una presión constante", ha resumido el caporal de asuntos internos de los Mossos que se encargó del caso. Ha explicado que el acusado incluso fingía conversaciones entre dos usuarios en grupos donde también estaba la víctima, aunque ella no participara de la conversación, para que se encontrara los mensajes en los que supuestas compañeras del centro de masajes normalizaban prácticas como comerse las heces del acusado.

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Sabía cómo esconderse

El testigo de asuntos internos ha añadido que cuando el acusado estaba activo en los Mossos —ahora tiene una suspensión cautelar— se dedicaba a analizar móviles y ordenadores, y por eso sabía bien qué medidas de seguridad tomar para que no lo pillaran. La primera llamada que hizo cuando estaba en prisión provisional fue a su pareja, y le pidió que avisara a su madre para que cerrara la sesión de Megaupload que tenía abierta en el ordenador de casa de ella. El caporal ha explicado que esta plataforma es conocida por no facilitar datos a la policía, y es de las más usadas por delincuentes sexuales para almacenar y compartir información. "Con esto no le digo que la estuviera compartiendo, digo que la usaba. En el momento que pide cerrar la sesión, sabe que nosotros no podremos entrar", afirma.

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El acusado no aparece en ninguna imagen con la chica, y todos los chats se borraban automáticamente pasadas 24 horas. Aun así, los investigadores han recuperado algunos fragmentos a través de las capturas de pantalla que hizo la chica. El policía de asuntos internos también ha explicado que el acusado "había tenido tiempo de borrar" los archivos relacionados con la víctima porque el día antes de que lo denunciaran el padre de la chica ya lo había increpado cuando encontró los mensajes que evidenciaban las agresiones. En cambio, cuando registraron su casa todavía tenía en el ordenador imágenes de agresiones a una expareja y también a la hija de su pareja del momento, por las cuales tiene otro juicio. Aun así, el caporal ha explicado que también confirmaron que era él quien usaba todos los números de WhatsApp porque, aunque todos escribían en un "catalán perfecto", siempre hacía el mismo error ortográfico: en lugar del pronombre yo, escribía hemos.Aun cuando el procesado no ha expuesto ninguna versión exculpatoria antes de que acabara el juicio, su abogado ha pedido la absolución y en buena parte lo ha hecho apelando a un supuesto trastorno mental. En cambio, los forenses que le han examinado coinciden en que está en plenas facultades. "Entiende la naturaleza de los hechos y que pueden tener consecuencias legales, más teniendo en cuenta su trabajo, y pudo planificar su conducta", han explicado los profesionales que han hecho el informe psicológico y psiquiátrico. Ven en el acusado rasgos esquizoTípicos y obsesivos, pero descartan que no pudiera entender la realidad ni tampoco que el hombre no se diera cuenta de que el consentimiento de la chica no era válido por su discapacidad: "Sí que lo entendía, otra cosa es la importancia que le diera".