Sucesos

"Tengo miedo de coger el autobús": volver a hacer, 24 horas después, la ruta del accidente de Lleida

Jueves por la mañana una veintena de pasajeros cogían el autobús que cubre el trayecto hasta La Granja d'Escarp mientras las autoridades investigan por qué la conductora perdió el control del vehículo

02/07/2026

LleidaLa vida continúa. A la misma hora. En el mismo lugar. Pero en un autobús diferente. El trabajo no da tregua. Este jueves, a las siete de la mañana, Angi, José y Oukakalong subían nuevamente al bus Lleida - la Granja d'Escarp, como lo habían hecho el miércoles, el día que, de repente, el vehículo en el que viajaban se estrelló contra la pared de la Diputación de Lleida: el accidente "más grave" de la historia de la ciudad, como lo calificó el alcalde de la capital del Segrià, Fèlix Larrosa. De los 44 heridos, nueve personas continúan ingresadas, cuatro de ellas en la UCI. De estas, dos están en estado crítico y dos estables dentro de la gravedad.

La cara de Angi refleja el horror de lo que pasó 24 horas antes: una leve herida en la nariz, un chichón en la frente, los recuerdos atropellados. "Fue horrible, todo el mundo gritaba. Me vi muerta", explica esta colombiana que se dirigía a Aitona. A su lado, José asiente. Él iba en la parte trasera del autocar, la que quedó menos dañada por el impacto. Desde dentro del vehículo tuvo la sensación de que la conductora, que llevaba tres días trabajando y iba acompañada por otro conductor, aceleró accidentalmente tras perder el control. El accidente tuvo lugar a pocos metros de la estación de autobuses, en la rambla de Ferran, justo iniciado el trayecto. Si llega a pasar en otro espacio José tiene claro que los 44 pasajeros habrían podido morir.

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Este jueves Oukakalong no tenía más remedio que volver a coger el bus donde ayer vio cómo algunos de sus amigos quedaban gravemente heridos. Este gambiano trabaja en un almacén de fruta de Soses y admite que tiene "ansiedad" después de lo que vivió. "Tengo miedo de coger el bus", reconoce, aunque sobran las palabras: su cara habla por sí sola. Está asustado, esperando el bus que el nuevo conductor, Adil, saca de la estación a las 7.12 de la mañana. A bordo, 18 personas más. "Fue un día muy difícil", confiesa Adil, acostumbrado a hacer la ruta hasta la Granja d'Escarp.

Pierde el control

Unos segundos más tarde el autobús pasa por delante del edificio de la Diputación de Lleida. Las miradas se van a la pared del inmueble, rascada por el impacto del vehículo. Es la única marca de la tragedia: dos zonas blanquecinas sobre la piedra. Los operarios lo han arreglado deprisa. Los servicios de limpieza acaban de repasar la zona. No hay marcas en la calzada. La farola que el autobús se llevó ya fue sustituida por la tarde. Solo falta el árbol que se arrancó violentamente por el impacto. Unos metros más allá, Juan, Sergi, Òscar y Albert miran el paso del autobús mientras apuran el café en la Cafeteria Rambla. Están a cuarenta metros del lugar del accidente. Todos estuvieron allí el miércoles, el día del choque. Recuerdan cómo el vehículo iba recto y, de repente, giró bruscamente "noventa grados" hasta impactar contra la pared del edificio. Creen que el autobús no iba excesivamente deprisa (es un tramo de 20 km/h), pero que la conductora novel perdió el control cuando tocó una parte metálica que protege la acera, donde hay una parada de autobuses urbanos. En ese momento, apuntan, la mujer aceleró o, al menos, "no supo frenar". Precisamente, las investigaciones policiales deben determinar qué causó el accidente –si fue el impacto con algo– y la posterior reacción de la conductora.

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Al salir del inmueble frenó el vehículo y provocó que los pasajeros y el segundo conductor que estaban en la parte delantera derecha resultaran gravemente heridos. El segundo conductor salió disparado. Lo vio uno de los trabajadores de la Diputación, el Gerard, que cruzaba la rambla en dirección al edificio. "Fue muy duro, olía a accidente, a plástico quemado", relata. Él vio el impacto desde atrás. No fue consciente de la magnitud de lo que había pasado hasta que dio la vuelta al vehículo y vio la parte delantera. Una mujer estaba haciendo el torniquete en la pierna del conductor. Había gente que salía ensangrentada. Otros intentaban reventar los cristales para salir del vehículo. El miércoles al Gerard le costó trabajar y necesitó que un compañero fuera con él a hacer su ruta habitual por el territorio. "Fueron tres segundos de silencio y, de repente, gritos", añade el Juan. La Sònia lo vio desde el otro lado, frontalmente. A pocos metros, mientras montaba la terraza de la cafetería donde trabaja. "Fue horrible, como una bomba. Pam, pam, pam", relata nerviosa. Mientras llamaba al 112 iba haciendo recuento de los heridos.

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El autobús pasó entre dos bancos de cemento que hay delante de la Diputación antes de chocar con el edificio. A pocos metros, justo donde perdió el control la conductora, hay una parada de autobuses urbanos. Francisca y Patricia se salvaron por unos segundos. Cada día, a las 7.15 h, acostumbran a presentarse allí. Cuando este miércoles llegaron a la parada el vehículo acababa de estrellarse. "Estaban saliendo del autobús, algunos tendidos en la calle", dice Francisca, a quien su hija llamó unos minutos más tarde para saber si estaba bien, consciente de que el lugar donde había ocurrido el accidente es donde cada día, a la misma hora, ella se espera.

La mayoría de los pasajeros que cogieron el autobús accidentado son trabajadores. Muchos del campo. Temporeros subsaharianos y magrebíes que van a los almacenes de fruta o a recoger fruta, y que viven en Lleida. "Cuando es época de escuela, también hay algunos estudiantes", explica Crista, que también acostumbra a coger este autobús cada semana. Ella es una de las usuarias que esperan en el interior de la gigantesca estación de autobuses de Lleida, estrenada hace pocos meses. La gente espera adormilada en medio del silencio, ajenos a las maniobras del autobús que conduce Adil hacia la Granja d'Escarp y donde viajan, también hoy, Angi, José y Oukakalong mientras algunos de sus compañeros continúan ingresados en el hospital en estado crítico.