Sociedad/Medio ambiente

“Hemos visto muchos jabalíes, muchas veces. Pero nunca habían atacado a nadie”

Els Agents Rurals y el Ayuntamiento de Cadaqués aplicarán medidas para evitar que estos animales bajen al pueblo

CadaquésJuan y Maria son dos visitantes provenientes de Francia que el lunes por la tarde estaban tomando una copa en el bar Boya, en la Platja Gran de Cadaqués. De repente, todo el mundo se levantó de las mesas, muy nervioso. “No sabíamos qué pasaba, nos pensábamos que era un perro que había mordido a una niña”, recuerda el hombre. Su pareja es enfermera y enseguida fue hacia donde estaban los padres y la menor por si podía ayudarlos. “El padre ya lo tenía controlado, le había puesto un pañuelo y le había limpiado la herida. La madre había llamado a la ambulancia, y llegó en menos de diez minutos”, añade Maria, que cree que la niña “se portó muy bien”: “Fue muy valiente”, afirma. 

Aquel día la pareja no supo qué le había pasado a la menor, hasta que al día siguiente leyeron que había sido un jabalí. Un amigo de la familia de la pequeña explicó que la niña estaba con otros niños cuando, por la riera, llegó uno de estos animales. El resto de los niños corrieron, pero el jabalí hirió a la menor con el colmillo en la pierna izquierda. La trasladaron al CAP y posteriormente al Hospital de Figueres, y pasada la medianoche le dieron el alta.

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Una familia de jabalíes por la zona de Portlligat, en Cadaqués

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“Hace tiempo que hay muchísimos jabalíes, los vemos muchas veces, pero nunca habían atacado a nadie”, expone Mario, de una joyería de la calle Unió. De hecho, para vecinas de la zona de Portlligat, como Sofia, es habitual cruzarse con este tipo de animales por las afueras , “pero es la primera vez que vemos, en pleno agosto, que llegan a la playa”, aseguran. 

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Trampas y dardos anestésicos

Después del incidente de lunes, el Ayuntamiento se reunió con los Agents Rurals y han acordado llevar a cabo una serie de medidas para intentar evitar que estos animales vuelvan a herir a alguien. Así, para evitar que se acerquen al casco urbano, harán capturas con cajas trampa y teleanestesia –que consiste en administrar tranquilizantes a los animales, a distancia–. Además, la policía local, con la colaboración de los Agents Rurals, velará por que se cumpla la ordenanza que prohíbe explícitamente dar de comer a los animales.

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Y es que uno de los problemas que apuntan tanto desde el equipo de gobierno como los vecinos es que hay personas que los alimentan, muchos de ellos visitantes de fuera del pueblo. “Ves muchas veces a los turistas haciéndose fotos, o vecinos que a menudo les dan comida”, indica Norah, que ha visto su propia vecina darles cosas de bien cerca. Por eso, los Agents Rurals y el Ayuntamiento han vuelto a insistir en la importancia de no acercarse para nada: son fauna salvaje y pueden reaccionar de manera imprevisible; además, si se acostumbran a los humanos, perderán el miedo y cada vez se acercarán más a las zonas habitadas. 

Otra hembra de jabalí con sus crías, en la zona de Portlligat, en Cadaqués

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Los vecinos de Cadaqués viven con preocupación el aumento de la presencia de jabalíes por las calles, pero no se ponen de acuerdo en cuál es la mejor solución. Por ejemplo, Aleix, dependiente de una pastelería, prefiere que no se maten a los animales, pero admite que haría una excepción. “No me gusta hacer daño a ningún animal, y nunca lo haría. Pero si un jabalí hiere a mi hijo, lo cojo y lo mato yo”, reconoce. Por el contrario, personas como Emma creen que no se tiene que hacer nada: “Somos nosotros que hemos invadido su espacio. Muchas veces la gente mata a otra gente, y no pasa nada. Pero si lo hace un animal, parece que se acabe el mundo”, critica desde su tienda de ropa y complementos.

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Sea como fuere, el clamor más repetido entre los vecinos es que se busque una medida para poder vivir tranquilos. Y es que cada entrevistado consultado ha vivido algún incidente o anécdota con estos animales: “El otro día me estaba comiendo un bocadillo, por la calle, y tuve que lanzárselo al jabalí, porque me perseguía y me daba miedo que, si no se lo daba, me atacara”, admitía Oriol, que desde entonces va con los ojos muy abiertos cuando come fuera de casa.