Seguridad

Nueve jefes de los Mossos en nueve años: "¿Y si esto pasara en una empresa con 20.000 trabajadores?"

Fuentes del cuerpo hablan "de incertidumbre" a la espera de cómo la nueva comisaria moverá los diversos cargos

11/09/2026 - 10:05 h.

BarcelonaEl año 2017 cambió muchas cosas, también el cuerpo de Mossos d'Esquadra. Desde el inicio del despliegue por Cataluña en los años 90 hasta el referéndum del 1 de octubre, la policía catalana solo tuvo cuatro jefes del cuerpo, el último, Josep Lluís Trapero. El procesamiento del mayor de los Mossos por los hechos del otoño de 2017 abrió un periodo de inestabilidad que todavía no se ha cerrado –si bien ahora se debe estrictamente a las tensiones internas de la política catalana y del propio cuerpo–. Desde 2017 ha habido nueve nombramientos de jefe de los Mossos, uno por año. "¿Te imaginas una empresa con más de 20.000 trabajadores que cada año cambia de CEO? No sería sostenible", comenta una fuente policial.

El comisario Miquel Esquius dejará de ser jefe de los Mossos porque se jubila y le sustituirá la comisaria Sílvia Catà. Precisamente porque desde que Esquius asumió el cargo en 2024, se sabía que se jubilaría a finales de 2026, este relevo tenía que ser el primer cambio de jefe de los Mossos en nueve años que, sobre el papel, se tenía que producir de forma natural, continuista. Sin muchas tensiones políticas de por medio, sin un cambio de gobierno que lo decidiera, sin un cese del jefe del momento para colocar a otro por desavenencias. Pero la dimisión de Josep Lluís Trapero como director de la policía, en desacuerdo con el nombramiento de Catà, ha vuelto a salpicar de discrepancias políticas esta decisión.

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Cuando se cambia al jefe de los Mossos suele empezar lo que diversas fuentes policiales llaman "efecto dominó". La primera pieza que cae es la del máximo dirigente operativo del cuerpo, pero las últimas afectadas pueden llegar a los agentes rasos. Lo ejemplifican explicando que no solo llega un nuevo CEO en esta empresa, sino que este nuevo cargo suele rodearse de personas de confianza –que en los Mossos no pueden ser externas al cuerpo y deben tener un rango determinado–. Estas personas de confianza conforman la jefatura de la policía. La consejera Núria Parlon dijo que esta nueva etapa sería "continuista". Catà deberá decidir si mantiene la jefatura actual.

“Incertidumbre”

Todo este movimiento de piezas puede hacer que cambien jefes de las regiones policiales –la de Gerona, por ejemplo, que es la que ocupaba Catà y se tendrá que sustituir sí o sí– o de las comisarías generales. A su vez, estos nuevos jefes tendrán que decidir si cambian a personas que están más abajo. Y, así, sucesivamente. Por todo ello, una de las palabras más repetidas en el cuerpo es “incertidumbre”. En la etapa de Esquius ya se habían hecho algunos cambios relevantes y todavía se esperaban más. Algunos altos cargos policiales ya se veían cambiando de despacho. Ahora, el tablero de juego es bastante más indescifrable.

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Evidentemente, las fuentes policiales consultadas afirman que este efecto dominó de cargos no puede mover a los agentes rasos o a los cargos de menos rango, pero estos sí que pueden notar algunos movimientos estratégicos. Por ejemplo: la jefatura anterior a la de Miquel Esquius, la de Eduard Sallent, creó una nueva estructura de los Mossos. La División de Investigación Criminal (DIC) se dividió entonces en dos grandes ramas, una de territorial y una de central, con sus respectivos jefes. Cuando Esquius llegó a la jefatura, la DIC se volvió a reorganizar y pasó a tener solo un jefe. "¿Qué pasará ahora?", se preguntan fuentes policiales.

Ordenar la partida

Estos movimientos no solo afectan a comisarios, sino también a intendentes, inspectores y rangos más bajos. En la DIC, de hecho, desde la llegada de Esquius se produjeron diversos cambios relevantes, con los relevos del jefe de la división y el subjefe. "Las bolas siempre son las mismas, pero cada jefe puede decidir cómo ordenarlas", ejemplifica una fuente policial. Otra añade que cada vez que cambia un jefe también suele cambiar la forma de trabajar.

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Sobre todo, las fuentes policiales reflexionan que lo que más pueden notar los agentes que trabajan en la calle es el cambio de estrategias. Es decir, ahora en la DIC había una apuesta muy clara por intentar hacer frente a las estafas. Con la nueva jefatura esto podría cambiar. También se habían dedicado muchos esfuerzos al plan Kanpai para hacer frente a la multirreincidencia o a la lucha contra las armas blancas en la calle. Estas estrategias afectaban desde el máximo mando policial de la ciudad hasta el último agente que conduce un coche patrulla.

Por todo ello, aunque la nueva etapa sea continuista, la palabra incertidumbre continúa apareciendo en las conversaciones. De hecho, una fuente policial avisa del riesgo de que la base de los Mossos desconecte de la jefatura después de tantos cambios en tan pocos años. Más de un agente dice que él no está interesado en el politiqueo.

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Este politiqueo policial ahora mismo también se encuentra en un momento de incertidumbre. La marcha de Eduard Sallent del cuerpo para dedicarse al sector privado vislumbraba una etapa de menos confrontación con el sector de Trapero. Ahora bien, con la dimisión de Trapero hará falta una nueva interpretación de cómo quedan las familias del cuerpo.