Barcelona

El misterio de la multiplicación de paradas de castañas en Barcelona: seis en 500 metros en el Clot

La ciudad ha concedido este año 46 permisos, diez más que el año pasado, y ha atraído a vendedores de la zona del Vallès

BarcelonaUn misterio recorre estos días la zona del Campo de l'Arpa y el Clot, en Barcelona: ¿por qué se han multiplicado las paradas de castañas? "No habíamos visto nunca tantas juntas. No pensábamos que el sector de la castaña diera para tanto", comentan Virginia y Laura desde una de las tiendas de la plaza del Mercat, en el barrio del Clot, donde hay dos casi tocándose. "Es muy extraño", añade Joaquín, que trabaja en un bar de la zona y no sabe explicar por qué ahora hay seis paradas en línea recta en un tramo de medio kilómetro –y todavía otra, muy cerca, con licencia para abrir en la calle Independència–, cuando durante años ha habido una sola: la de la plaza de l'Oca, "la de toda la vida", como repiten los vecinos.

Este otoño de récord en el conjunto de Barcelona, con 46 licencias a paradas de castañas y moniatos –la cifra más alta desde hace como mínimo veinte años– ha supuesto un boom en el distrito de Sant Martí, donde, a pesar del auge del Halloween, han abierto ocho puntos de venta de castañas más que en 2020, la mayoría concentrados en una pequeña zona alrededor de la calle Rogent. Todas las paradas nuevas tienen una estética similar: con ruedas y mucho más sencillas que las casetas de madera tradicionales, pero decoradas con una simulación de listones. La de más arriba, en la misma calle Rogent, la regenta Carmen, que explica que hace años que abre una en la rambla del Poblenou, pero que ahora ya la ha podido dejar a cargo de la hija y pedir otra licencia en esta calle. Creía que era un buen lugar porque no había competencia y es una vía con mucha actividad comercial. Pero, sorpresa: no ha sido la única que ha hecho el mismo cálculo.

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A la altura de la Meridiana ya hay una a cada lado de la calle, separadas solo por los pasos de peatones –grandes, eso sí– de la misma avenida al cruzarse con Aragó. Tanto estas dos como las dos que hay pocos metros más abajo, en la plaza del Mercat, están a cargo de castañeros que vienen de la zona del Vallès, de Terrassa y Sabadell, que explican que valoraron que en estas ciudades ya no había más lugar para nuevas paradas y que en Barcelona, y en concreto en la zona del Clot, había un agujero de oportunidad. Desde el Ayuntamiento de Terrassa aseguran que no han hecho cambios en sus permisos este año: se han concedido las dieciocho licencias demandadas y no tienen ningún tope que limite la actividad, pero los solicitantes tienen que ser entidades registradas, centros escolares o asociaciones. Tampoco Barcelona ha hecho cambios en su normativa.

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Algunos de los nuevos vendedores llegados a la capital dicen que ya hace unos años que se dedican a la castaña en otros municipios pero, para otros, como Samuel, este es el año del debut y van aprendiendo la técnica un poco sobre la marcha.

"O castañas o nada"

"Estaba sin trabajo: o castañas o nada", dice Samuel. El resto del año, como también hace Javier, otro de los nuevos castañeros de la zona, vive del cartón y de la chatarra. De lo que puede. Algunos de los nuevos vendedores de la zona explican que se conocen entre ellos solo de vista, y otros, en cambio, apuntan que planificaron juntos el aterrizaje en Barcelona, que fue un plan coordinado. "Yo no me esperaba que concedieran tantas licencias juntas, es una mala competencia", dice Jesús, que viene de Terrassa y explica que en los últimos tres años ha vendido castañas en Sabadell y que, cuando pasa la temporada, vuelve a su trabajo de camionero. Las licencias que otorga el Ayuntamiento en Barcelona son válidas para ocupar hasta dos metros cuadrados de calle entre el 1 de octubre y el 31 de enero, y el gobierno municipal niega ningún cambio de criterio que haya propiciado la llegada de nuevos vendedores.

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"Se ha hecho como cada año", aseguran. Revisar solicitudes, renovar las que ya había y aceptar las nuevas en función del criterio de cada distrito. El único cambio es que, como se hace con las terrazas de los bares en el contexto de pandemia, estas paradas también pagan un 75% menos de la tasa que abonan para ocupar espacio público, que se calcula en función de variables como la categoría de la calle y la superficie. La de la plaza del Mercat del Clot, por ejemplo, paga ahora 24,76 euros por todo el periodo, y la de la ronda Sant Pau, entre el Raval y Sant Antoni, 48,51 euros.

'Arepas' y maíz

Quien regenta esta segunda parada es Ana, castanyera veterana y muy crítica con el boom de nuevas tiendas. "Ya no parecen paradas de castañas de las tradicionales, podrían ser lugares de cualquier feria", dice, mientras remueve las castañas en el tostador. A diferencia de lo que pasa con el grosor de los elementos del paisaje urbano de Barcelona, no hay nada que obligue a las castanyeres a tener un diseño de parada igual: cada cual pone la que quiere.

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Tampoco hay una tarifa única: muchas paradas subieron hace unos años el precio de la docena de castañas de los tres euros a los tres y medio, pero no es un acuerdo explícito ni unánime. En la zona del Clot hay quien vende una papelina de 13 o 14 castañas a tres euros y quienes ofrecen una ración similar por cinco. Y algunos de los que se dedican desde hace tiempo, como Ana, que lleva 24 años y ya heredó la parada de sus tíos, lamenta que haya paradas que ahora venden maíz, arepas con queso o bocadillos: nada que ver con los productos que se especifican en la licencia. También denuncia que haya tiendas de fruta u hornos que vendan castañas y moniatos ya cocinados. "Solo nos faltaba esto", lamenta. Las castañas son su vida de octubre a enero, pero después también se busca la vida con otros trabajos.

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De momento, el mapa de paradas en Barcelona para este otoño suma 46 puntos de venta autorizados, diez más de los que figuraban el año pasado. A pesar de que, como ha podido comprobar este diario, hay alguna que no aparece, pero que ha abierto porque da por hecho que le han renovado el permiso de años anteriores y otras que, a pesar de figurar en el mapa, no se encuentran en la dirección anunciada, como la de la calle Independencia, que sería la séptima en el ámbito de la calle Rogent. Se ha pasado de una a siete en solo un año.